lunes, 23 de mayo de 2022

Mi logos

 



Hoy he visto venados, zorros, ardillas y águilas,

y un gato grande que debía ser un lince,

absoluta paz y quietud.

Todo posee un logos, yo tengo un logos,

me refiero al logos estoico como principio activo que da la vida al universo,

al mecanismo de salvación del Uno, para Plotino,

a través del logos yo me puedo comunicar con un animal, con un perro,

le siento, me habla, nos comunicamos, nos conectamos,

una de las experiencias más satisfactorias que he tenido la suerte de tener,

y también con un árbol o una roca,

el corazón me trae mareas de objetos invisibles,

se me activa el corazón, ahí reside el logos.

Cuando veo esa esencia de las sustancias, siento el poder de los objetos,

tomo aire en mis pulmones,

eso es lo que literalmente significa la aisthesis griega,

ya tenía esta habilidad a los seis años,

hoy mi racionalidad se ha desarrollado tanto que lo opaca,

todo habla a pesar de su aparente silencio.

Hildegard von Bingen lo ve como el reflejo de los patrones del cosmos,

para ella todo está presente, aunque escondido,

para mí sobre todo está en la naturaleza,

como en el desierto, es allí donde parecería estar menos presente,

y en soledad, única posibilidad de llegar a este conocimiento,

es en la naturaleza donde entro en contacto con lo más profundo en mí.

Una vez liberado de las complejidades de mi vida diaria,

puedo entrar sin obstáculos en mi propia renovación y detoxificación,

dice el carmelita McNamara que, sin periódicamente visitar el desierto,

nadie podría cumplir su visión y su vocación,

y añade que empieza por una obvia decisión de sufrir,

para luego descubrir la sorpresa de encontrarse en armonía con el universo.

Mi vida ordinaria me roba prudentemente la esencia,

me pide atención para otros negocios y vacía mi inventario.

En la naturaleza puedo vaciarme, así me dispongo a ser llenado,

como Viktor Frankl, me pregunto cuál es el propósito de mi vida,

qué luz me guía, a qué estrella seguir.

Tengo la esperanza de que la luz no me va a fallar,

que la estrella no se va a perder,

lo visible y lo invisible son lo mismo,

busco afilar las capacidades afiladas de mi percepción,

permitir que mi propósito se me haga consciente.

Necesito una llamada personal,

una razón para estar vivo, mi vida no es un accidente,

que mi vida tenga una profundidad suprema.

Mi vida es de madera,

busco el fuego que me despierte,

breves destellos de la naturaleza luminosa de las cosas,

sentimientos únicos,

coincidencias extrañas,

vueltas inexplicables de la rueda de la vida,

en esos momentos me encuentro a mí mismo.

Como dice Viktor Frankl,

no quiero ser el cuestionador, sino el cuestionado,

quiero tener preguntas sin contestar que se queden ahí.

Ayunar me da más que hambre y sed,

me coloca al lado de un fuego de alta intensidad,

encuentro maestros en cualquier parte,

todo tiene su inteligencia única y su alma,

todo se comunica,

contiene significado especial para mí, y para el camino de mi vida.

Hay cosas que parecen inocuas al principio,

y más tarde expresan su significado.

Cada olor, cada forma, tiene una presencia,

es un misterio,

quiere establecer una relación conmigo,

requiere mi humildad y atención.

Quiero cultivar esta capacidad,

en un entrenamiento de por vida,

dejar que la naturaleza me libere el corazón como órgano de percepción,

percibir los movimientos de la parte más profunda de mí,

aprender a esperar,

minuto a minuto, hora a hora, día a día,

la respuesta va a llegar,

el velo entre las cosas y yo se va a derretir,

la naturaleza es más bella de lo que palabras pueden describir.

Nado entre las comunicaciones que me lanzan,

me voy haciendo más flexible y sensible,

la tierra, las piedras, los árboles, el aire, los pájaros,

me hablan, es poesía,

experiencia lo invisible detrás de las formas,

siento el significado en que están inmersas,

me permito lamentarme,

dejo que el hambre y la sed grite la pregunta,

como dos nuevos enamorados que se mueven,

empiezan y paran,

pasan y cejan.

El oráculo está en lo más obvio,

ver lo que está enfrente de mí es lo más difícil,

los susurros divinos nunca son mandatos.

Estos mensajes alimentan más que la comida,

me dan más energía que el azúcar,

más fuerza que la carne,

más cabeza que el vino.

Me enfrento con mi soledad,

estoy solo yo,

junto con el inconmensurable vasto universo alrededor de mí,

me siento con este sentimiento

y me permito bucear en él.

La solidad es la experiencia arquetípica del hombre,

el desierto dentro de mí,

no es un castigo ni una enfermedad,

es normal y usual,

es la flecha que apunta a donde debo ir.

Mi vida diaria no me da suficiente motivación

para encontrar mis fuentes,

ni el placer incomparable de beber de ellas.

Necesito comida nueva y mejor,

siento que no soy suficiente,

pero no es así,

es mi gran acto de intimidad,

poniendo en riesgo mi vulnerabilidad,

me siento amado por lo que soy,

recuerdo las oportunidades que la vida me ha dado,

y que parecían venir de ninguna parte,

las formas tan raras en las que el universo se abre a mí,

y me trae lo que yo necesito.

Otras veces nada de lo que hacía era correcto,

todo tenía la semilla del fracaso embebida,

tenían un mensaje que yo no quería oír,

en la posesión del mensaje estaba mi madurez.

El premio es la intimidad conmigo mismo,

vivo de dentro a fuera.

Lo que antes era vivir en la pretensión del amor,

ahora me sana,

haber tomado el riesgo de preguntarme por mi propósito

me ha hecho velar por la vida de mi alma,

no he obtenido prestigio, ni dinero ni amigos,

pero una frescura que nadie me puede destruir.

 


viernes, 13 de mayo de 2022

Capítulo 8.1. El ayuno de dopamina: La homeostasis

 

Esta semana voy a hacer un ayuno de dopamina,

consiste en renunciar a azúcar, café, Internet y otras fuentes artificiales de placer.

¿Por qué? La homeostasis es la capacidad del Universo para equilibrar todo,

cualquier cosa que pase crea una fuerza oponente que hace que todo se equilibra,

si intento provocarme placer, en mi cerebro reptiliano, aparece una fuerza dolorosa,

llega la tristeza y la sensación de vacío,

son Gremlins en mi cerebro encargados de generar placer.

La comida, una película… empiezan bien,

pero acaban siempre en respuesta contraria dolorosa,

es la dopamina,

absorbo una dosis de dopamina, que genera la sensación contraria.

Consumo mucha más dopamina de la que mi ser puede digerir,

y ocurre la aleostasis,

un estado cambiante que no consigue llegar a la homeostasis,

los gremlins se hacen Schwarzenegger,

y lleva a la depresión, dolor físico y suicidio.

Al final, el dolor y el placer son las dos caras de una misma moneda,

no tiene sentido tratar de desvanecer el sufrimiento

si no desvanece también el intento del ego por artificialmente atraer al placer,

dejo ir a ambos, en un proceso de aceptación consciente.

Capítulo 37.11. El Ser, la Realidad Ultima y lo Divino

 


Según Pitágoras, ¿Por qué está el hombre en la tierra?

para contemplar el cielo,

muchas veces yo estoy en la tierra para buscar amor, riqueza, poder, crecimiento económico

o dejar una huella en el tiempo,

más tengo momentos lúcidos en los que me sé en la tierra para contemplar el cielo.

La vida me vuelve a recordar la diferencia entre las ilusiones y la verdad,

en mi día a día había algo que yo creía que era esencial y permanente,

una pequeña ventanita al aquí y ahora, a la eternidad,

y era toda una alucinación, un constructo artificial basado en lo que yo quería ver,

más no estaba ahí,

era un bastión del ego que se desquebraja como castillo de cartón piedra.

El mundo que veo, en realidad, es como yo lo quiero ver,

es la proyección que mi mente hace de mis deseos y pensamientos,

es importante entenderlo desde este punto de vista,

porque es el testimonio de mi estado mental.

Cuando veo un desastre, en realidad veo condenación y culpa en mí,

cuando veo esperanza, veo mi camino hacia la salvación.

Por otro lado, si el mundo que veo no me gusta, no tiene sentido cambiarlo,

tiene sentido cambiar mi propia percepción,

una vez interiorizado este argumento,

tengo claro que yo solo puedo portar mis propias mochilas,

y no las de los demás,

mi mochila es analizar lo que veo,

identificar las emociones positivas y negativas,

para digerirlas con ecuanimidad,

todas las demás mochilas no son mías,

como mucho yo intento acompañar y dar palabras de aliento

a los que, a mi alrededor, portar mochilas con mucho peso,

pero no son mis problemas, son los de los demás.

Voy de ilusión a desilusión, y de desilusión a ilusión, en ciclo continuo,

parece que necesito a cada una de ellas para escaparme de la angustia que la otra origina,

me estoy fijando un poco más, y son lo mismo,

tanto ilusión como desilusión tienen en común que ambas contribuyen

con el mismo sinfín de sufrimiento.

Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión sino la verdad,

entiendo la felicidad como el momento con menos sufrimiento del bucle continuo,

más todo lo que parece felicidad y no es duradero,

es realmente miedo,

en este caso miedo a la escasez, a estar solo, a no ser suficiente,

no es felicidad.

La salud psíquica, según Freud, consiste en ser capaz de amar y trabajar,

si tienes esa salud psíquica ya estás a salvo del infortunio neurótico,

el que viene de tu interior,

solamente expuesto a la desdicha ordinaria,

la que te viene del exterior.

Un ente es el samsara y otro es el nirvana,

solo hay dos entes, yo y lo que es solo una ilusión de mí,

por un lado, está mi ser vacío,

y por otro puedo estar imaginándome participando en una bacanal con once mil vírgenes,

esta dualidad es una idea un poco absurda,

como si los pensamientos pudiesen abandonar la mente del pensador, ser diferentes y oponerse,

si así fuera, los pensamientos no serían extensiones de la mente, sino sus enemigos.

Cuando me doy cuenta de esto,

nada que haya yo inventado puede tener poder alguno sobre mí,

una frustración en la bacanal con las once mil vírgenes

no puede significar frustración una vez que despierto y dejo de imaginar,

por extensión, nada que tenga que ver con el mundo externo que veo puede influirme,

solamente lo interior, lo estrictamente real y permanente de mi ser.

No dejo que el pasado, que ya ha dejado de existir, me interfiera,

cuando viajo, trato de aligerar mi equipaje arrancando las páginas de los libros

a medida que los voy leyendo.

Cuando me pregunto si existe algo permanente en medio de tanto efímero,

mi intuición me dicta que algo reluce desde el círculo radiante e infinito

que se extiende eternamente,

y es el aquí y ahora eterno.

Ese algo descansa sereno en el tiempo, más está más allá de él, como dice Marianne Williamson,

“A course in weight loss: 21 spiritual lessons for surrendering your weight forever”,

Marianne Williamson, HAY HOUSE, INC., 2010.

Es el ser inmortal y está en la tierra,

¡Qué grande es el poder que en él reside!

Si voy a describir el ser que reluce, debe ser una Voluntad que está por encima del tiempo,

que hace que el mundo sea lo que ella disponga,

el destino y la libertad juntos.

En caso de que nada de lo que yo imagine tenga consistencia ni poder sobre mí,

es necesario asumir que sí lo tiene el Ser,

lo que entrena mi mente a pasar por alto todos los objetivos triviales e insensatos,

y a recordar que el Ser es mi objetivo.

Dejaría los juegos y baratijas que el mundo me regala para dejar paso a la paz y la felicidad.

Intuyo la noción de un poder más transcendente que la mente mortal,

que puede lo que yo no puedo,

no me creo sus nombres ni tampoco doctrinas o dogmas,

pero sí el principio espiritual,

y también que esta creencia me ayuda a sanar del bucle ilusión-desilusión.

Dado que hay problemas que yo solo no puedo solucionar,

porque no puedo pararlo ni tengo control sobre ello,

y necesitan solución, una más grande de lo que yo soy,

busco una cura milagrosa, y creo que es posible.

Si hubiera podido yo solo, ya lo habría hecho,

el hecho de creer que el milagro es posible

ya es como asfaltar el camino a que ocurra y pueda experimentarlo.

Lo acepto, no puedo yo solo, es una compulsión como la de comer de forma excesiva,

he luchado, pero ahora es el momento de rendirme, consentir, como dice Ionesco,

no puedo negar que tengo la impresión de que simplemente rendirme es una locura,

me quedaría completamente fuera de control.

El mantra es “Yo no puedo, pero lo Divino puede”,

consiento, cedo, desisto a la Realidad Ultima.

Para que emane lo Divino, necesito desasirme,

aunque tiendo a aferrarme a todo, trato de retener el mundo entero en mis manos,

te lo ordeno, suelta las llanuras, suelta las montañas, como si todo fuera polvo.


Capítulo 37.10. Desdén y lozanía

 


Me gusta una descripción de El Greco como un arisco cretense que, desde lo alto de su acantilado,

disparaba dardos de desdén,

el desdén es caprichoso,

no me gusta esa mirada de indiferencia y desatención para con las cosas o las personas,

la falta de garbo y gracia implica desinterés por las pequeñas cosas de la vida,

supone que algo no vale la pena, pero todo y todos somos dignos en esta existencia.

Me gusta la planta verde y vigorosa, después de regarla,

me gusta la persona lozana, joven y saludable,

me quedo con la lozanía del corazón.

Solo me gusta el desdén que fluye con la Naturaleza,

José Zorrilla decía: “Róbale al mar, que con desdén se mece en su lecho de arena, su murmullo:

y a la brisa que el árbol estremece, y a las tórtolas tiernas,

que guarece, con su ondulante pabellón, su arrullo.”

así es el flujo de la existencia si se le despoja de ilusiones y entelequias,

sobre sus sueños de la infancia dice:

“El fecundo jardín, que cultivasteis es hoy salvaje selva enmarañada;

nada hallaréis de lo que aquí dejasteis”.

Hoy me he subido a la báscula y me indica cinco kilos más que la última vez.

Con este desdén veo el alimento que necesita mi cuerpo tres veces al día,

me da la sensación de que guardo miedo en mis michelines,

todos los días ingiero emociones,

afortunadamente hay algunas que soy capaz de procesar adecuadamente y las dejo ir,

hay otras que me las como, literalmente,

y las guardo en mi barriga en forma de kilos,

ese baúl está lleno de joyas del pasado que ya no existen,

la energía no procesada de materializa de forma densa,

la sombra pesa.

Si es cierto que la mente es la causa y el cuerpo es el efecto,

reprogramar la conciencia es actuar en el nivel causa,

revisitar y dejar ir las emociones no digeridas apropiadamente

tiene un efecto directo en la báscula moviendo su manilla hacia la izquierda.

Teresa de Jesús habla de dejar los problemas más relevantes

en las manos de la Divina inteligencia,

cuando mi mente se alinea con su propia esencia,

entonces el cuerpo tiene los mecanismos naturales inteligentes para mantener el peso perfecto.

Es el miedo el que se convierte en un comer compulsivo y una adicción,

y lo hace de forma violenta y destructiva,

es adicción cuando las fuerzas del inconsciente

conducen al comportamiento autodestructivo crónico,

no dejando a la mente consciente pilotar,

siento que no puedo parar.

Conocer la ciencia detrás de la biología y la fisiología del ejercicio,

o la realidad del metabolismo alimenticio no traen mucho beneficio ante la situación de adicción,

Freud dice que la inteligencia es usada en servicio de la neurosis,

me invento argumentos como que ciertos nutrimentos me alimentan emocionalmente,

no es posible ser más listo que una compulsión o una adicción.

Trabajo en que se acalle en mí toda voz que no sea la de la naturaleza,

hoy deseo oír sólo Tu Voz,

llego a Ti en el más hondo de los silencios para escuchar Tu Voz y recoger Tu Palabra,

para que me suministres la verdad.

Y la verdad no se corresponde sino con Tu Voluntad,

que hoy quiero participar Contigo,

igual que el agua del río tiene voluntad de seguir curso río abajo hasta desembocar en el mar.

Hoy no dejaré que los pensamientos del ego gobiernen mis labores,

cuando se muestren, simplemente los observaré con serenidad y luego los retiraré,

no optaré por almacenarlos,

una vez acallados, en sosiego, la Naturaleza me anuncia mi voluntad.


jueves, 12 de mayo de 2022

Capítulo 37.9. Mi ego - ¿Estoy actuando desde el ego o no?

 


¿Estoy actuando desde el ego o no?

Un hombre ha enfermado de Covid19 y pasado 3 meses en la unidad de cuidados intensivos,

para él, hay un antes y un después,

esa experiencia le ha cambiado la vida para bien,

en el pre, estaba mal de salud y a punto de divorciarse,

en el post, se siente transformado,

de cuerpo, ahora está más fuerte,

en la relación con su pareja se ha dado un cambio radical,

de alguna forma, el Covid19 le ha supuesto un reconectar consigo mismo y con su pareja.

Los escenarios sólo son escenarios,

yo soy quien elijo ponerles el color,

según si acepto el aprendizaje que conlleva o me resisto a sumergirme en ellos.

Imagínate que venimos de un planeta donde todo es amor, colaboración y unidad,

allí, no había escasez de nada y todo era abundancia,

vivíamos en paz y armonía con nuestros hermanos,

de pronto, un día nos mandaron de misión al mundo,

y vimos que allí reinaba el resentimiento, el conflicto y la separación,

para ello, nos instalaron todo un software que necesitamos,

para podernos comunicar, convivir e interactuar con los demás.

Estoy de misión, el objetivo es generar lazos entre los humanos e instaurar,

o restaurar, el amor y la unidad, evitando sufrimiento, lo que llamo la salvación,

lo hago bien, me involucro fuertemente, en este mundo,

tanto que muchas veces casi olvido mi procedencia,

pero tengo atisbos de recuerdos de mi mundo anterior, neblinosos,

de extraordinaria presencia.

En una esquina de mi mente una señal me dice que hay algo más,

que tengo dos hogares, pertenecemos a dos mundos,

y que el amor de allá es más piedra sólida y real que el miedo de aquí,

uno de los mundos es cambiante, etéreo y efímero,

otro es permanente, esencial y atemporal,

pues bien, el ego es al mundo efímero lo que el amor es a la esencia eterna.

Durante mucho tiempo, me he sentido orgulloso de ser capaz de conseguir hazañas,

siempre bajo el rubro del servicio y de la humildad,

la vida era una recolección de experiencias que podían configurarse como lista de colección,

igual que otros coleccionan soldaditos de plomo,

se basaba en el reto, había un crescendo de complejidad cada vez mayor,

era como un juego que consistía en ir recogiendo puntos y subiendo de nivel,

se podía narrar el sentido de construir aquella catedral rococó.

Siento que me apuntaban con el dedo a la luna y yo me quedaba fijamente observando el dedo,

ponía más énfasis en lo concreto que en lo abstracto, en el dato y el detalle que en la idea,

incluso cuando creía abstraer,

era mayormente una generalización de lo concreto no siempre muy acertada.

No intuía, no confiaba en mi intuición, me quedaba en el ego.

¿Es bueno tener ego?

La respuesta a esta pregunta depende por supuesto de cuán sano es el ego que construyo,

la diferencia entre estar en el ego de forma sana y de forma insalubre es muy laxa,

como dice Lorca, es una frontera de nieve,

o estoy en el ego, o es amor que soy capaz de canalizar al mundo.

Un ejemplo de forma más fortalecida de ego puede ser la siguiente:

Hace poco he sido demandado ante los tribunales y he asistido al juicio,

iba fuerte e invulnerable,

no desde el punto de vista de prepotencia sino de fuerza interior,

he dedicado mi tiempo a esa energía superior que se hace cargo de mí en los momentos difíciles,

y he dejado que se obrara lo que fuera necesario a través de mí,

esto es lo que me ha hecho invulnerable.

El resultado del juicio ha sido favorable,

y me pregunto en qué sentido favorable,

desde un punto de vista de mí, no importante, ha ocurrido todo muy conmigo en el centro,

muy según yo lo iba esperando, todo muy controlado,

desde un punto de vista de bien común, lo importante, sutilmente también bien.

Podría decir que desde el amor todo lo que ocurre es bueno porque ocurre,

y no puede dejar de ocurrir,

lo que ocurrió hace un cuarto de siglo, ya no lo puedo cambiar, mejor dejarlo ir,

por mucho que yo me empeñe, así fue, no tiene sentido seguir haciéndome cruces.

Para mí, dejar ir no es siempre obvio,

subestimo la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado,

él se acuerda de todo lo que hice que lo ofendió,

e intenta hacer que pague por ello,

si algún día actué por amor,

no quiero aceptar que tenía un coste que he de pagar ahora,

vengarme del pasado no puede ofrecerme ninguna salvación,

¿Es posible sentirse culpable en el presente por haber actuado por amor en el pasado?

Me pregunto si quien está contento es mi ego o es el amor que canalizo,

mi prueba del algodón es la siguiente:

Si fuera el ego, lo sentiría con miedo y duda,

si fuera el amor lo sentiría con paz y serenidad, confiaría,

es amor.

Otro ejemplo, un hombre necesitado en el medio de la calzada,

es una incomodidad que me hace llegar tarde al trabajo, si lo veo desde mi ego,

o es una llamada de ayuda por parte de un ser humano al que si ayudo me ayudo yo a mí mismo,

pues todos somos uno,

puede ser una oportunidad para detectar un elemento de mi sombra que debe ser rescatado,

entregado y perdonado,

un momento que puedo aprovechar para dejar ir algo.

Es como tener dos vidas, vivir dos mundos paralelos,

en uno hay duda y conflicto,

en otro colaboración y tranquilidad,

en cada momento, puedo elegir poner el pie en uno o en el otro,

es mi actitud la que al final hace la diferencia,

es muy terapéutico buscar un equilibrio cada vez más sano entre ambos.

Ese equilibrio lo alcanzo eliminando mi apego,

es decir, dejando ir todos esos pequeños shocks que ocurrieron en el pasado,

pero siguen ahí en la mente provocando todavía pensamientos.

También tengo que soltar muchas aplicaciones instaladas en mi mente,

que me son emocionalmente limitantes,

que me generan miedo a ciertas emociones y que me bloquean nuevas experiencias,

que no me dejan saltar libremente cuando una nueva oportunidad se pone delante.

¿Qué es el ego?

Dicen que en el mundo digital tenemos LinkedIn como tubería para nuestra soberbia,

centenares de millones de soberbios alrededor del mundo,

¿De qué hablamos cuando hablamos de arrogancia, humildad y ego?

Dice David R. Hawkins,

Letting go: the pathway to surrender. David R. Hawkins. Hay House Inc., 2014,

que el ego es ese sistema de aplicaciones software que mi mente va instalando,

desde que nazco, incluso antes,

y que quedan en ejecución a la vez que netamente disfuncionales.

Cada vez que tengo un conflicto con mis padres, me pica una avispa,

o un amigo me quita un juguete,

un pequeño software se instala para dar respuesta al momento,

esto es muy eficaz para recuperar el juguete, pero ahí se queda el software,

ocupando memoria y procesador, lanzando sentimientos y pensamientos absurdos, en bucle,

que me dejan muy poca capacidad para vivir el presente.

A la larga, todos esos softwares crean una capa de resentimiento,

y de pensamientos en círculos viciosos,

que me es tóxica para vivir, que no me permite ser yo mismo,

que poluciona cada decisión y cada minuto.

Los id, ego y super-Ego conforman el conjunto de conceptos fundamentales

del psicoanálisis freudiano, los tres actores de la mente,

tienen el objetivo de ayudarme como ser humano a mantener mi motivación y actitud ante la vida,

el ego a veces se entiende como el sentido individual de autoestima y autoimportancia,

creando así mi propio concepto de mí mismo, mi personalidad y mi identidad.

Popularmente, se entiende la soberbia como sentimiento de valoración por encima de los demás,

se supone del soberbio que se cree capaz de superar cualquier obstáculo,

y que solo quiere ganar a los demás,

no escucha, es autoritario y menosprecia,

aunque la arrogancia genera temor, resentimiento y voluntad de venganza en los demás.

Un ejemplo de ego es pensar que soy la persona más inteligente del planeta,

estoy expresándome desde mi ego si constantemente me comparo con los demás,

que no son igual de inteligentes, ricos o no tienen mi status reputacional,

siento celos cuando percibo que los demás consiguen cosas y les va bien,

hablo de mí mismo durante 10 minutos antes de preguntar al otro cómo está,

prefiero ganar y tener la razón, antes de hacer lo mejor posible para el bien común.

Como decía San Agustín, “la soberbia no es nobleza sino un chichón;

y lo que está hinchado parece grandioso, pero no está sano”,

el ego puede llegar a ser presumido, vanidoso y engreído,

y, desgraciadamente, puedo llegar a apegarme muchísimo a ese dragón de fuego.

Por eso, desde la consciencia,

me aseguro de que antes de ser amante, padre o docente,

haya podido salirme de mi ego, narcisismo y soberbia, y hacerlo con humildad.

Curiosamente, el narcisismo y la soberbia no tienen que ver con los demás,

sino conmigo mismo y mi propia felicidad,

el chichón de ego no solo me genera dolor de cabeza,

sino dolor y sufrimiento integral, duda y mucho miedo,

y, por eso, identifico la necesidad de construir un ego higiénico.

Más profundamente, en metafísica, el ego es el sujeto pensador consciente,

el mundo para ser mundo debe primero ser conocido por mí,

y esta actividad solo puede arrancar desde mi mente,

si yo estoy despierto y miro, veo, aprendo y conozco,

durante años he ido paulatinamente construyendo el mundo tal como hoy lo conozco,

recibiendo a través de mis sentidos los fotones y la materia que había fuera,

dándole forma según mi voluntad y entendimiento.

Desde el ego, y a través de la capacidad mental que conozco como pensamiento consciente racional,

conozco el mundo, ladrillito a ladrillito,

no es la única forma de conocer que tengo como humano,

solo es una muy presente en nuestra civilización,

que puede caracterizarse como que tiene un gran ego, está demasiado llena de ego.

Hay otra forma, la intuición o mente abstracta,

que me enseña la Verdad con mayúsculas, la esencia, pero ésta no la acepta el ego.

Buscando la precisión, entonces,

el ego es un intento erróneo de mi mente de percibirme tal como deseo ser,

en lugar de como realmente soy.

Sin embargo, sólo me puedo conocer a mí mismo como realmente soy,

ya que de eso es de lo único que puedo estar seguro, todo lo demás es dudable.

Cuando conozco el mundo mediante el ego,

lo hago desde el miedo a la carencia, desde la necesidad,

es con interés.

Por eso, creo un mundo a semejanza de mis miedos y necesidades,

no a semejanza de la realidad más real, aquella que es incuestionable,

el mundo que creo es efímero y cambiante,

porque efímeros y cambiantes son mis necesidades y miedos.

 ¿Cómo veo que funciona el ego?

Es razonable preguntarme cómo pudo la mente haber inventado al ego,

todo el mundo inventa un ego o un yo para sí mismo,

el cual está sujeto a enormes diversificaciones debido a su inestabilidad y bamboleo,

también inventa un ego para cada persona a la que percibe, el cual es igualmente variable.

Los egos, además, cambian cuando interaccionan entre sí,

cuando lo hace cara a cara, y también cuando simplemente se piensan en la distancia.

Por cierto, que las relaciones especiales entre egos,

en las que ese yo busca completarse a sí mismo,

tienen una base común, la culpa y la condena,

uno condena a otro porque le encuentra culpable,

no obstante, ese encontrar culpable puede solo ser una proyección de la culpa propia.

La culpa viaja de un lado a otro destruyendo todo a su paso, pero es falsa en ambos casos,

no la permito desde su raíz.

Engrandecidos de sacrificio, unas veces de un lado y otras veces del otro,

estas relaciones generan altos niveles de apego dentro de este bucle,

y no es obvio, aún en la clara percepción de sufrimiento, encontrar la puerta de salida.

La salida está solamente en el amor y en la disolución del ego,

que se lleva consigo la culpa y la condena.

Yo me lo he inventado, y por eso tiene un lado oscuro,

y, por eso, las percepciones son tan variables.

El ego está siempre obsesionado con la idea de la escasez,

lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia,

porque él fue engendrado precisamente como un sustituto de ésta.

El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios,

para él la confusión es esencial,

siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos,

entiende solamente basado en la comparación y los opuestos,

es dual, no entiende la unidad.

Dicho de otra forma, el ego siempre exige derechos recíprocos,

ve la vida como contrato, lleno de limitaciones y exigencias,

ya que es competitivo en vez de amoroso,

para él, el amor incondicional es un peligro.

No es que no lo busque, que sí lo busca y mucho,

sino que, en su frenética búsqueda de amor,

a menudo anda en pos de lo que teme encontrar,

y al no poder dejar de temerlo, las tentativas acaban en futilidad,

la regla parece ser: “Busca pero no halles”.

¡Qué locura! Persigo el amor y en realidad me asusta y no lo quiero, lo rompo yo mismo.

La paz es otro gran enemigo del ego,

de acuerdo con el paradigma de pensamiento del ego y su interpretación de la realidad,

la guerra es la garantía de su propia supervivencia,

el ego se hace más fuerte en la lucha,

si creo que hay lucha, reacciono con la saña relacionada con esa idea de peligro,

que tengo interiorizada en mi mente.

El peligro es un llamamiento al ego,

ego y oposición son lo mismo.

¿Es posible salirme del ego?

Teresa de Ávila hablaba del crecimiento como el proceso de conquista a nuestro castillo interior,

por cierto, es de diamante y cristal transparente, y está formado por 7 moradas,

donde la principal está en el centro y es la morada de nuestro creador y criador,

según ella lo describe, con esa simplicidad que la caracteriza,

en la séptima morada, el ego se disuelve.

Es un camino largo, y hay resistencias,

una de las razones para resistir es la fuerza de supervivencia que tiene el ego,

constantemente está produciendo argumentos para autoperpetuarse,

y sobre todo cuanto más acogotado se encuentra.

Su aliado fundamental es la memoria,

siendo capaz de borrar de la memoria todo lo que pueda significar un ataque al ego,

y utilizando un mecanismo demoledor, la proyección del pasado hacia el futuro,

en un esfuerzo por diseñar la ansiedad,

el ego se resiste como gato panza arriba a su disolución.

En la séptima morada,

existe una clase de experiencia muy diferente de todo lo que el ego puede ofrecer,

y una vez experimentada, nunca más nadie querría volver.

Conseguir que se desvanezcan poco a poco estas aplicaciones,

conlleva un proceso de reprogramación mental,

que pasa por hacerlos primero conscientes,

es una ardua labor de minería, Antonio Molina cantaba:

“Soy minero y temple mi corazón con pico y barrena”,

en ese proceso de concienciación y meditación,

lo que antes era sucio, se puede convertir en un simpático osito de peluche,

no es malo, no puedo odiar a un peluche, lo acepto como lo que es, simpático,

pero no sabe hacerlo mejor de lo que hace,

el ego es limitado, no es malo.

Gradualmente el ego va desvaneciéndose,

empiezo a darme cuenta de que el fenómeno,

la parte concreta efímera cambiante de la vida,

es un don, un regalo de más allá de mí mismo,

me convierto en el canal del amor, pero yo no soy su fuente,

no es que yo haga, es que se opera a través de mí,

como cuando pinto un cuadro o despliego y amplifico arte,

desaparece la duda y el apego.

En el instante no hay ego, el instante es un dejar ir,

me hago consciente de que hay dos sistemas basados en dos paradigmas diferentes de realidad,

uno con ego, otro sin ego.

Yo tengo la tendencia a identificarme con mi ego, yo soy mi ego, yo soy mi cuerpo,

¿Quién o qué soy yo?

Es sublime dar el paso a intuir que yo no soy mi ego,

desapegarme de mi ego, dejar de sentirme desposeído, sentirme libre

en definitiva, ir quedándome vacío,

se trata de vivir de tal forma que demuestre que no eres un ego.

El ego era un invento mío, una creencia muy dentro de mí que puede llegar a dejar de existir,

la voz del ego se convierte en una alucinación, me dice: "No soy real",

le dejo ir, no le concedo el poder de interferir en mi día a día.

Ya sin ego, deja de haber tiempo y se da paso al instante eterno,

la pequeñez y la grandeza no pueden coexistir,

esta visión atemoriza al ego por ser tan serena,

mantiene ese regocijo en mi mente con gran ternura,

desde mi humildad, mi plenitud es ilimitada, porque el estado de ser es infinito.

Hoy medito mi lección del día, frases para la repetición que inunde mi mente:

Que no vea ninguna limitación en mí.

Permítaseme contemplar la vida hoy y ser un testigo de su grandeza,

que hoy no trate de empañar mi luz ni ver mi fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad.

Hoy quiero contemplar la ternura de la vida en lugar de mis ilusiones,

yo soy la vida,

hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con ella.


Capítulo 37.8. La separación de la unidad

 


Estos días estoy viviendo una experiencia exasperante,

más allá de molesta, indigna y desilusionante, una traición máxima,

donde lo que yo más sólido podía considerar,

aquello que hundía mis raíces en la tierra más compacta,

se ha desvanecido en un segundo ha dejado de ser duro para ser etéreo,

ya no es presente, se ha ido al pasado, que deja de existir.

Fue real en su instante eterno, pero ahora es una ilusión,

una gran mentira, un magnífico engaño,

prometía grandes premios que nunca llegaron para quedarse,

sino que ascendieron al cielo cual nube blanca,

cada pequeña mentira iba construyendo una burbuja gigantesca,

que ahora ha explotado sin dejar rastro más allá de una gota desconcertada,

era la luna llena que nos hacía sentir uno, ahora es cuarto menguante.

Hay dolor y sufrimiento,

donde había unidad ahora hay una separación artificial, social y de decisión,

incomunicación e incompatibilidad,

no quedan fuerzas centrípetas, solo las centrífugas,

el alejamiento trae falta y ausencia, es un malestar físico casi real,

a mi pequeño tigre le duele el cuerpo, y no encuentra su compota de manzana.

El sufrimiento bien entendido sirve básicamente para sufrir,

y es una llamada al siguiente nivel de batalla,

tal vez es verdad que el ser humano no ha llegado aquí para dormir, sino para encontrarse y crecer.

Este crescendo tiene forma de viaje, y comienza cuando nazco, incluso antes,

hay un momento en el que soy uno,

vivo en un paraíso donde todo es bienestar, soy bebé en el seno materno,

no carezco de nada, no tengo necesidades de ninguna clase.

Astutamente, por unas razones u otras, en un relámpago descubrí la separación,

me dí cuenta de que yo estaba separado de lo que no era yo,

Octavio Paz lo llama la otredad y lo define como la escisión primordial,

un sentimiento de confusión al perder la unidad del ser humano.

Si yo me identifico con mi cuerpo y no con el resto, me separo,

me percibo aislado y desvalido, empiezo a tener miedo.

A partir de ahí, continúo dividiendo,

y mi yo se convierte en la separación de mente y cuerpo,

empieza a hacer calor y frío, día y noche, risa y llanto, cóncavo y convexo, …

todo es un conflicto entre opuestos.

Para la separación construyo dos variables esenciales, el espacio y el tiempo,

y categorizo sin cesar entre aquí y allí, grande y pequeño, antes y después,

introduzco las nociones de grados, aspectos e intervalos.

Después de millones de categorizaciones, definiciones, vallas y fronteras,

llego a la existencia en el mundo, al Samsara, tal como colectivamente lo conocemos,

donde hay vasos de cristal y hormigón caliente,

como hombre me encuentra perdido, pasmado, fascinado, aturdido y acomplejado,

dividido entre el amor y el aborrecimiento de su universo de opuestos,

tengo miedo, angustia y dolor.

Y empiezo a integrar,

el camino de la expiación comienza cuando cambio de sentido,

empiezo a romper las diferencias,

y en algún momento regreso al nirvana donde aparece la conciencia de ser,

la unidad otra vez, y ya no hay más separación,

conquisto la paz y la serenidad.

Madurar significa derribar todas las vallas y los muros,

que con tanta devoción he levantado,

cuantas más separaciones, más vallas y más fronteras,

más pequeño es el yo y más grande es lo demás,

por eso, empezar a romper la separación es percibido como ir creciendo el yo,

conquistando terreno, y por tanto como un canto a la libertad.

Eros contra Tánatos,

podría haber habido amor incondicional y confianza,

pero se unió a la escena el ego,

a veces, el camino de la sabiduría avanza y recibo puntos,

otras veces retrocedo, como en el parchís mi ficha es comida y regreso a la casilla de salida,

como en un rito de iniciación, voy transcendiendo y evolucionando de nivel en nivel,

empezando por el nivel cero, que llamo cobre.

El nivel cobre es la construcción del ego,

voy creando el mundo tal como lo conozco,

cuando quiero saber qué es una flor, la corto, la separo de la naturaleza,

creo separación entre la flor y la no flor,

en el nivel cobre, la conciencia de unidad no es más que una aberración,

un estado alterado de conciencia, un algo que necesita corrección.

El cuerpo no es otra cosa que mi propiedad como mente,

puede deteriorarse y desintegrarse, es tercamente impermanente,

y por tanto sucio y traicionero,

yo busco lo inmutable y fijo,

construyo mi ego, una imagen de mí mismo, pero incierta,

llena de aspectos infantiles, emocionales, racionales e irracionales.

Hay un desván de deseos e impulsos en el ego que son extraños, amenazadores y prohibidos,

yo decido esconderlos,

es el Dios Baco romano, del deseo, del vino, del resentimiento y de la noche,

se convierte en una zona enemiga, que niego, fuera de mí, separada,

es mi sombra.

El nivel plata empieza cuando yo me hago consciente de mi insatisfacción ante la vida,

la farsa social me pesa y empiezo a tener conciencia de realidades más profundas,

en esta fase me hago amigo de mi sombra,

levanto la tapa del recipiente donde llevo mis secretos,

y observo todos aquellos deseos y proyecciones escondidas.

Permito mi depresión, ansiedad, abandono, vergüenza… y las estimulo,

el no puedo se convierte en quiero, desaparecen los tengo que.

El nivel oro ve nacer al centauro,

como describe Ken Wilber en “No Boundary: Eastern and Western Approaches to Personal Growth”

(La conciencia sin fronteras), 1979,

mitad hombre mitad caballo, que representa la ruptura de la frontera mente cuerpo.

El jinete no monta su caballo, sino que es uno con su caballo,

no es una mente que controla su cuerpo, sino una unidad psicosomática.

Recuperar el cuerpo significa que yo no soy solo mi movimiento voluntario,

ahora muevo el brazo,

pero también lato el corazón y crezco el pelo,

la enfermedad deja de poder existir.

Descubro que quiero deshacer mi Ego,

quiero fluir con la vida, identificar las señales que se me ofrecen,

intuir mi destino y seguir lo que está escrito para mí,

pero mi Ego se empeña en hacerlo diferente,

en nadar contra corriente y en no creer en la confianza del amor.

Mi Ego cree que sin él no hay salvación posible,

es agotador vivir desde el Ego, en un mar de duda y miedo.

El cuarto nivel, platino, supone adentrarme en mundos,

que no cumplen las coordenadas habituales,

están más allá de su alcance.

Jung, por ejemplo, encontró imágenes primordiales o arquetipos,

es decir, estructuras mentales que son comunes a todos los individuos y culturas,

esa realidad es transpersonal,

la conciencia se eleva sobre la mente, las emociones y el cuerpo,

dejo de identificarme con ellos para llegar a ser una especia de testigo transpersonal.

En el platino, mis deseos, síndromes de abandono y resentimientos,

empiezan a relativizarse, ya no son cuestión de vida o muerte,

porque en mí hay un ser más insondable y primordial,

a quien no afecta la sinusoide de cambios impertinentes,

la insoportable levedad del ser,

trasciendo mi dolor, emociones y miedos.

Toda sensación de separación desaparece,

la separación ya solo puede entenderse como un error de percepción, no existía,

era solo una forma equivocada que me llevaba a entenderme como ser carente y necesitado,

subsano la separación y restituyo la plenitud de la mente,

vuelvo a ser invulnerable al miedo,

tengo en mí la insuperable defensa eficaz contra todo pensamiento de separación.

El nivel diamante derrumba finalmente las fronteras restantes,

la ola del mar se convierte en acuosidad,

en la conciencia de unidad, no hay espacio ni tiempo, todo es intemporal,

no hay testigo sino una simple luz.

Lo que parecía nivel diamante lleno de unidad y ausencia de tiempo,

era una ilusión óptica que al desenchufar desaparece,

era una simulación muy creíble en un superordenador gigante con resolución muy detallada,

super renderizada calidad premium,

que se vuelve negra después de un cortocircuito en la red de energía,

era Matrix,

no había exhalado todavía la edad del cobre.

Dicen que el amor romántico es el último bastión del ego,

y que solo su desapego es la última batalla antes de poder trepar la escalera del centauro,

ta veo crecer mis cuatro pezuñas con cascos sanos.

¡Galopa, caballo de pólvora!


Capítulo 1.7. Mi viaje

 


Mi vida sigue siendo un viaje,

con un comienzo y un ir construyendo instante a instante situaciones acumulativas,

nunca tejiendo sin hilo, de forma que cada acción tiene una influencia en la siguiente,

como en el juego del parchís, la ficha puede volver a la casilla de salida,

como en el juego de la oca, puedo caer en la cárcel,

no todo va hacia delante, sino a veces se estanca y otras va hacia atrás.

No me gusta mirarlo en el tiempo ni en el espacio,

son constructos que sirven en circunstancias,

pero no para entender el viaje de mi vida.

Mi vida no es lineal,

lo que ha pasado antes no es la causa siempre de lo que viene después,

y lo que ocurre en un lugar es la consecuencia de lo que ocurre en otro,

una mariposa aletea aquí, y un muro se derriba allá.

Ponerlo en palabras es un reto, porque, aunque veo una conexión lógica,

hay muchos de los episodios que pertenecen más al terreno de los milagros,

donde el tiempo, el espacio y la lógica hacen aguas,

no por eso pierden su significado.

El antropólogo Joseph Campbell,

según The hero´s journey: A voyage of self discovery, by Stephen Gilligan and Robert Dilts,

después de analizar mitos del mundo,

describe que todo viaje tiene una estructura común,

empieza por recibirse la llamada (algo en mí me dice que el camino va por allí),

y sentir la resistencia (eso no es para mí, mejor me quedo en mi zona de comfort),

hasta comprometerme.

Lleva a la iniciación, cruzando el límite de la no vuelta atrás,

y a la búsqueda de guardianes, de aliados, de compañeros.

El clímax implica encarar y transformar a los demonios,

esos monstruitos que se ponen en el camino,

desarrollar el ser interior, desplegar nuevos recursos y herramientas,

para transformarse en mariposa y, finalmente, volver a casa con el regalo para compartirlo.

En mi caso hubo una llamada,

tuve la suerte de ser expuesto a ciertas experiencias,

que necesitaban una fuerza o vitalidad vital única.

Como dice Eckart Tolle, la función del alma es despertar,

que no he venido a este mundo a dormir.

Yo me digo que, a una cierta edad, si puedes, sé,

y si no, sigue actuando hasta que agonices de cansancio y aburrimiento.

Mi vida puede verse como una sucesión de crisis, visiones, y retos de supervivencia,

que precisamente han desembocado en crecimiento, y lo siguen haciendo.

Después de una pérdida, emana una fuerza vital que llama a la recuperación,

tras una herida, algo quiere ser sanado.

Todo esto me viene con inspiración, con alegría y con pasión,

como cuando escucho a Beethoven,

y me inspira a entender sucesivas piezas estéticas de la vida.

La llamada me viene siempre con esa mezcla orgásmica explosiva,

de sufrimiento y alegría entreverados,

al contrario de los sueños del ego para conseguir bienes o personas, utilizar y manipular,

sueños que me vienen con vacío y tristeza.

Mi alma solo quiere despertar, sanar, conectar y crear,

transcender, ser algo humildemente superior a ser normal.

Muchas veces me ha sonado a demasiado esfuerzo, a no saber,

a falta de sentir que estaba preparado,

y me he resistido a escuchar los signos de la vida.

Familia, educación y sociedad han ayudado mucho a mi falta de capacidad de aceptación del reto,

bajo la insignia de la prudencia, la lógica, la gestión del riesgo, las expectativas y lo racional,

se me ha transmitido que el reto es irrealizable,

y yo he visto prudente aceptar su imposibilidad,

los demás lo han visto egocéntrico y yo me he creído mi falta de humildad.

Menos mal que la obstinación, como decía Hermann Hesse,

la creatividad y la ayuda del cuerpo somatizando, han trabajado a mi favor,

mi cuerpo es sabio, y equivocarme de camino me ha hecho expresarme con un virus,

un hueso fracturado, o asma.

El ejemplo del asma es bueno, lo que empecé viendo como hándicap,

acabé observándolo con agradecimiento,

entre otros regalos, me concedió evitar mi vida militar,

no fue mi elección, la vida eligió y mi cuerpo lo canalizó posible.

Cruzar las barreras me ha abierto las puertas de nuevos derroteros,

desconocidos, inciertos, impredecibles y sombríos,

ahí, al otro lado de la puerta, no hay zona de comfort, ahí es más difícil y doloroso.

Tener dos hijos recién nacidos en mis brazos,

me ha llevado a querer irrevocablemente implantar mi poder arquetípico en la vida,

tener un hijo marca un punto de no retorno, es una decisión de por vida,

y en lo demás ocurre algo muy parecido,

tomar la decisión significa quemar las naves y eliminar la posibilidad del retorno,

solamente queda una dirección y un sentido para la marcha, y es hacia delante.

Al otro lado de la puerta, las herramientas desarrolladas anteriormente, dejan de servir,

formas de reaccionar, modos de resolución de problemas, respuestas verbales,

movimientos corporales, etc. se vuelven disfuncionales,

la mente consciente se convierte en un saco de patatas inútil,

y hay que cimentar nuevos recursos,

rescatarlos del desván de la sombra y el inconsciente de la mente,

y aceptar que vienen fuertes y funcionales,

nunca sin parálisis, confusión y tembleque.

Recuerdo esconderme en la esquina de un garaje,

y llorar ante la imposibilidad de entender y poder reaccionar adecuadamente,

a la situación absurda pero real que la vida me presentaba,

estaba erigiendo nuevos recursos en mi vida,

lo experimentaba con parálisis, confusión y tembleque.

Me es importante no hacer este camino solo,

y rodearme de personas que me recuerdan quién soy y para qué estoy aquí,

estas personas tienen experiencia en los recursos que yo voy a necesitar,

y me recuerdan que el viaje es posible, que no hay límites ni miedos,

son amigos, pero también profesores, superiores y mentores,

y en algunos casos, gurús que me han enseñado herramientas básicas como la meditación,

o personajes históricos como Mahatma Gandi.

Me he encontrado con muchos bloqueos, y nunca ha sido mi intención dominar ni destruir,

sino como mi maestro Hector me enseñó,

redirigir la energía procedente de ellos con sutileza hasta cambiar la dirección de su fuerza,

eso siempre ha implicado una transformación relacional,

utilizando cada pequeña acción para transformarme a mí mismo y al mundo.

No es posible hacer esto sin conciencia, sin saber quién soy en cada momento,

quién soy en esencia, qué no soy ni nunca podría ser,

dejar que el vacío se apodere de mi mente para que pueda hablar mi intuición.

El orgasmo interesante de esta historia no es el final,

por el contrario, son esos pequeños tenues y aparentemente etéreos momentos,

en los que han aparecido los bloqueos y se han lanzado transformaciones sustanciales.

Los bloqueos son externos reales,

también internos y no por eso menos reales,

tienen forma de energía o fenómeno,

obligatoriamente tienen algo en común,

me dan miedo, me intimidan, y me producen ira, frustración, culpa, vergüenza,

tristeza o sufrimiento, o todo a la vez.

Lo que hace difícil de resolver el problema es que el bloqueo es un espejo de mí mismo,

y, aún con apariencia de crisis financiera, relación tóxica con un jefe,

accidente de tráfico o enfermedad corporal,

me enseña mi propia sombra, todos esos terroristas internos con los que convivo con dificultad,

mis padres, mi exmujer o mi sensación de abandono.

Como siempre hay transformación,

ha sido muy importante poder compartirla como profesor,

he encontrado esa vocación o esa necesidad de transmitir a los demás mi viaje,

y la oportunidad de aprender de los demás, más que de mí mismo.

Esta es la dinámica de mi vida,

me gusta vivir, salir, viajar, experimentar, exponerme, equivocarme,

tener algunos éxitos y muchos fracasos,

a la vez que todas esas experiencias ganadas necesitan digerirse en mí,

y no tengo mejor digestión que compartirlas con los demás,

se dice que al cielo se entra en pareja, no solo.

Exijo compartirlo con todos,

primero con mi familia, aunque paradójicamente éste es el reto más delicado,

porque nadie es líder en su propia tierra,

luego, con mis amigos y personas que confían en mí en los momentos espinosos de sus vidas,

y a las que dedico tiempo y devoción a acompañar en su camino,

“Nunca el juglar de la tierra tañe bien a fiesta”

“Nadie es profeta en su tierra” es un refrán de origen bíblico,

implica la urgencia de abandonar el propio hogar y mi tierra para alcanzar algo,

no soy excepción en haber intentado, dentro de mi propio entorno,

aconsejar en función del bien común y no he sido valorado por mi comunidad,

no he alcanzado a reunir los medios para ser escuchado ni entendido.

De esta suerte, he emprendido camino fuera de mi lugar de origen,

como según el evangelio de San Lucas,

Jesús de Nazaret viajó 40 días en el desierto, para después regresar,

y anunciar el cumplimiento de las escrituras.

Quienes bien le conocían, lo tomaron como una herejía,

y lo llevaron afuera para tirarlo al despeñadero,

él escapó de entre la multitud enardecida,

y a partir de ahí, salió a predicar y sanar enfermos a Cafarnaúm,

donde, allí lejos, sí fue escuchado y respetado.

También comparto mi experiencia en mis clases como profesor,

donde, aunque tradicionalmente se pide un ámbito de comunicación unidireccional,

en realidad es más que bidireccional, yo les transmito y ellos reciben,

pero no se puede dar sin recibir,

ellos me dan por lo menos tanto como reciben, y yo aprendo, como mínimo tanto como enseño.

Existe una Verdad con mayúscula, pero la vida es un camino,

y esta Verdad toma diferentes formas a lo largo de la vereda,

lo que es verdad en un periodo, deja de serlo en otro,

por esto, enseñar no puede ser unidireccional, es escuchar activamente,

y percibir en qué momento de su vereda está cada persona en cada momento,

para compartir la Verdad absoluta, pero en la forma de la verdad del momento.

Por ejemplo, en un acompañamiento de pareja,

es cierto que tener conflictos con otra persona es una oportunidad de sanación,

que se aprende mucho de uno mismo,

que cada uno de esos conflictos son oportunidades de sacar de la sombra lo que proyecto,

hacerlo consciente y empujarlo por el camino de la sanación.

Esto es Verdad, pero deja de ser verdad en otro momento del camino,

puede suceder que deje de haber conflicto,

que la unión de pareja ya esté basada en el propósito conjunto de encontrar la Verdad,

y que ya haya un caminar con el paso acompasado,

allí, el conflicto ya no es una oportunidad porque ya no tiene lugar.

El viaje supone aceptar que todos tenemos una historia que merece la pena ser vivida,

y esto se da cuando además de una historia hay un proyecto, un propósito,

un sentido, una aventura,

y no es un proyecto mío, sino un proyecto que la vida tiene para mí,

y que ilumina un itinerario, un camino de crecimiento.

Como decía Teresa de Avila en “Las Moradas”,

el camino tiene periodos de sequedad,

un sentirse perdido que aparece en los inicios, pero también más tarde y en todo momento,

la sensación es de no saber,

no tener motivación a pesar de haber vivido momentos de efervescencia,

y de mucho enamoramiento.

En el camino hay sequedad, y es importante no perderme, pedir ayuda y dejarme ayudar,

vivir de las rentas, un gusto del pasado no es suficiente motivación para continuar con energía,

caminar con los demás es un signo de madurez,

como el otoño y el invierno, que, pareciendo oscuridad,

preparan para la primavera posterior luminosa.

Mi mayor obstáculo es la inconstancia,

sin aliciente fuerte, no me es fácil perseverar,

sin fruto muy inmediato, me es difícil encontrar la motivación para seguir,

volver a empezar y no rendirme es cuestión de vocación,

eso explica la idea de que vivir me capta, me hace sentir bien, me hace respirar hondo,

a mí, caminar, conversar y meditar me ayudan a manejar estas infidelidades.


Capítulo 37.7. Perdido en el mercado - Ecuanimidad

 


Sueño que tengo 5 años y me pierdo en el mercado de Prosperidad,

mi madre está comprando y yo he salido a explorar,

veo muchos adultos yendo y viniendo, escucho mucho ruido,

vienen olores de todos los lados, no puedo hacer sentido de dónde estoy ni dónde tengo que ir,

solo grito pidiendo una mano que me sea de confianza,

y me saque de este laberinto interminable.

Cuando me despierto, sigo en un mundo ruidoso,

no puedo hacer sentido de dónde estoy ni dónde tengo que ir,

continúo necesitando esa mano que me da confianza y me guía fuera del caos mundanal.

Ahora no la tengo, pero recuerdo que existía en mi mundo de niño, y la anhelo,

había una mano que me llevaba y yo me dejaba llevar,

era muy bonito sentir ser guiado, poder casi cerrar los ojos y dejarme llevar.

A lo largo de los años, he buscado esa mano en muchas manos,

pensado que podía confiar,

y me he equivocado muchas veces,

el continuo cambio ha seguido siendo ruidoso y laberíntico,

yo sigo sin tener el mapa que me permite escapar.

Mi conclusión es la siguiente,

después de analizar altos, bajos, ciclos, cambios, transformaciones, mutaciones,

evoluciones, decadencias, éxitos y fracasos, con suficiente repetición,

empiezo a preguntarme:

¿No habría otro modo transitar a través de la vida,

sin estar siempre atrapado dentro de estos altibajos?

¿Sin tener la sensación de estar siempre en vilo, en la cuerda floja?

Todo lo que suba y baje no me interesa,

lo observo, dejo que se vaya, que se diluya, como si nunca hubiese existido.

¿No tendría el mercado una salida?

Sí la hay,

se llama armonía, estabilidad y equilibrio, la búsqueda de la unidad,

significa poner la atención en lo que siento en mi interior,

independientemente de lo que pase fuera,

¿Cómo me siento en mi vida ahora mismo?

¿Cómo puedo conseguir que mis sentimientos respecto a mi vida no tengan fluctuaciones?

Si logro esta ecuanimidad, y recibo un regalo, no me pongo demasiado eufórico,

ni tengo un subidón de felicidad,

sino trabajo el agradecimiento, con menor subida emocional.

Si alguien me da una mala noticia, en lugar de enfadarme y ponerme triste,

dentro de mí no me dejo caer, intento permanecer.

Convierto la onda sinusoidal de la vida en una línea plana,

sigo teniendo sentimientos expresivos,

sin esto querer necesariamente decir salirme de mi estabilidad emocional.

En este estado estable puedo construir mi vida,

puedo ganar un premio sin salirme de mi centro,

puedo ser insultado sin perderme a mí mismo,

soy inamovible, invulnerable.

¿Tu mano es mi mano?


Capítulo 37.5.1. La tramoya del amor

 


El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar el mundo físico,

el poder de la mente es valiente y tiene un impacto en el mundo tal como lo veo,

mis pensamientos marcan una huella en los demás,

en este sentido, cuando amo con templanza, modifico mi biología.

¿Qué pasaría en nuestras neuronas y órganos,

si miráramos con un microscopio mientras pensamos en amor?

Desde la neurociencia, es un problema describir emociones y sentimientos,

es más fácil buscar los ingredientes químicos que nos provocan ciertas emociones.

Hay sustancias transmisoras, los llamados neurotransmisores,

que transmiten la emoción de una célula nerviosa a otra,

sabemos, por ejemplo, que cuando amamos, disparamos los niveles de la acetilcolina,

la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, que son los que nos causan excitación.

Acrecentamos la cantidad de acetilcolina, que es como el deportista y el entrenador,

lleva la excitación a los músculos y estimula las glándulas sudoríparas.

Aumentamos la serotonina, que es el diplomático y mediador,

regula la tensión arterial y el ritmo de sueño y vigilia,

con eso, causamos bienestar y felicidad,

más allá que la que ya genera la mente en el enamoramiento,

en el miedo, por el contrario, provocaríamos su disfunción y sería causante de migrañas.

Los neurocientíficos saben que el amor causa cambios biológicos en ciertas áreas cerebrales,

que gobiernan el apetito sexual, en el hipotálamo, en las mujeres, en el núcleo ventromedial,

y en los hombres en el núcleo preóptico medial.

Con la mente, a través del enamoramiento, incrementamos los niveles de oxitocina,

el efecto de liberar oxitocina es comparable a un opiáceo, excita y relaja,

se la llama «hormona de la fidelidad» y «hormona del vínculo»,

un bloqueador de oxitocina acabaría con la fidelidad,

me volvería lujuriosos en conducta de copulación indiscriminada,

si se me inyectase vasopresina, hormona parecida a la oxitocina,

le encontraría el gusto a la fidelidad.

En situación de amor incondicional,

la mente utiliza la oxitocina para que actúe como adhesivo de larga duración,

en las mujeres desencadena el parto,

determina el aporte de lactancia e intensifica la relación con el hijo,

en la pareja, genera en las relaciones sexuales una unión de larga duración, genera apego.

Además, el amor interviene en el córtex singular, región involucrada en la atención;

en el sistema mesolímbico, que constituye una especie de centro de gratificación;

y en las feniletilaminas, que permiten los sentimientos exaltados.

El amor extiende la dopamina, que estimula la euforia,

es estimulante y motivadora,

regula la circulación sanguínea y el estado hormonal,

en cambio, el desamor está relacionada con las psicosis,

por ejemplo, un nivel extremadamente alto de dopamina,

tiene alta correlación con la esquizofrenia.

También la noradrenalina, que es un acelerador,

aumenta la presión sanguínea y actúa en la excitación.

El amor amplía los niveles de dopamina y noradrenalina,

a la vez que disminuye el de la serotonina, de efectos sedantes,

lo que origina cierta sensación de vértigo.

A todo ello hay que añadir que el amor provoca una buena dosis de sustancias embriagadoras,

como la endorfina y el cortisol.

El efecto biológico se reduce al cabo de cierto tiempo; en promedio de tres a doce meses,

las relaciones duran más por el poder puro de la mente,

porque a partir de ese momento, el éxito de la relación de pareja,

se basa únicamente en el amor mental,

y la única sustancia bioquímica que permanece es la oxitocina.

Se dice que Pasteur, químico, bacteriólogo y pionero de la microbiología moderna,

consintió a su muerte en 1895 el concepto de homeostasis,

que significa que las enfermedades las originan los microorganismos,

perturbando el trabajo de órganos y tejidos,

pero que también incluyó la pregunta

¿si en nuestra sangre, en nuestro intestino, en nuestro cuerpo,

existen miles de millones de microbios, por qué unas veces nos enferman y otras no?

El cuerpo se vuelve susceptible a los agentes infecciosos,

solo si se perturba el medio interno, la capacidad inmunitaria del organismo.

Este es el cimiento de la medicina china desde hace más de treinta siglos,

el Taoísmo nos señala que la enfermedad se provoca por un estancamiento de la energía,

si la energía circulara libremente en el cuerpo, la enfermedad no podría enraizar.

Parecido ocurre en el amor,

¿si en nuestra sangre, en nuestro cuerpo existen miles de millones de neurotransmisores,

por qué unas veces me enamoran y otras no?

Según el Tao, el amor se provoca por una ruptura de bloqueos en la energía,

si la energía circula libremente en el cuerpo, el amor puede enraizar.

Con este objetivo, en China se practican ejercicios,

que mantienen libre y armoniosa la circulación del Qi y la sangre, el Chi Kung y Tai Chi Yang,

éstos elevan la frecuencia vibratoria, regulan la energía interna, sanan,

y posibilitan el enamoramiento.