lunes, 9 de mayo de 2022

Capítulo 33. La indefensión

 



Estoy viviendo una miríada de cambios profundos, uno de los cambios más visuales,

es entender el siglo XX como un siglo de extrovertidos para extrovertidos,

y el siglo XXI un siglo de introvertidos para introvertidos,

el cambio de extrovertido a más introvertido.

Donde mi foco antes estaba en el exterior,

creyendo sin dudar la existencia fehaciente de un mundo fuere de mí,

ahora, por la pandemia o por la madurez, el foco empieza a mudar a mi mundo interior.

Ahí, la importancia básica es mi maestro interior,

la experiencia dentro de mí mismo,

sobre la creencia básica de que el mundo exterior,

es solo un conjunto de partículas y ondas electromagnéticas,

y la realidad la construye la percepción del hombre,

esa percepción procesa los impulsos recibidos y los convierte en formas y emociones,

si yo veo algo, soy yo quien construyo la emoción de alegría,

y ese algo sin la emoción que yo le pongo es nada.

Mis emociones parecen venir de fuera,

sin embargo, son creadas por la percepción de mi mente,

en base a mis experiencias anteriores, proyecciones futuras,

creencias sociales, valores educativos…

toda emoción es una quimera, una invención, una construcción de la mente racional.

Por ejemplo, ayer mi mente decidió construir un ataque,

yo podía ver claro que una persona externa a mí me estaba atacando,

y mi reacción era una incómoda posición de necesidad de defenderme,

de devolver el ataque, de alejarme de esa persona, de bloqueo hacia su acción.

Mi posición de defensa era dolorosa,

¿Por qué esa persona sin razón aparente querría hacerme sentir molesto?

¿De dónde venía toda esa injusticia?

¿Por qué yo debía reatacar para mantener mi dignidad, mi Ego y mi autoestima?

Desde la perspectiva de un mundo interior, todo esto es muy diferente,

lo único evidente en esa situación es que yo estaba experimentando,

una emoción desagradable de ser atacado,

no es fuera,

es siempre de dentro, como decía mi amigo Héctor.

Era yo que estaba construyendo en mi mente el ataque,

a pesar de percibirlo que venía desde fuera,

seguramente, yo construía ese ataque porque mi niño interior herido,

percibió alguna vez ataque durante el embarazo o la infancia,

y mis neuronas quedaron así entrelazadas,

de forma que ya siempre repito esa sensación de ser atacado,

cuando ya no existe ese ataque.

Los mastines españoles son perros grandes, cariñosos, leales a su dueño,

de mirada amable y comportamiento juguetón,

la práctica en los pueblos es pegarles de pequeños, maltratarles y racionarles comida y agua,

hoy ilegal la práctica,

estos perros maltratados mutan su comportamiento en bestias agresivas,

son capaces de percibir atacantes y reaccionar muy violentamente,

destrozando cualquier víctima,

son muy peligrosos.

A través de mi niño interior maltratado,

el tigre que llevo dentro me ataca cada cierto tiempo,

y yo vivo una parte de mi existencia defendiéndome de mi tigre,

y agrediéndole de vuelta,

es agotador vivir en esa lucha incesante, en un círculo vicioso de culpa,

víctima, percepción de ataque, defensa, ataque, culpa…

De pronto, tengo un momento en el que me siento culpable, y ello me parece insostenible,

así que decido inconscientemente victimizarme,

y proyectar la carga sobre otra persona que esté cerca,

no hay mejor defensa que un buen ataque,

y así, refuerzo la sensación de culpa, y convierto el momento en una rueda sin fin.

Desde mi maestro interior, sé que nadie me ha atacado,

y que solo en el convencimiento profundo de que el ataque que percibo ahora nunca existió,

soy capaz de perdonar al prójimo,

perdonar en el sentido más básico de la palabra,

significando convencido de que no ha existido ataque real.

Perdonando ese comportamiento y esa persona,

se produce el milagro de hacer desaparecer el ataque,

es una experiencia intensa,

en la que es posible pasar de un claro ataque a olvidar completamente la emoción,

en un momento de ecuanimidad,

dejo de reaccionar negativamente ante algo externo,

una vez disuadido de que está solo en mis sueños, en mi imaginación.

Ayer percibí un ataque muy doloroso,

al que pude quebrar la reacción emocional en mi mente,

en relación causa efecto, ataque lleva a reacción emocional,

y ésta es una casi ley, muy importante de romper.

Una vez reducido el enemigo, el ataque, apareció otra persona con armas contra mí,

según iba reduciendo, los enemigos iban creciendo,

de uno en uno, como puestos en fila.

Como en una película de Bruce Lee,

no tenía brazos ni piernas suficientes como para bloquear los sucesivos ataques recibidos,

la sensación era más parecida a una película de ciencia ficción, incluso film de miedo.

Muchas horas después, la tormenta fue convirtiéndose en cielo azul y paz,

después de la tormenta siempre escampa,

la sensación era de dicha, felicidad y paz,

había sido capaz de deshacer todos y cada uno de los ataques,

el viaje a través de la sombra veía ya luz al final del túnel.

La paz resultante se llamaba indefensión,

ya no necesita defenderme de nada, porque ya no había nada que me estuviese atacando,

mi tigre se había echado a dormir agotado.

En mi paz, todas las personas a las que había conseguido perdonar,

se me imaginaban hermosos,

nada podía yo valorar tanto ni tener en tanta estima,

no había comparación con la pesadilla anterior,

los gigantes volvían a ser molinos, y esta vez soleados y bellos,

mi corazón cantaba de alegría,

el mundo real era resplandeciente, puro y nuevo.

La cocina había quedado hecha un caos después de cocinar,

pero el detergente y el proceso la habían retornado resplandeciente y bien oliente,

la belleza brota conforme contemplo el mundo con los ojos del perdón,

las quimeras que había tergiversado mi percepción habían quedado,

por lo menos temporalmente, eliminadas,

ya no me sentía anclado al pasado.

Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensamientos amorosos,

que di en el pasado, y aquellos que se me dieron a mí,

todo lo demás debe olvidarse,

al final, me llevaré solo eso, el karma,

mis pensamientos amorosos y el impacto de mis acciones.

Traigo tenebrosas figuras de mi pasado,

las traigo y las oigo,

si las conservo es porque así lo elijo,

no puedo entender de dónde llegaron ni cuál es su propósito,

solo sé que representa el mal que creo que se me infligió,

las traigo solo para poder devolver mal por mal,

con la esperanza de pensar que otro es culpable sin que ello me afecte a mí,

esas tenebrosas figuras hablan de venganza.

Es malvado, porque todo lo que me recuerda resentimientos pasados me atrae,

y me parece que es amor,

esas relaciones así formadas son más corporales que espirituales,

en realidad, la relación no se entabla con la persona que parece,

sino con otra que en el pasado generó los percibidos maltratos.

Esa relación no la forjo con otra persona, sino precisamente para excluirla,

pues la relación es con unos sueños inexistentes,

en la unión con esas fantasías gozo de una dicha ininterrumpida,

el perdón deja solamente los pensamientos amorosos, y con ello, transforma el pasado en presente.

En mi indefensión radica mi seguridad,

en mi indefensión soy fuerte,

y descubro lo que mis defensas ocultan,

el propósito de todas mis defensas es impedir que reciba el regalo que para mí hay hoy.

Las Artes Marciales me han enseñado que la indefensión nunca puede ser atacada,

porque reconoce una fuerza tan inmensa,

que ante ella el ataque es absurdo,

un juego tonto de un niño cansado,

cuando tiene tanto sueño que ya ni se acuerda de lo que quiere.

Mahatma Gandhi, el fundador del movimiento de la no violencia,

dice “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir,

pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”,

y en esa frase se basa toda su filosofía.

Más allá de los sueños, reconozco que no necesito defensas,

soy inexpugnable, el ataque no tiene sentido alguno,

la indefensión me protege,

en mi luz soy invulnerable.

A veces pienso que mostrarme indefenso es como estar en el hogar de mi infancia,

en mi hay un niño interior que anda buscando la casa de su padre,

sabiéndose un extraño fuera de ella,

en ella, no se juzga, no se ataca y solo se ama incondicionalmente,

sin tener que hacer méritos, solo por haber nacido en ella,

tan solo pide unos segundos de respiro,

un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire de la casa.

Ese niño necesita mi protección,

su vocecilla es una llamada de auxilio ahogada,

en los estridentes sonidos y destemplados ruidos del mundo.

Yo no le voy a fallar,

ese niño es mi indefensión, mi fortaleza,

él confía en mí.

 

Él es un niño pequeño, y yo he podido aprender de él cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo amor a sus enemigos. Acepto su indefensión a cambio de todas las armas bélicas que mi mente ha construido. Voy a volver a casa con él y gozar de paz por un rato.

 

Nos vamos a sentar a la mesa y voy a ponerle un plato a él simbólicamente.

Capítulo 32. Somos uno

 



Hay veces que las distancias desaparecen,

y me siento uno con la naturaleza, con otra persona o incluso con la humanidad entera,

¿Qué tipo de sentimiento es ese?

En lugar de reconocer que mi yo acaba donde acaba mi piel,

parece que se extiende y lo hace hasta el infinito,

así, lo que es bueno para mí y lo que es bueno para mi no-yo es lo mismo.

No existe separación, todos formamos parte de una misma Identidad,

desde los presocráticos griegos sabemos que todo empezó en un momento,

que no había espacio ni tiempo, un punto en el que no había diferencias,

todo era lo mismo, todos estábamos allí juntitos,

el Big Bang hizo que ese punto se expandiera y apareció el mundo,

cada vez extendiéndose más en el espacio.

Desde entonces la vida ocurre a forma de dialéctica,

dos fuerzas opuestas que encuentran su equilibrio,

por un lado, la expansión del Universo y creación del mundo,

por otro lado, la vuelta a casa, al encuentro en la Unidad,

nuestra mente tiene dos capacidades,

una que ve la diferencia, la racionalidad,

y otra que ve la unidad, la intuición.

Por eso, cuando alguien sufre, sufrimos todos,

no es el concepto de empatía,

a través del cual yo puedo ponerme en los zapatos de otra persona y sentir como él,

es otro concepto más extremo, por el cual yo soy la otra persona,

la otra persona es yo,

y todos pertenecemos a una misma única unidad.

De forma parecida, cuando yo tengo pensamientos, los tiene el otro,

y cuando el otro tiene un pensamiento, lo tenemos todos,

no es posible hablar del pensamiento privado,

sino que solo hay un pensamiento del que participamos todos.

Cuando alguien está en paz y es feliz,

esa felicidad también repercute sobre la gran familia,

cuando alguien es amado,

también los beneficios repercuten potencialmente en todos nosotros,

maltrata al prójimo y te estas maltratando a ti mismo,

ama al prójimo y te estas amando a ti mismo.

Como dice la sabiduría popular, “haz bien y no mires a quien”,

“los humanos y los árboles somos hijos de la misma tierra”,

“no hagas a los demás aquello que no quieras que te hagan a ti” o

“trata al otro como tú quieres ser tratado”.

En Filosofía, hablamos de Panteísmo como símbolo de una Gran Madre,

en cuyo seno están contenidas todas las cosas,

de la que todas las cosas emanan y hacia la que retornan,

en un ciclo eterno,

esto es también el Tao chino.

La idea de emanar es de Aristóteles,

el proceso de emanar de las cosas produce la separación,

lo que se denomina Dualidad del mundo,

en esta cultura, la especie humana queda completamente aislada de su matriz,

inventa un mundo “objetivo” y material,

que está fuera y es independiente del ser humano,

Friedrich Nietzsche lo describe como “¿Qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol?

En esta Dualidad, hay diferenciación,

la palabra “naturaleza” significa “todo lo que el ser humano no es”,

“todo lo que no ha sido creado por la mano del hombre”.

Vivir en la separación es una quimera, una pretensión, pero no es posible,

Werner Heisenberg en 1925 afirmaba la imposibilidad de cualquier observador,

de medir una partícula sin modificarla en el proceso de observación,

la mecánica cuántica rompe esa idea de mundo objetivo posible.

Ya no es obvio que exista el otro enfrente de mí y con independencia de mí,

las actitudes, comportamientos e intenciones que yo veo en el otro, probablemente no existan,

el dualismo muere cuando Erwin Schrödinger, fundador de la mecánica cuántica,

enuncia: "el sujeto y el objeto son uno solo.”

Desde el Romanticismo alemán, Fichte a Schelling, no se sostiene una dualidad,

sino un proceso participativo, esencialmente interdependiente,

entre el hombre y lo externo a él,

la realidad no está separada, no es autónoma.

La forma no existe en sí misma, sino solo como información,

un sistema, tanto un ser humano como un átomo,

está constituidos por una cantidad de información integrada,

a mayor cantidad de información, mayor complejidad del sistema,

y mayor conciencia de éste,

Rupert Sheldrake lo llama campos mórficos.

Volvemos al Ser del filósofo presocrático Parménides,

en su visión no-dual, el Ser es aquello que es, y no puede ser de otra forma,

el Ser es la vida, una, eterna, siempre presente,

que está más allá de las formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte.

Plotino lo llama Uno,

es indescriptible, la unidad, lo más grande,

hasta tal punto que a veces le denomina Dios, único, infinito,

es principio y última realidad, la Unidad que funda la existencia de todas las cosas,

es ilimitado, perfecto y no tiende a acabarse, por lo tanto, es una sola realidad.

Según (Eckhart Tolle, El poder del ahora, 1997),

el Ser está embebido en cada persona o cosa,

sólo se le puede conocer cuando la mente se acalla, cuando estoy presente,

completa e intensamente en el Ahora,

trata de sentir lo que significa ser

no esto en el universo, soy universo.

La unión es una percepción sublime,

intuir esta unión es la liberación de la oscuridad,

entrar en comunión viene asociado a entender la dicha y la paz,

la Unión es la reconciliación después de la separación,

da miedo, pero es la única liberación,

es el amor.

Capítulo 31. La pareja

 



Dicen los psicólogos que las relaciones de pareja sanas se apoyan en el respeto,

en valorar al otro y respetar sus sentimientos, opiniones, amigos, actividades e intereses,

la pareja se establece de común acuerdo entre dos personas,

basada en el interés y el afecto, y en cuidarse mutuamente.

Durante muchos años, creo que he tenido medias parejas,

con respeto, interés, afecto y cuidado mutuo,

me llenaban en ciertos o muchos aspectos, he vivido mucho, he aprendido mucho,

he sonreído a la vida,

pero no dejaban de estar impregnadas de ansiedad, desesperación, culpa y ataques.

Los ataques y la culpa van unidos,

lo que yo he vivido es “me siento culpable, te ataco a ti para traspasarte la culpa”,

ha sido por ambas partes, y de forma bastante inconsciente,

en cosas nimias y en las grandes cosas,

este juego yo lo he visto en el lenguaje,

con una violencia que nunca es física ni fácil de detectar,

muchas veces coloreado con toques de humor,

disfrazado de confianza con solera por el tiempo común vivido,

y el desarrollo de costumbres comunes y fáciles.

En perspectiva, llego a una muy importante conclusión,

veo que el ataque siempre ha ido hacia mi libertad, mi invulnerabilidad,

y mi capacidad de ver más allá,

no solo molestaba que me gustase dormir con el aire fresco, renovado y frío,

sino que lo que de verdad era atacado era aquello que me hacía erguir mi espalda,

caminar sin mirar hacia atrás y decidir sin dudar.

En esos tipos de relaciones, es muy difícil liberarse y crecer,

es común normalizar esas formas de amar mezcladas con láminas de resentimiento,

confundo el amor con los celos, con la sensación de propiedad,

y con la necesidad de cumplir ciertas necesidades físicas, psicológicas y sociales.

He visto a esa parte de resentimiento hacerse consciente,

y parecía que iba a desaparecer en ese camino,

la mayoría de las veces se convertía en culpa, en mal sentimiento, cargo de conciencia,

pero sin hacer por corregirlo.

La seguridad es un elemento crítico en una relación,

estas relaciones crean la ilusión de seguridad,

es doloroso buscar la seguridad allá donde no está.

Ya no quiero esto.

Al mismo tiempo, otra característica de las medio relaciones es sentir empatía de forma errónea,

es decir, sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento de la otra persona,

pues el sufrimiento es precisamente lo que debo negarme a comprender.

Así, se justifican comportamientos inadmisibles,

el triunfo de la debilidad no es lo que deseo ofrecer,

la verdadera empatía es aquella en la que le permito

que se valga de su capacidad para ser fuerte y no débil,

no trato de ser Su maestro, yo soy el estudiante,

permite que me ofrezca Su fortaleza.

He descubierto que el ingrediente de éxito en una pareja es la indefensión,

una relación es tal en tanto que no me defiendo,

sin defenderme, esto no deja de impresionarme, me siento invulnerable,

y al ser invulnerable tampoco tengo la necesidad de atacar, ni de sentirme culpable,

ni de jugar al juego de la competición,

ni de tener que convertirme en algo especial para ser digno de ser amado.

Ahora creo mucho más en el amor inmutable incondicional,

y mucho menos en las relaciones que están sujetas a tantos cambios y variaciones,

porque si tanto cambian, es que están motivadas por los miedos,

el miedo a quedarme solo, el miedo a necesitar ser especial a los ojos de la sociedad,

el miedo a no ser suficiente para los requisitos de la educación…

el amor y el miedo no van bien en la misma frase.

Además, no puedo amar sólo a algunas partes de la realidad,

y al mismo tiempo entender el significado del amor,

esto me gusta, aquello quiero cambiarlo,

es la actitud pueril de creer que el mundo debe ser de otra manera,

pero como no lo es, me frustro y me salen emociones como la ira, la tristeza o el asco.

La verdadera relación de amor es aquella que se percibe como unión y no como separación,

se siente que se achica hasta desaparecer la distancia hasta el otro yo,

desaparecen los pensamientos privados, para hacerse públicos y compartidos.

En la unidad, la comunicación es perfecta,

no hay que decir las cosas para que se entiendan,

porque si no se entienden de natural,

tratar de convencer será el comienzo del siguiente juego ataque-culpa.

Vivir el instante, dejando al lado el pasado y el futuro es amor,

en el instante se vive la eternidad, y allí no hay nada especial,

no hay otras personas que sean diferentes,

no hay nadie ni nada por lo que competir,

no existe la quimera artificial de ganadores ni perdedores.

Al aparcar el pasado, allí se quedan también los valores,

y sin valores, todas las personas somos iguales y semejantes,

solo entonces se puede empezar a escuchar al corazón.

 

Capítulo 1.6. Mi maestro interior

 



Intento reflejar el camino de mi vida,

no hubiera sido posible sin la pauta generosa de mi Maestro Interior,

esa energía intangible a quien doy la mano para dejarme guiar,

y que me lleva sin duda, sin miedo y sin pausa a lo largo de mi camino.

Tengo la certeza de que este camino de crecimiento, lo he conformado yo,

por supuesto que me han orientado lecturas luminosas,

que he recibido consejos pertinentes por parte de mis profesores y maestros,

y que he admirado el tesón de otros buscadores de sentido,

a cuyo lado he recorrido muchos trechos,

mi impresión es que he sido yo y solo yo quien ha caminado,

guiado por mi intuición, mi Maestro Interior.

Siempre me ha costado un triunfo compartirlo,

he experimentado que todo esto es muy difícil de entender en nuestra sociedad occidental,

demasiado intelectualizada e invadida por necesarias explicaciones lógicas.

Solo puedo evitar la generalizada presencia de la racionalidad,

si despierto al Maestro Interior que llevo dentro y le dejo hablar,

cuando no está tapado, mi Maestro Interior me hace mucho más sabio de lo que creo,

y sé bien qué es lo que se espera de mí y qué debo hacer.

Mi Maestro Interior no me dice nada que no sepa ya,

solo me recuerda lo que ya se,

me pone ante la evidencia real para que sonría,

gracias a él, he descubierto que todo sin excepción es una aventura,

tener un hijo, cultivar una amistad, hacer un viaje… es una aventura,

dar un paseo, leer un cuento o cocinar es una aventura,

cualquier instante, aun el más gris, es una aventura ilimitada,

en lo ordinario, es posible encontrar la aproximación sustancial y milagrosa. 

Lo que siempre he evitado es la rutina,

he buscado la creatividad y la capacidad para vislumbrar y rescatar el descubrimiento,

si no recuerdo el pasado, todo lo que miro es siempre nuevo y diferente,

en mi vida, he buscado con obstinación participar de ese cambio continuo,

que llamo «existencia», como única promesa sensata de felicidad.

Tuve la oportunidad de pasar unos años haciendo trabajo de cooperación en campos de refugiados,

in entrar en detalles, son áreas limitadas donde viven familias durante décadas,

desde un punto de vista occidental, en extrema pobreza, sin agua potable,

sin servicio de basuras, sin sistema de alcantarillado, sin permisos para trabajar,

y muchas veces con sistemas sanitarios y alimenticios insuficientes.

Una tarde de invierno, casi de noche,

llegaba yo con muchas ganas a impartir mis clases de inglés a un grupo de niños de diversas edades,

no estoy seguro de cuánto aprenderían ellos,

pero sí tengo certeza de que yo aprendía mucho más de su idioma local,

y por supuesto, de la vida.

Llegué al campo con mi coche nuevo y mi móvil recién comprado,

allí se quedó el coche aparcado, con el móvil en el salpicadero,

y accidentalmente con la puerta abierta,

las dos horas que yo estuve en el centro social con mis alumnos.

Cuando salí, lo que vi no era creíble a mis ojos,

dentro del habitáculo había niños, muchos niños, una increíble cantidad de niños,

en ese momento no pensé en la tapicería de cuero blanca, pero si en mi móvil,

seguramente no estaría ya.  

Como occidental, en seguida hice la adecuada planificación económica,

con lo que yo había pagado por el móvil,

una familia de refugiados en el campo podría sobrevivir muchos meses,

incluso años,

incluidos hijos, padres, abuelos y algún primo,

mi mente me convenció de verlo como una donación, como cooperación,

como un acto de caridad ante aquellas pobres personas.

Para ser honesto, me encantaba jugar con aquellos niños,

hablábamos, les subía a mi espalda, corríamos, jugábamos,

tanto así que finalmente olvidé el móvil,

y la preocupación racional alrededor del desafortunado malentendido.

Más tarde, después de jugar y compartir un zumo con una de las familias dentro de su hogar,

ocurrió algo que cambiaría para siempre mi sistema de comprensión de la vida,

se aproximó un niño a mí y puso en mi mano el antes ansiado móvil,

me dijo que su abuela nunca había visto uno y había ido a enseñárselo,

se me cayó toda mi educación a mis pies.

Me arrepentí de todos mis pensamientos dementes,

y comprendí en una fracción de segundo que todos los seres humanos somos iguales,

que es una oportunidad de crecimiento sentir que cualquiera se acerca a mí,

y que tendría confianza en las guías de mi Maestro Interior.

Soy un avezado explorador de mi conciencia, y percibí con deleite todos esos cambios,

pero no basta percibir, hay que observar lo que sucede dentro,

he aprendido que cuanto más observo, más acepto,

la observación y la contemplación son motores de cambio,

dos décadas más tarde, tomo nota de ellos para así compartir la transformación de mi biografía.

domingo, 8 de mayo de 2022

Capítulo 30. Mi intuición.

 


Tengo algunas actividades en el día a día que sigo haciendo,

y por las que siento un rechazo.

Siento una falta de coherencia entre lo que hago y quién soy en el mundo,

y lo que algo de mí, en mi interior, parece decirme.

Me pregunto a qué se refiere esa coherencia interna,

que está tan asociada a estar contento.

¿Qué dice mi corazón?

En tanto que ser humano, tengo una habilidad interior, aunque a veces despreciada,

para conocer, entender y percibir de manera clara e inmediata,

que no precisa de la intervención de la razón.

Puedo tomar decisiones sin necesidad de analizar ventajas ni inconvenientes,

comparar posibilidades ni evaluar el impacto,

mi corazón habla, no estoy paranoico.

Por ejemplo, hablamos de la intuición femenina o de alguien que juega y gana en bolsa por intuición,

escucho esa voz interna que me guía y me dice lo que voy a hacer.

Mi corazón no se calla ni debajo del agua,

vivir con mi intuición, me hace vivir puro y rápido,

popularmente lo entendemos como “presentimiento”, “corazonada” o “voz interna”,

es muy diferente de la razón, que usa la lógica y el análisis,

y que necesita tiempo para llegar a una decisión final.

En artes marciales, y en los deportes en general, la intuición es fundamental,

solo aparcando la capacidad de análisis y dando el protagonismo a la intuición,

es posible actuar suficientemente rápido y con coherencia,

lo contrario los convierte en deportes de sillón.

Mi intuición se caracteriza por dar respuestas rápidas y automáticas,

porque usa el contenido del inconsciente para evaluar y reaccionar frente a un estímulo o situación,

sin esperar la reacción racional o consciente,

me permite conocer de inmediato algún aspecto de la realidad que me rodea.

Se me manifiesta a través del cuerpo, con emociones o sentimientos,

mucho antes de que yo pueda describir lo que sucede en palabras.

El tipo de pensamiento que predomina en una persona con intuición es el pensamiento lateral,

soy creativo y flexible,

en la mayoría de los casos no puedo comprender ni explicar de dónde surgen mis conocimientos.

La característica más bella de la intuición es que, gracias a la neuroplasticidad cerebral,

es posible su aprendizaje a través de técnicas como la meditación;

en ese proceso de aprendizaje, el objetivo es identificar esa capacidad y empezar a creer en ella.

Como ser humano sé y conozco,

y la intuición es una capacidad más para el conocimiento,

que equilibro con otros tipos de conocimientos,

como el conocimiento sensitivo, el que proviene de los cinco sentidos,

y el racional, la capacidad de lógica y análisis.

Pero la pregunta es de dónde viene la intuición,

¿Es una pura asociación de experiencias pasadas del individuo?

¿Actúa en base a creencias y valores?

¿Es una entidad de fuera de este mundo que me habla?

¿Es como aprender a escuchar a mi sangre?

Históricamente, la intuición es anterior a la racionalidad en el hombre,

todavía no éramos capaces de relacionar dos ideas diferentes,

y ya escuchábamos esa voz que nos dotaba de sentido al mundo.

Platón y Aristóteles aceptan tanto el pensar intuitivo (nous o noesis),

como el pensar discursivo o dianoia (lógico racional).

Platón destaca el nous como superior,

y a la dianoia le adjudica un lugar secundario que sirve de ayuda para alcanzar al primero.

Aristóteles, por primera vez, recomienda considerar el equilibrio entre ambos,

la coherencia corazón y razón.

Más tarde, en el siglo XVIII,

ha sido objeto de estudio de los filósofos del racionalismo, empirismo y criticismo,

en la actualidad es estudiada por la psicología y la neurología.

Descartes entendía que comprendemos el mundo a través de nuestra capacidad deductiva,

es decir, primero establecemos axiomas, que son creencias básicas,

y segundo, construimos una demostración encadenando axiomas,

muy revolucionario para su época,

la intuición, según Descartes, unida al método deductivo,

sirve de criterio universal para establecer la plena evidencia,

para mi humilde opinión, los axiomas solo llegan a conocerse de un modo puramente intuitivo,

sin demostración posible,

es decir, que sin intuición no hay conocimiento posible.

Para Spinoza, la intuición intelectual denota un conocimiento superior, racional, de la Naturaleza,

conocimiento limpio no obscurecido por las pasiones,

Spinoza consideraba la intuición el “tercer grado” del conocimiento,

el más fidedigno e importante, que aprehende la esencia de las cosas,

su concepto de intuición es a veces mistificado,

a causa de que la intuición significa un conocimiento súbito, instantáneo,

de los fenómenos de la naturaleza,

el hallazgo inesperado de la solución para un determinado problema.

Plotino, San Agustín y después Santo Tomás aceptaron que,

además de existir esa intuición intelectual, otra intuición emotiva,

la que trata de captar el valor del objeto, lo que vale, si es bueno o malo, bello o feo, sublime...

Posteriormente Hume y Fichte introdujeron la intuición volitiva,

la que me permite saber lo que quiero, la que me guía en mi acción.

En el siglo XVIII, Kant describe la intuición intelectual como

aquella que permite conocer directamente realidades, fuera de la experiencia sensible,

capacidad que él rechaza,

considera que intuición es la capacidad que surge ante un objeto dado cuando afecta al espíritu,

sólo la sensibilidad produce intuición,

solamente confía en la intuición empírica y la intuición pura,

la intuición empírica es la que se relaciona con un objeto a través de las sensaciones o fenómenos,

es decir, nuestros sentidos,

no es completa porque los sentidos nos pueden engañar,

a veces, vemos una cuchara dentro de un vaso de agua como quebrada,

cuando en realidad es una sola pieza,

la intuición es pura cuando no pertenece a una sensación y cuando es “a priori”,

antes de que hayamos visto el objeto,

una forma pura de la sensibilidad.

Hacia 1840, el materialismo dialéctico ofrece otra aproximación diferente,

detrás de la intuición está la experiencia, los hechos,

los conocimientos adquiridos anteriormente que, acumulándose imperceptiblemente,

en un determinado grado, presentan “súbitamente” la solución de cualquier problema.

Abarcar intuitivamente la esencia de los fenómenos, hallar la solución de cualquier problema,

sólo es posible gracias a una gran experiencia en el pasado y a profundos conocimientos,

el materialismo dialéctico refuta, pues,

la intuición tratada como una forma especial, divina, innata del conocimiento.

En la tradición alemana idealista, Schelling o Hartman,

la intuición es una facultad especial de meditación interna,

un estado de inspiración en el que el hombre puede, según ellos,

conocer la verdad sin la actividad lógica de la conciencia,

la intuición interpretada de esta manera tiene el carácter de una facultad mística,

del conocimiento irracional.

Los idealistas entienden una facultad de contemplación espiritual,

un estado de revelación que permitiría al hombre conocer la verdad,

sin intervención de la actividad racional, lógica, de la conciencia,

así interpretada, reducen la intuición a una facultad mística, misteriosa, de conocimiento irracional.

Ya en el siglo XX, el francés Henri Bergson lo describe como:

“La simpatía intelectual mediante la que el ser se transporta al interior del objeto,

para coincidir en lo que tiene de único y, en consecuencia, de inexpresable”,

es el modo de conocimiento que capta la realidad verdadera, la interioridad, la duración,

la continuidad, lo que se mueve y hace.

La intuición es el método fundamental de la filosofía moderna,

solo se puede filosofar mediante la intuición,

aprendiendo de esa voz interna que nos habla sobre el mundo y sobre nosotros mismos,

se convierte en método,

desarrollado por los filósofos idealistas como Fichte, Schelling, Hegel y Schopenhauer.

En la fenomenología de Husserl, a la razón le resulta imposible captar el sentido de la vida,

vivida desde la perspectiva humana, desde la duración,

y recurre a la vivencia directa de la misma, a la intuición,

entendida como posibilidad del espíritu humano de acceder al corazón mismo de las cosas.

Husserl se refiere a la «intuición eidética» como conocimiento directo de la esencia,

que no se apoya en los hechos;

al contrario, el conocimiento de éstos requiere el previo de la esencia,

pasando de aquéllos a éstas por medio de la «reducción fenomenológica o eidética».

El psiquiatra Karl Jaspers caracteriza la intuición,

en la actitud intuitiva se ve, se aprehende,

se vivencia el sentimiento gozoso de la plenitud y de lo sin-límite.

Entregándome, contemplo, esperando, aprehendo,

mi ver es vivenciado como experiencia “creativa” del crecer,

resulta claro que mi voluntad, mi finalidad, el consciente trazado de mis metas,

entorpece y estrecha,

“que el ser-dado es una habilidad y don de la propia naturaleza,

mucho más que el mérito del trazado de metas de la voluntad, disciplina y principios,

a no ser del principio de entregarse por de pronto sin cuestionamiento,

cuando el instinto dice que algo debe ser intuitivamente puesto de manifiesto.

La actitud intuitiva no es un veloz mirar hacia algo, sino un sumergirse,

no es corroborado nuevamente con una mirada lo que ya sabíamos,

sino que nos apropiamos de algo nuevo, pleno.”

(Psychologie der Weltanschauungen (PdW), München, Piper, 1985, p. 64-65.)

La instantaneidad y la inmediatez suponen la pareja de la intuición,

lo que intuyo es precisamente de una vez,

suelo tener la intuición de que sé, en un instante, algo determinado,

“se nos aclaró la película”,

“captamos que este lugar no es para nosotros”.

La fotografía capta de un solo golpe el instante,

en el que se retrata todo un conjunto complejo de cosas,

tal vez el rostro de una niña afgana en un campo de refugiados en Afganistán,

bajo las consecuencias de la desolación,

como en la foto de la niña Sharbat Gula, realizada por Steve Curry en 1984.

Lo que descubro mediante la intuición es, en general, algo nuevo,

y por eso no subsumible de inmediato bajo categorías racionales conocidas,

la intuición es inmediata e instantánea, es un sumergirse en el objeto,

perpetuando el instante.

El espacio tiene relevancia ontológica, como lo dice Heidegger en Ser y tiempo,

la racionalidad como actitud mantiene al objeto en una lejanía,

en cambio la actitud intuitiva lo “desaleja”, manteniéndolo en una cercanía,

casi lo incorpora al sujeto que lo conoce,

esa cercanía se percibe como ausencia de espacio y tiempo.

Lo que intuimos es incomunicable,

cualquier tipo de explicaciones no hacen sino rodearlo,

a la actitud intuitiva la caracteriza a su vez una receptividad,

ya que en ella estamos a la espera y entregados a que algo se nos revele.

La intuición permite aprehender cosas, fenómenos, situaciones y asuntos muy complejos,

de una vez, de un solo golpe, como si un rayo de luz nos atravesara,

esa captación de lo esencial, propia de la intuición, requiere de una pasividad,

de un estar entregado a que algo se me revele,

pero, agreguemos, una entrega tal sin esperar algo en concreto,

ya que entonces se daría el peligro de que, con mi expectativa e ilusión,

construyera algo que supuestamente se me está revelando.

Visto de esta forma, de lo que se trata, más que de una receptividad,

es lisa y llanamente de una pasividad,

ya que es ella la que mejor expresa una detención de la actividad,

por sobre todo racional, también emocional del sujeto.

La intuición, en alemán ‘Anschauung’,

es la capacidad que tiene la mente humana de ver unidad en la diversidad,

mientras que la lógica racional me lleva a dividir y separar,

la intuición parece borrar el tiempo y el espacio para verlo todo unido.

¿Quién, así descrita, no querría vivir siempre instalado en la intuición?

¿Quién se conformaría con la versión reducida que ofrece la mente racional?

Y es que el corazón intuitivo y la mente racional ven dos mundos radicalmente diferentes,

incoherentes, difícilmente reconciliables.

La racionalidad ve un mundo de limitaciones atrapado en el espacio y en el tiempo,

en el que el miedo reina y la acción viene motivada por el miedo a la escasez,

todo es invadido por la duda,

es un devenir donde todo cambia todo el tiempo,

y nada tiene esencia más allá de la continua transformación,

esto nos hace sufrir.

Muy diferente, la intuición me presenta una visión estable, eterna,

me muestra el instante y la comunicación profunda,

claridad y concisión,

la intuición solo ve unidad donde la racionalidad ve separación,

es la luz frente a la oscuridad.

La intuición se me muestra como una Voluntad con mayúsculas,

más allá de mi cuerpo y mi comprensión, que me habla, que me dicta, que me lleva de la mano,

y lo hace de forma amorosa.

Es una voz que me habla si aprendo a escucharla,

he descubierto que alrededor del corazón y aparato digestivo,

tengo un número de neuronas mayor de lo que pensaba,

tal vez venga de ese cerebro alternativo esa voz.

La intuición me ofrece una Visión con mayúsculas y un Conocimiento,

que metafóricamente entiendo como luz,

veo una luz envolver el mundo con amor,

y al miedo borrarse de todos los semblantes,

conforme los corazones se alzan y reclaman la luz como suya.

La intuición me es dada a priori, solo por haber nacido y estar vivo,

ahora es el momento de reclamarla,

es el momento de despertar y empezar a creer en ella,

cuando lo siento en mi interior,

florezco como un capullo que estaba esperando el sol,

el momento es ahora.

La intuición es mi timón,

la alarma que me pone en alerta,

cuando los días me atrapan en los quehaceres y mi atención se pierde en lo finito,

¡cuántas cosas detecto cuando me mantengo despierto!

Esa corazonada inerte latente... razón invisible… contiene verdad guardada,

es una idea brillante, constante, que la mente golpea,

esboza verdades,

es fuerza, pureza y franqueza,

nadie ni nada llega a nuestra puerta por casualidad,

leo tus ojos y veo amor y eternidad.



sábado, 7 de mayo de 2022

Capítulo 29. Mis relaciones de pareja – el sacrificio


 

De acuerdo con la terapia Gestalt, detrás de la culpa hay resentimiento,

y detrás de éste, se esconde una exigencia,

el remordimiento es un sentimiento que me puede acompañar durante mucho tiempo,

y hacerme mucho daño a nivel mental y psicológico.

En mis relaciones sentimentales del pasado también me ha ocurrido,

en estas relaciones, he sentido ira y violencia contra mí,

“Ahora dejo de hablarte”, “Ahora te grito”, “Ahora te amenazo”,

“Ahora te pongo una demanda judicial”, “Y es por tu culpa”.

Nulla poena sine culpa, "no hay pena sin culpa".

La culpa, en el Derecho Penal, se refiere a la acción delictiva que se comete,

sin el debido cuidado para evitar el daño, pero sin intencionalidad por parte del sujeto activo,

por el contrario, el dolo supone actuar de manera deliberada e intencionada para cometer un delito,

yo soy inocente.

Si lo siento es probablemente porque lo estoy proyectando,

y eso es lo que yo estoy haciendo con ellos, es como un espejo.

Pasa a veces que veo con claridad algo en los demás,

y me doy cuenta de que en realidad está en mi interior,

antes veo la paja en ojo ajeno que viga de hierro en el mío,

me es imposible digerirlo y decido escupirlo fuera sobre otras personas.

¿Estoy yo intentando obtener algo y mantengo al dador aferrado mediante la culpa?

¿Creo que la separación, la ira y la violencia gana amigos?

¿Creo que puedo conservarlos haciéndoles sentir culpables?

¿Me debería percatar ya de que es lo que estoy haciendo?

Cuando sea capaz de crear consciencia sobre el mecanismo culpa-atracción,

esta extraña relación se convertirá en una atracción enfermiza y poco atractiva,

cambiando o disolviéndose.

Lo que antes era real y sólido, ahora deja de ser interesante y pide abandonar, al no ser ya valioso,

es una monstruosidad y no le corresponde estar en mi mente sana,

antes mi violencia parecía protegerme, creaba distancia y separación, ahora se hace la luz.

He tenido últimamente un episodio de extremada violencia contra mí,

con gritos, amenazas y denuncias judiciales,

he llorado y me ha provocado un ataque de ansiedad,

en ese momento de sanación, he roto la cadena que me unía a la culpa,

dejo de pensar que la violencia viene de su parte y dejo de culpabilizarlos,

dejo yo de proyectar mi culpa,

dejo yo de ser culpable para ser inocente.

Aprendo lo que significa el sacrificio,

si me sacrifico a mí mismo me engrandezco, considero que así me purifico,

ésta es probablemente la creencia básica más dañina que yo he tenido,

lo es porque, a manera de colateral, me ha generado resentimiento en el proceso,

a veces incluso un amargo rencor,

he empezado queriendo salvar a los demás y he acabado desarrollando un resentimiento hacia ellos,

lo veo en mi al haber creído sacrificar mi vida por los demás,

sin éxito. 

Al sacrificarme y sentir resentimiento, aparece una necesidad de ataque,

eso sí, mezclado y edulcorado con expresiones de amor,

y hacer sentir culpable a otro es un ataque directo, aunque no parezca serlo.

“Te he dado los mejores años de mi vida”,

“te he dado las decisiones más importantes de mi vida”,

las he oído en mi familia, pero también podrían ser palabras mías.

Me siento culpable y culpabilizador,

al sentirme culpable, espero ser atacado, y habiendo pedido eso, me siento atraído por el ataque,

el ataque constante se hace vicio,

y las relaciones devienen tóxicas.

En tales relaciones enfermas,

la atracción de lo que no deseo parece ser mucho mayor que la atracción de lo que sí deseo,

el ego se antepone al amor,

cada uno piensa que ha sacrificado algo por el otro y lo odia por ello,

en lugar de estar enamorado, estoy enamorado del sacrificio que yo hago.

Este es el juego: Por este sacrificio que me impongo a mí mismo,

exijo que el otro me acepte la culpa y se sacrifique a sí mismo también, cerrando así el círculo.

Un hercúleo “te perdono” rompe este círculo vicioso,

y para ello hay que tener confianza en que perdonar no rompe la relación,

perdonar no rompe,

o sí la rompe, pero probablemente para después poder reconstruir una relación de amor de verdad,

tal vez hay que perder el miedo a romper.

Es necesario romper la creencia de que la culpa mantiene a todas sus relaciones intactas,

continuamente atacando y negando el perdón.

Una relación no está intacta solo porque lo cuerpos estén juntos,

pues pensamiento y sentimiento importan.

Para el Ego, mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz,

para él, la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir,

todo aquello que hace que el otro se sienta culpable,

y que le impida irse debido a la culpa es "bueno",

lo que lo libera de la culpa es "malo",

pues dejaría de creer en la cercanía de los cuerpos y se marcharía.

La unión se basa en el sacrificio y el sufrimiento,

me casé con violencia y miedo a la soledad,

probablemente, creía que mitigaba mi culpa proyectándola en la otra,

quizás, atacaba y hería con temas sin importancia, de forma inconsciente,

y exigía el sacrificio de ella.

Tal vez, la violencia y la ira se convirtieron en el mecanismo de relación,

y al formarse la unión en el Altar, creí que tenía el derecho,

la furia fue mucho mayor.

Estar con un cuerpo no es estar en comunicación,

era una locura creer que yo iba a ser abandonado si me comunicaba verdaderamente,

me encontraba a salvo en el miedo,  

y en peligro cuando me comunicaba,

pensaba que la soledad se superaba mediante la culpa,

y que la comunicación honesta y auténtica era causa suficiente para la soledad.

Ya no queda nada de aquello,

quiero crecer de la condenación y la culpa a la comunicación verdadera y el perdón,

y vivir el instante, porque en el aquí y ahora la culpa no es atractiva.

Al haber comunicación no hay soledad,

he dejado de decir “lo siento” y “perdóname”, para decir “te perdono”,

la culpa es como un saco de ladrillos: solo hay que descargarlo.

Ya sé lo que es descargar mi culpa, he experimentado un instante indescriptible,

un instante eterno,

ha sido indescriptible porque así lo hemos deseado dos personas, nosotros,

y la grandeza nos lo ha regalado,

ha sido como si se obrase a través de nosotros.

Podemos vivir un instante indescriptible para siempre,

empezando desde ahora hasta la eternidad,

que cada momento sea de recibir y dar perfecta comunicación,

que en cada momento nuestra mente sea receptiva, tanto para recibir como para dar,

nuestras mentes están en comunicación,

sin tratar de cambiar nada, sino simplemente aceptando todo.

Me ha gustado mucho que entre nosotros no ha habido pensamientos privados,

hemos renunciado a ellos,

no hemos tenido pensamientos que no hayamos compartido,

y los que yo he tenido no me los he reservado exclusivamente para mí.

No sería posible compartir solo la mitad y quedarme con pensamientos que no deseo compartir,

así es la comunicación completa.

A veces hemos tenido pensamientos de culpa molestos, no pasa nada por tenerlos,

pero lo bonito es que no hemos deseado conservarlos privados,

eso es inocente.

No quiero ocultarte nada,

me encanta cuando me preguntas qué estoy pensando,

me ayuda a dejar de proteger pensamientos que podría negarme a compartir sin darme cuenta,

es mejor dejar que la pureza de nuestra relación los desvanezca con su fulgor,

deseo que no seamos rehén de nada ni de nadie.

Hemos empezado un largo viaje juntos tú y yo.

 

Un amor con límites es solo una ilusión innecesaria, el amor incondicional no tiene límites.

Tú me ayudas mucho a ser auténtico y puro en mi ser. Muchas gracias.

 

 

Capítulo 28. Mis relaciones con los demás – la proyección y el espejo

 



Hoy es luna llena y en la tradición del Tao significa la Verdad absoluta,

es paz, serenidad y fortaleza, también la unidad.

La unidad con mayor fortaleza es la unión con los padres,

y con los míos hay una profunda relación de amor,

ellos estaban ahí para traerme a este mundo,

crearme ese andamio “scafolding” que significa alimentación y cobijo,

vivieron mi adolescencia y observaron cómo desplegaba las alas para volar a la vida,

bendiciéndome.

Crecer es dejar de culpar a mis padres y de sentirte víctima,

independientemente de si ellos lo hacen bien o lo hacen mal,

sin juzgar, sin ser ni reo ni juez,

entro en mí y en lo que yo percibo,

hago como si ellos no existieran y solo existiera mi mente.

Necesito saber si, inconscientemente, soy yo quien les está echando la culpa,

y si soy yo quien está generando la violencia hacia ellos,

aunque percibo que son ellos, que ellos me culpan violentamente de sus miserias.

Hoy pongo en duda mi percepción, pues sé que engaña,

sé que mis experiencias siempre vienen determinadas por mi forma de ver y entender la vida,

por mis creencias y las creencias de mi sistema familiar.

Mi percepción me dice que ellos se han sacrificado por mí,

y por tanto, en su frustración, me atacan y me exigen,

pero quizás, soy yo que les estoy atacando al sentirme que me sacrifico por ellos.

Tal vez soy yo quien está generando la relación distante,

a pesar de que lo percibo por su parte.

¿Yo me sacrifico por ellos? 

¿Qué parte de mí se ha sacrificado en mi niñez y adolescencia,

y se sigue sacrificando y qué parte es mi esencia?

¿Por qué yo no conecto en pensamientos y sentimiento con ellos?

¿Les puedo perdonar?

Mi niño interior vivió a menudo el conflicto de querer algo,

pero necesitar comportarse de forma diferente,

y esa era una vivencia dolorosa.

La educación es necesaria porque vivimos en sociedad,

y los comportamientos deben ser modulados hacia zonas de convivencia posibles,

sin embargo, en la mente poco formada de un niño, es percibida con dolor y desagrado.

Hasta hoy, tengo la percepción de una relación especial con mis padres,

basada en la culpabilidad,

comunicarme con ellos me produce una sensación inequívoca de culpa,

soy consciente de que nada debo, nada he hecho mal intencionadamente,

ni nada racional apoya el hecho de que yo no sea suficiente,

pero, me siento culpable.

Cuando ellos me envían la culpa, así como si fuera un regalo,

yo, primero, asumo mi cuota de responsabilidad,

y evalúo mi error, lo acepto y aprendo de él,

trato de afrontar la situación con objetividad,

entender que todo forma parte del aprendizaje,

comprender la complejidad de las circunstancias,

y en algunos casos incluso pedir disculpas si es necesario,

así como corregir mi negligencia e imprudencia en mis acciones,

con mucha dosis de empatía hacia los ellos,

y a cómo pueden sentirse como consecuencia de mis actos,

y me sigo sintiendo culpable cuando nos comunicamos,

y creo que ellos intentan a través de mi culpabilidad,

mantener la relación conmigo para que yo no me pueda ir

si yo lo hago todo mal, me tengo que quedar para redimirlo.

Siento que me culpan de su propio sufrimiento,

de mi escasa capacidad para educar a mis propios hijos,

de mi equivocada comprensión sobre lo que es la vida,

de las decisiones erróneas que tomo,

y de un conjunto de cosas de las que no soy consciente,

pero que voy poco a poco dándome cuenta.

Tengo la sensación interna permanente con ellos de haber hecho algo malo,

de ser mala persona, de hacer daño a los demás,

de haber infringido alguna ley, principio ético o norma,

tanto en situaciones reales como imaginarias,​

produciéndome un malestar continuado.

No es sano sentirme juzgado ni que yo juzgue a nadie,

cada uno está en su búsqueda de su camino de liberación y piensa y obra en esa dirección,

todos estamos en ese camino y caminamos unidos de la mano,

suspender el juicio, abstenerse de juzgar, es la verdadera prueba de amor hacia ellos.

Me pongo en el lado de la víctima ante ellos,

siento que ellos tienen conmigo una relación que se deriva del ego y la culpa,

no basada en el amor incondicional, laxa por definición,

como padres, yo he esperado generosidad muchas veces,

pero he visualizado interés y manipulación.

Hoy a mí me toca trabajar una mochila de culpabilidad que mi padre ha decido tirarme,

¡qué regalo!,

me ha llamado esta mañana para recordarme lo mal padre que soy dejando a Manuel solo en casa,

yo soy inocente, no hago más que cuidar bien de mis hijos,

con todo respeto le devuelvo su mochila y yo la dejo ir,

“te perdono, papá”.

Si soy auténtico y puro en mi ser:

“Gracias por tratar de hacerme sentir culpable, papá,

porque nunca más cambiaré de rumbo para intentar complacerte.”,

crecer es dejar de culpar a los padres.

Capítulo 27. Aquí y ahora

 



Cuanto más difícil es el mundo,

más fuerte siento la necesidad de liberarme y abrir la puerta del ahora,

concentrar mi foco mental en mi aquí y ahora.

Decían en China que ellos no tienen psicólogos,

y lo justifican diciendo que no tienen depresión,

cuando yo pregunté qué entienden como depresión me contestaron algo muy esclarecedor,

que la depresión es un exceso de pasado en el individuo.

Ellos no parecen sufrir ese pensamiento constante y vicioso,

que me hace revivir las malas experiencias del pasado una y otra vez,

en forma de tortura sin solución.

Asimismo, tampoco tienen ansiedad ni estrés,

en China se entiende como exceso de futuro en el individuo,

tampoco parecen tener ese miedo constante a la incertidumbre, al riesgo, al qué pasará.

Solo existe el aquí y el ahora.

En todas las filosofías orientales y muchas occidentales,

se pone el énfasis fundamental y foco en el aquí y ahora,

sin permitir a la mente divagar hacia otros pensamientos ilusorios imaginados del pasado y el futuro.

Conquistar el ahora tiene muchos beneficios, como la ausencia de miedo,

solo es posible sentir miedo al recordar el pasado o proyectar el futuro,

y como dicen en China, la curación de la depresión, la ansiedad y el estrés.

Algunos teólogos dicen que quizás el ahora sea un sinónimo de Dios.

Eckart Tolle, en el Poder del Ahora, lo expresa como una oda a los sentidos,

entiende que la forma de estar en el ahora supone poner foco mental,

en uno o varios de los sentidos, la vista, el oído, el tacto, … para percibir la realidad,

sin mente, solo los sentidos desnudos.

Significa que, si utilizamos la memoria para percibir,

estamos leyendo lo que la memoria dice sobre el pasado,

y no vemos la realidad de aquí y ahora.

Leer el pasado implica una proyección al futuro;

en él no podemos hacer nada, es solo fuente de ansiedad.

Todo lo que se proyecta al futuro se ve como incertidumbre y como impotencia,

no hay nada que hacer, no se puede cambiar, no es posible diseñar el futuro,

de ahí la sensación de dolor y sufrimiento permanente.

El sufrimiento viene de la mano del miedo,

no poder hacer nada da miedo, al vernos sujetos pasivos de la vida,

fardos en la montaña rusa.

De forma parecida a como ocurre con el futuro,

vivir excesivamente en el pasado nos hace sentir la impotencia de cambiarlo,

lo revivimos, pero no podemos modificarlo,

querríamos, nos empeñamos en haber dicho otra frase o haber actuado de manera diferente,

y eso da miedo y depresión, a la larga enfermedad.

Es solamente en el ahora donde, una vez instalados, podemos reaccionar,

lanzar nuestros automatismos corporales,

ver, sentir e incluso actuar para cambiar las cosas y hacer que el mundo sea diferente.

El poder del ahora es el poder de la felicidad,

la atención plena y el mindfulness son técnicas que tienen este objetivo,

una de las técnicas es la respiración,

concentrarme en la respiración implica empezar a mirar hacia dentro,

y dejar de mirar en la memoria, evadiendo el pasado y el futuro,

por eso la respiración trae ese estado de meditación,

que incluso los científicos son capaces de medir como un cambio de constantes vitales,

la expresión electromagnética del cuerpo cambia en estado de meditación,

la meditación genera y cambia el estado de ánimo,

la meditación es el ahora.

Otras técnicas Vipassana incluyen, por ejemplo,

concienciarse de las distintas partes del cuerpo, desde los dedos de los pies a la frente,

hacerse consciente de lo que está pasando en cada elemento del cuerpo,

se potencian los sentidos,

se da valor y realidad a los mensajes que recibimos de nuestros sentidos,

ignorando aquellas capacidades mentales que nos están apuntando hacia el pasado y el futuro.

A un sabio le preguntaron:

“¿qué puede hacer un sabio como tú que no pueda hacer cualquier otra persona?”

Y el anciano le contestó: “Cuando yo como, solo como. Cuando duermo, solo duermo.

Y cuando hablo contigo, solo hablo contigo. Eso es todo.”

Parece que eso también puedo hacerlo yo, pero no es obvio,

cuando duermo, pienso en lo malo del día o en lo que espera la mañana siguiente,

cuando como, estoy pensando qué hacer más tarde,

y cuando hablo, pienso qué respuestas daré en lugar de escuchar,

para ser sabio, el secreto está en vivir cada momento del presente,

ser consciente de lo que vives y así poder disfrutar de cada minuto de la vida.

Esto no se entiende con la mente racional sino más bien con la intuición última,

que los humanos tenemos en tanto que humanos.

Es fascinante darme cuenta de cuánto tiempo paso dedicado al pasado y al futuro,

y cuánto de poco vivo la realidad que tengo delante.

En general, mi mente está absorbida con pensamientos del pasado,

en realidad, nadie ve nada,

lo único que ve son sus propios pensamientos proyectados afuera,

por eso, la mente no puede captar el ahora.

El único pensamiento completamente verdadero que se puede tener acerca del pasado,

es que no está aquí ni ahora,

pensar acerca del pasado, por lo tanto, es pensar en ilusiones inventadas.

Según Helen Schucman, el poder del ahora es sanar el pasado y liberar el futuro,

permitir que el presente se acepte tal como es, como un regalo,

el único tiempo que queda es el ahora,

aquí y ahora es donde el mundo queda liberado,

pues al dejar que el pasado quede cancelado y al liberar el futuro de los viejos temores, yo encuentro escape.

El pasado es un enorme monstruo temible,

es una gran ilusión sin existencia actual,

me ataca cuando me despisto,

¿y quién se defendería a sí mismo a menos que se creyera atacado?

me defiendo del pasado y eso es insensato,

le otorgo absoluta realidad al pasado,

intento lidiar con mis atacantes como si fuesen reales.

Vivir el ahora requiere reconocer que vivo defendiéndome de ataques imaginados,

como Quijote cuando ve monstruos en los molinos de viento.

Lo mismo hago cuando trato de planificar el futuro,

reactivar el pasado y organizar el presente de acuerdo con mis deseos,

actúo basándome en la creencia de que tengo que protegerme de lo que está ocurriendo,

porque ello encierra una amenaza para mí,

nadie andaría por el mundo cargando con una pesada armadura,

si no fuese porque el terror le encoge el corazón,

porque ve un malvado detrás de cada esquina.

La confianza me salva del monstruo,

es la única defensa que me promete un futuro tranquilo,

sin ningún vestigio de sufrimiento y lleno de un júbilo,

que es cada vez mayor, a medida que esta vida se vuelve un instante bello,

solo la confianza puede dirigir el futuro con dignidad,

el eterno presente.

¿Por qué me empeño en no atender mi aquí y ahora?

Me cuesta un triunfo estar en el ahora,

para mí, la gran dificultad para vivir el ahora es la culpabilidad,

actúa de forma que trae el pasado al presente, y lo hace con muy poderosa fuerza,

y así asegura la continuidad, haciendo que el futuro sea igual que el pasado.

Dicho de otra manera, la culpa,

la noción de pagar por lo que he hecho en el pasado, en el futuro,

hace que el pasado se vuelva el factor determinante del futuro,

ahí no hay hueco para el ahora,

que se queda tan sólo una breve transición hacia el futuro,

la culpa me lleva a interpretar el presente en función del pasado,

y a llevar el pasado hasta el futuro,

un futuro sin valor.

En esta forma de vivir sin ahora, donde el ahora no significa nada,

persisto en recordar viejas heridas,

en reaccionar reiteradamente ante ellas como una vez lo hice,

siento un rechazo fuerte a liberarme del pasado,

y un intento de proteger la imagen propia,

reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí y fuera muy valioso,

no me puedo desapegar de él porque es muy valioso.

El pasado me dicta mis reacciones hacia aquellos con los que me encuentro,

tomando como punto de referencia el pasado,

empañando así la realidad actual.

A veces incluso reacciono ante algunas personas como si se tratase de una persona diferente,

y esto sin duda impide conocerlas tal como son,

podría, por ejemplo, sentir ira contra alguien nuevo a quien conozco con bigote,

solo porque un día tuve un profesor con bigote que no me consideraba en clase,

sin querer suplantamos su personalidad en nuestra mente, dejamos de ver con los ojos.

¿Y qué es lo peor? Que me niego a mí mismo el mensaje de liberación,

que cada persona me ofrece en el ahora,

porque yo creo que las personas y las situaciones llegan para traer un regalo,

la oportunidad de sanar algo en mí,

en tanto que esas personas, algo relacionado con quien me trae el regalo,

pero también sobre otras del pasado,

a quienes indirectamente relaciono por razones inconscientes.

Cuando algo me duele o me molesta en una situación, hay dos formas de enfrentarlo,

una es con ira, enfado y queja,

otra es preguntarme cuál es la causa de ese dolor y qué hay de trauma en ello,

y por fin cómo es posible sacar al consciente algo que estaba en el inconsciente.

Mi reacción en la situación concreta viene en forma de sombra,

esa sombra que sale al consciente es algo valioso que hay que sanar,

es mi niño interior hablando,

y no es real, sé que no puede ejercer dominio sobre mí ahora,

esas ilusiones, delirios, espejismos y quimeras me incitan a atacar ahora,

como represalia por un pasado que no existe,

y no existe porque fue formado por un niño pequeño en el miedo y con su cerebro sin formar,

o en una situación sin conciencia ni análisis,

y en una circunstancia muy diferente del ahora.

Si no veo esto y decido defenderme,

es una decisión que una vez más acarreará dolor en el futuro,

es crucial aprender que todo el dolor del pasado es una ilusión, una ofuscación, una alucinación,

me he construido esa novela por un engaño, es ficción, un espectro irreal.

Aprendo a dudar,

en Descartes adquiere un carácter metodológico,

al conferir a la verdad sólo un valor provisional,

en tanto no se alcance alguna verdad de la que no se pueda dudar.

Me obligo a ver la incertidumbre ante la verdad o falsedad de un enunciado sobre mi pasado,

los escépticos griegos consideraban la duda como la condición suficiente para suspender el juicio.

Hago un elogio a la duda,

dudar es sospechar de cómo interpreté los recuerdos del pasado,

para darle una oportunidad a la verdad,

tener el coraje de la verdad,

esa es la duda filosófica.

En la duda y la sospecha, dejo de conservar mis pesadillas,

y puedo despertar y darme cuenta de que pertenecen al pasado.

El propósito del tiempo es que éste finalmente se haga innecesario,

la función del tiempo es temporal,

ya que el ahora es lo que más se aproxima a la eternidad en este mundo,

en la realidad del "ahora", sin pasado ni futuro,

es donde se puede empezar a apreciar lo que es la eternidad,

así lo pensé cuando enseñaba Cálculo Infinitesimal para Ingenieros.

¿Qué hago? La sanación no se puede llevar a cabo en el pasado,

tiene que llevarse a cabo en el ahora para así liberarme del futuro,

tengo que encontrar mi ahora.

Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad,

a través de la conciencia de la propia realidad,

para que esto tenga lugar no debe haber ninguna ficción,

percibo a los otros solamente como se ven ahora, ahora mismo, en este instante.

Pongo muchos esfuerzos y mucha meditación,

en repasar lo que veo en el ahora,

y reconocer si recuerdo el pasado cuando contemplo o percibo la realidad que está aquí ahora.

Lo que estoy percibiendo, ¿viene de mis ojos o de mi memoria?

Consideramos "natural" utilizar las experiencias pasadas,

como punto de referencia desde las que juzgar el ahora,

la Estadística nos permite cuantificar el pasado y pretender predecir el futuro,

pero todo esto, con todo el respeto, no me sirve a mi para disfrutar de mi ahora,

cuando observo a la culpa cumplir su función de ocultar mi realidad,

siento necesario renacer, abandonando el pasado y contemplar el ahora sin condenar.

Dudar el pasado puede llevar a comenzar a ver al otro libre de su pasado,

y percibirlo como que ha renacido,

y, puesto que compartimos pasado, compartimos también esa liberación,

ellos se liberan y yo me libero.

Eso es dejar los juicios y la condenación.

En el ahora no hay juicio,

se encierra lo único que es verdad eternamente,

en el ahora, se encuentran todas las cosas que son eternas, las cuales son una,

el ahora me muestra a mis hermanos bajo una luz que me uniría a ellos,

escribo en todas las pareces que me rodean la palabra “ahora”,

me la tatúo en el brazo.