El día es lo contrario de la noche, y no tiene sentido sin
ella,
pienso el mundo en dual,
convierto todo en relaciones de opuestos, y desde ahí
comprendo el mundo.
Hay veces que pequeñas cosas pueden desencadenar una crisis
de pareja,
¿Qué es lo que no funciona correctamente?
Se acaba solucionando por la calle del medio,
poniendo el instante por delante del problema,
creando conciencia de que el amor es superior a la
circunstancia,
y de que realmente no quiero la crisis,
a pesar de ello, no está mal reconocer qué ha pasado y por
qué.
El problema aparece a nivel del Ego,
y no es en otro sitio donde debe estar la comprensión y la
disolución del problema.
Un día, yo decidí, tuve el impulso de limpiar y ordenar la
casa,
era el momento adecuado para remangarme, tenía la dosis de
entusiasmo necesaria,
estaba en contacto con mi propio impulso, sin duda lo quería
hacer,
por supuesto, había una parte de mí que prefería salir a
pasear al sol,
pero el impulso de limpiar era mayor.
Recibí ayuda externa y ambos empezamos con devoción a
preparar la fregona,
el recogedor, las bayetas y los líquidos detergentes,
nos repartimos la tarea y nos miramos con la alegría de
quien se entiende,
y se siente bien juntos, con complicidad.
Lo que pasó después fue el reconocimiento del desorden
superior,
y por eso empecé a reconsiderar la tarea,
parte del desorden tenía que ver fuera de su sitio objetos,
que representan para mí recuerdos, buenos momentos y muchas
alegrías,
me empecé a entregar a ensoñaciones con lo que había
experimentado en el pasado,
o lo que podría experimentar con ellos, y a ponerme
nervioso.
Poco a poco el impulso empezó a dar paso a la alienación
respecto al trabajo,
a pensarme fuera del objetivo como un simple robot,
y empecé a proyectarlo,
empecé a construir el pensamiento, inconscientemente,
de que alguien quería que yo pusiese orden, alguien externo
a mí,
comenzaba a sentirme molesto con toda la actividad,
nervioso, ansioso y acelerado.
Para poder ejecutar la proyección,
solo necesitaba un candidato adecuado que retomase mi propio
impulso proyectado,
y así me olvidaría totalmente de mi propio impulso,
sabía, cada vez con mayor certeza, que otra persona me
estaba presionando para la limpieza,
y tal presión no podía sino generarme ira.
La otra persona era la víctima perfecta,
desprevenida, ella inocentemente me preguntó si utilizar un
líquido u otro,
y yo grité algo impertinente,
un instante negro que se cerró con un cruce de miradas y un
darse cuenta de lo ridículo del gesto.
Sentía que no era yo, sino ella, quien quería limpiar y
ordenar,
la proyección estaba completada, el impulso no era mío, sino
externo, suyo,
yo lo había proyectado, lo había colocado al otro lado de la
verja,
y desde allí parecía que me atacaba,
ella me estaba presionando,
obviamente, no era otra cosa que mi propio impulso
proyectado.
El impulso se había convertido en presión,
si yo no hubiera tenido el impulso, no podría haber sentido
presión de nadie,
simplemente habríamos decidido dejar la tarea para otro
momento en el futuro.
Es bastante probable que ella también tuviese el impulso y
estuviese ejerciendo presión,
pero estoy convencido de que, si la causa no hubiera sido mi
propio impulso,
su presión me hubiera pasado desapercibida,
era la mejor candidata para recibir mi proyección, pero no
dejaba de ser una proyección,
perdí la ecuanimidad por causa de mis propias emociones.
¿Qué aprendo de esta vivencia?
Que cuando me siento presionado, es porque tengo más impulso
y energía de lo que creo,
me siento presionado significa tengo más impulso de lo que
creía,
dado que está solo en mí y no en nadie más,
es únicamente mi decisión si sigo el impulso o pospongo.
La proyección funciona siempre igual,
empieza por un impulso o un deseo de mí hacia los demás,
al proyectarlo, parece que viene de los demás hacia mí, como
un boomerang,
mi propia energía me vuelve,
no es que yo actúe, es que me siento empujado a actuar.
Eso es porque al nacer construimos una frontera artificial
entre mi yo y mi no yo,
si desarrollásemos la conciencia de unidad, destruiríamos
esa frontera ilusoria,
sentiríamos que somos uno con los demás,
mientras esté en el modo Ego, el ataque me viene desde
fuera.
Hay otra característica que suele aparecer, siento que me
falta aquello que proyecto,
si siento que no tengo impulso para limpiar,
es porque tengo más de lo que me creo, lo escondo, lo
ignoro, creo que no existe,
como antes, tiene que ver con la frontera ilusoria que tengo
creada entre yo y el no yo,
lo que yo soy disminuye, lo que yo no soy aumenta.
Otra característica más es que lo que proyecto lo defiendo
enérgicamente,
aunque sea una visión errónea de la realidad,
si alguien intentara explicarme que estoy proyectando,
recibiría mi ataque,
sería más fuerte mi necesidad de demostrar,
que mi proyección está ahí fuera amenazándome.
Es mi fuerte resistencia para admitir mi propia sombra,
entendida como el conjunto de esos impulsos que se quedan en
el inconsciente,
que yo no alcanzo y que proyecto sin querer,
son aspectos que proyecto porque me disgustan, no soy capaz
de aceptar que los tengo.
Por ejemplo, ¿Qué pienso cuando escucho reacción hacia el
mundo gay?
no es exactamente que quien lo lanza sea gay,
pero sí que reconoce una cierta tendencia a ello, siente
miedo,
y lo proyecta para intentar quitárselo de encima,
reconoce una potencialidad de sí mismo que subrepticiamente
le aterra,
aunque sea netamente secundaria, la proyecta hacia fuera.
¿Por qué digo que alguien es estúpido, pervertido o inmoral?
porque algo hay que aborrezco en mí mismo y que está
relacionado con lo que rechazo en él,
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice el
dicho popular.
De forma parecida, la sensación de “tengo que hacer el
sacrificio por ti”,
puede llegar a ser visto como una obligación que me viene
impuesta desde fuera,
en tanto que impuesta artificialmente, puede convertirse en
resentimiento,
a pesar de ser un fenómeno ilusorio, puede acabar en crisis,
se ha proyectado el deseo,
aunque si careciese completamente del deseo de ayudar, no
podría sentirme en absoluto obligado.
Quiero ayudar, pero sin admitirlo,
¿Por qué no admitir algo bondadoso?
en el fondo, debe haber un impulso paternal o maternal que
no está debidamente interiorizado,
que forma parte de mi sombra,
al no verlo por estar en la sombra inconsciente, lo rechazo
e intento sacarlo.
De forma parecida, sentir que el mundo es un lugar hostil,
y lleno de violencia surge del mismo mecanismo de la
proyección,
de mi sombra no aceptada,
significa probablemente que hay una potencialidad de
hostilidad en mí,
y acabará, si no creo conciencia, siendo proyectada.
Sentirme rechazado, que los demás no me quieran, o sean
críticos,
viene de la mano de sentir que yo no tengo rechazo frente a
los demás,
soy cordial y no critico a nadie,
hay una oposición de contrarios entre lo que pienso y mi
inconsciente alberga,
pensar que yo carezco y los demás rebosan de ello, es un
síntoma nítido,
si no me doy cuenta del juego, puedo potenciar la
característica inconsciente mía,
y cada vez sentir más rechazo exterior, en un círculo
vicioso,
del que solo salgo creando conciencia.
Detectar mi proyección es una maravillosa oportunidad de
conocer mi mundo interior,
la sombra se convierte en un síntoma,
estoy atento a cualquier elemento que me moleste,
que me haga reaccionar emocionalmente,
lo diviso y lo observo.
Si analizo profundamente cada caso,
cada momento en que algo me produce emoción, negativa o
positiva,
puedo llegar a convertir cada síntoma en su impulso causa,
convierto el “tengo que” en “quiero”,
por ejemplo, la presión en el trabajo,
significa que tengo el impulso de hacer mi trabajo con
devoción,
encuentro siempre en ello una oportunidad de desarrollo.
En general, aunque suene absurdo, es buena práctica pensar
siempre en el opuesto,
si odio a alguien, es bueno plantearme que le amo,
por muy extraño que parezca,
si me gusta algo, tal vez no lo soporto en mi sombra
inconsciente,
toda acción tiene su opuesto,
ver ambos opuestos juntos es una excelente manera de llegar
a la visión no dual de la realidad,
la unidad viene como consecuencia de integrar los opuestos.
La mejor terapia para crear esta conciencia de la sombra y
la proyección,
es el análisis transaccional de T. Harris y Eric Berne,
la metodología mantiene la idea de inconsciente freudiano,
lo integra con categorías más profundas del ser,
siendo respetuoso con las intuiciones más recónditas
humanas,
permitiendo al maestro interior,
según “La conciencia sin fronteras”, de Ken Wilber.
Meditar la proyección me lleva a la conclusión de necesidad
de respeto hacia los demás,
no me puedo olvidar de que el viaje hasta aquí ha sido
acompañado por otras personas,
llego a limpiar y ordenar juntos porque estamos juntos en
esta meta del desarrollo.
Además, había un maestro interior que me guiaba el camino,
todo esto no fue fruto del simple ego,
no ocurrió porque el simple azar tiró los dados y salió el
siete,
sucedió porque tenía que suceder.
Por eso, es mejor levantar la mirada y mirar cara a cara a
los demás,
porque en sus manos está mi salvación.
Desde la óptica de la proyección,
detesto la arbitrariedad aleatoria de la otra persona porque
la comparto con él o ella,
y ambos juntos nos quedaremos en la arbitrariedad o
conquistaremos el Cielo,
nunca será posible el camino en solitario,
le miro con la inocencia nacida del perdón, con confianza,
juntos levantaremos la mirada o no en absoluto.
En lugar de guardar resentimiento por el mal del otro,
elijo aceptar el regalo que me hace,
mi enemigo es mi amigo,
lo acepto porque él o ella son los únicos que tienen la
llave de perdonarme,
como yo la de perdonarles,
será ofrecido y, a la vez, recibido.
Es sabio el consejo de que libero al que perdono,
y, al tiempo, participo de lo que doy,
me uno a él con alegría y elimino toda traza de culpa de su
trastornada y angustiada mente,
es la fuente de mi paz, mi descanso y mi quietud.








