viernes, 15 de octubre de 2021

Aquí y ahora


Cuanto más difícil es el mundo, más fuerte siento la necesidad de liberarme y abrir la puerta del ahora, concentrar mi foco mental en mi aquí y ahora.

Decían en China que ellos no tienen psicólogos, y lo justifican diciendo que no tienen depresión. Cuando yo pregunté qué entienden como depresión me contestaron algo muy interesante, que exceso de pasado. No parecen sufrir ese pensamiento constante y vicioso que te hace revivir las malas experiencias del pasado una y otra vez, en forma de tortura sin solución.

Asimismo, tampoco tienen ansiedad ni estrés, entendido como exceso de futuro. Tampoco parecen tener ese miedo constante a la incertidumbre, al riesgo, al qué pasará.

Solo existe el aquí y el ahora. En todas las filosofías orientales y muchas occidentales se pone el énfasis fundamental en poner foco en el aquí y ahora, sin permitir a la mente divagar hacia otros pensamientos ilusorios imaginados del pasado y el futuro.

Conquistar el ahora tiene muchos beneficios, como la ausencia de miedo, … y como dicen en China, la curación de la depresión, la ansiedad y el estrés.

Algunos teólogos dicen que quizás el ahora sea un sinónimo de Dios.

Eckart Tolle, en el Poder del Ahora, lo expresa como una oda a los sentidos. Entiende que la forma de estar en el ahora supone poner foco mental en uno o varios de los sentidos, la vista, el oído, el tacto, … para percibir la realidad.

Por el contrario, si utilizamos la memoria para percibir, estamos leyendo lo que la memoria dice sobre el pasado y no vemos la realidad de aquí y ahora. Leer el pasado implica una proyección al futuro; en él no podemos hacer nada, es solo fuente de ansiedad.

Todo lo que se proyecta al futuro se ve como incertidumbre y como impotencia, no hay nada que hacer, no se puede cambiar, no es posible diseñar el futuro. De ahí la sensación de dolor y sufrimiento permanente.

Además, viene asociado con el miedo. No poder hacer nada da miedo, al vernos sujetos pasivos de la vida. De forma parecida a como ocurre con el pasado; vivir excesivamente en el pasado nos hace sentir la impotencia de cambiarlo. Lo revivimos, pero no podemos modificarlo. Y eso es miedo y depresión.

Es solamente en el ahora donde, una vez instalados, podemos reaccionar, lanzar nuestros automatismos corporales, ver, sentir e incluso actuar para cambiar las cosas y hacer que el mundo sea diferente.

El poder del ahora es el poder de la felicidad. La atención plena y el mindfulness son técnicas que tienen este objetivo. Una de las técnicas es la respiración. Concentrarse en la respiración implica empezar a mirar hacia dentro y dejar de mirar en la memoria, evadiendo el pasado y el futuro.

Por eso la respiración trae ese estado de meditación que incluso los científicos son capaces de medir como un cambio de constantes vitales. La expresión electromagnética del cuerpo cambia en estado de meditación. La meditación genera y cambia el estado de ánimo. La meditación es el ahora.

Otras técnicas Vipassana incluyen, por ejemplo, concienciarse de las distintas partes del cuerpo. Hacerse consciente de lo que está pasando en el cuerpo. Se potencian los sentidos y se da valor y realidad a los mensajes que recibimos de nuestros sentidos, ignorando aquellas capacidades mentales que nos están apuntando hacia el pasado y el futuro.

A un sabio le preguntaron: “¿qué puede hacer un sabio como tú que no pueda hacer cualquier otra persona?” Y el anciano le contestó: “Cuando yo como, solo como. Cuando duermo, solo duermo. Y cuando hablo contigo, solo hablo contigo. Eso es todo.”

Parece que eso también puedo hacerlo yo, pero no es obvio. Cuando duermo, pienso en lo malo del día o en lo que espera la mañana siguiente. Cuando como, estoy pensando qué hacer más tarde. Y cuando hablo, pienso qué respuestas daré en lugar de escuchar. Para ser sabio, el secreto está en vivir cada momento del presente, ser consciente de lo que vives y así poder disfrutar de cada minuto de la vida.

Esto no se entiende con la mente racional sino más bien con la intuición última que los humanos tenemos en tanto que humanos. En general, mi mente está absorbida con pensamientos del pasado. En realidad, nadie ve nada; lo único que ve son sus propios pensamientos proyectados afuera. Por eso, la mente no puede captar el ahora.

El único pensamiento completamente verdadero que se puede tener acerca del pasado es que no está aquí ni ahora. Pensar acerca del pasado, por lo tanto, es pensar en ilusiones inventadas.

Según Helen Schucman, el poder del ahora es sanar el pasado y liberar el futuro, permitir que el presente se acepte tal como es. El único tiempo que queda es el ahora. Aquí y ahora es donde el mundo queda liberado, pues al dejar que el pasado quede cancelado y al liberar el futuro de los viejos temores, se encuentra escape.

“¿Quién se defendería a sí mismo a menos que se creyera atacado? Las defensas son insensatas, otorgan absoluta realidad al pasado, que son solo ilusiones sin existencia actual, y luego intentan lidiar con ellas como si fuesen reales.”

Vivir el ahora requiere reconocer que vivimos defendiéndonos de ataques imaginados, como Quijote cuando ve monstruos en los molinos de viento.

Esto es lo que hago cuando trato de planificar el futuro, reactivar el pasado y organizar el presente de acuerdo con mis deseos. Actúo basándome en la creencia de que tengo que protegerme de lo que está ocurriendo porque ello encierra una amenaza para mí. Nadie andaría por el mundo cargando con una pesada armadura si no fuese porque el terror le encoge el corazón.

Sin embargo, la confianza es la única defensa que nos promete un futuro tranquilo, sin ningún vestigio de sufrimiento y lleno de un júbilo que es cada vez mayor, a medida que esta vida se vuelve un instante bello. Solo la confianza puede dirigir el futuro. El eterno presente.

¿Por qué me empeño en no atender mi aquí y ahora?

Me cuesta estar en el ahora, para mí, la gran dificultad para vivir el ahora es la culpabilidad. Actúa de forma que trae el pasado al presente, y así asegura la continuidad haciendo que el futuro sea igual que el pasado.

Dicho de otra manera, la culpa, la noción de pagar por el pasado en el futuro hace que el pasado se vuelva el factor determinante del futuro. Ahí no hay hueco para el ahora, que se queda tan sólo una breve transición hacia el futuro. La culpa me lleva a interpretar el presente en función del pasado y a llevar el pasado hasta el futuro. Un futuro sin valor.

En esta forma de vivir sin ahora, donde el ahora no significa nada, éste persiste en recordar viejas heridas y reaccionar ante ellas como una vez lo hizo. Siento un rechazo fuerte a liberarme del pasado y un intento de proteger la imagen propia reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí y fuera muy valioso.

El pasado me dicta mis reacciones hacia aquellos con los que me encuentro, tomando como punto de referencia el pasado, empañando así la realidad actual. A veces incluso reacciono ante algunas personas como si se tratase de una persona diferente, y esto sin duda impide conocerlas tal como son.

¿Y qué es lo peor? Que me niego a mí mismo el mensaje de liberación que cada persona me ofrece en el ahora. Porque yo creo que las personas y las situaciones llegan para traer un regalo, la oportunidad de sanar algo, en tanto que esas personas, pero también sobre otras del pasado. Cuando algo me duele o me molesta en una situación, hay dos formas de enfrentarlo, una es con ira, enfado y queja. Otra es preguntarme cuál es la causa de ese dolor y qué hay de trauma en ello, y por fin cómo es posible sacar al consciente algo que estaba en el inconsciente.

Esa sombra que sale al consciente es algo valioso que hay que sanar. Es el niño interior hablando. Y no es real, sé que no puede ejercer dominio sobre mí ahora. Esas ilusiones, delirios, espejismos y quimeras me incitan a atacar ahora como represalia por un pasado que no existe. Y no existe porque fue formado por un niño pequeño en el miedo y con su cerebro sin formar, o en una situación sin conciencia ni análisis, y en una circunstancia muy diferente del ahora.

Si no veo esto y decido atacar, es una decisión que una vez más acarreará dolor en el futuro. Es crucial aprender que todo el dolor del pasado es una ilusión, una ofuscación, una alucinación, me he construido esa novela por un engaño, es ficción, un espectro irreal.

Aprendo a dudar. En Descartes adquiere un carácter metodológico, al conferir a la verdad sólo un valor provisional, en tanto no se alcance alguna verdad de la que no se pueda dudar. Me obligo a ver la incertidumbre ante la verdad o falsedad de un enunciado sobre mi pasado. Los escépticos griegos consideraban la duda como la condición suficiente para suspender el juicio.

Hago un elogio a la duda. Dudar es sospechar de cómo interpreté los recuerdos del pasado, para darle una oportunidad a la verdad, tener el coraje de la verdad. Esa es la duda filosófica.

En la duda y la sospecha, dejo de conservar mis pesadillas y puedo despertar y darme cuenta de que pertenecen al pasado.

El propósito del tiempo es que éste finalmente se haga innecesario. La función del tiempo es temporal, ya que el ahora es lo que más se aproxima a la eternidad en este mundo. En la realidad del "ahora", sin pasado ni futuro, es donde se puede empezar a apreciar lo que es la eternidad, así lo pensé cuando enseñaba Cálculo Infinitesimal para Ingenieros.

¿Qué hago? La sanación no se puede llevar a cabo en el pasado, tiene que llevarse a cabo en el ahora para así liberar el futuro. Tengo que encontrar mi ahora.

Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad a través de la conciencia de la propia realidad. Pero para que esto tenga lugar no se debe ver ninguna ficción. Esto quiere decir percibir a los otros solamente como se ven ahora.

Pongo muchos esfuerzos y mucha meditación en repasar lo que veo en el ahora, y reconocer si recuerdo el pasado cuando contemplo o percibo la realidad que está aquí ahora.

Consideramos "natural" utilizar las experiencias pasadas como punto de referencia desde las que juzgar el ahora. La Estadística nos permite cuantificar el pasado y pretender predecir el futuro, pero todo esto, con todo el respeto, no me sirve a mi para disfrutar de mi ahora. Cuando observo a la culpa cumplir su función de ocultar la realidad, siento necesario renacer abandonando el pasado y contemplar el ahora sin condenar.

Dudar el pasado puede llevar a comenzar a ver al otro libre de su pasado y percibirlo como que ha renacido. Y puesto que compartimos pasado, compartimos también esa liberación. Eso es dejar los juicios y la condenación.

En el ahora no hay juicio, se encierra lo único que es verdad eternamente. En el ahora se encuentran todas las cosas que son eternas, las cuales son una. El ahora te muestra a tus hermanos bajo una luz que te uniría a ellos.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario