martes, 27 de julio de 2021

El niño interior

 


1.    Motivación

Voy en este texto a describir mi vivencia con mi niño interior a través de meditaciones guiadas. He experimentado con resultados sorprendentes, entre otras las siguientes meditaciones guiadas disponibles públicamente en Internet.

Poderosa curación del niño interior.

https://www.youtube.com/watch?v=Kyy8woIu-SE

Claves para estar en paz con tu infancia

https://www.youtube.com/watch?v=n7ZNepgPheI

Hipnosis Meditación Para Dormir Y Sanar El Niño Interior

https://www.youtube.com/watch?v=m8aIwuot-Zk

Impresionante Meditación guiada "El niño interior". ¿Qué me pasa?

https://www.youtube.com/watch?v=2WgmTVUczME

Sana a tu niño interior para que sanes tu alma

https://www.youtube.com/watch?v=PwuJUxVQZfc

Inner Child Meditation for Codependency, Lack of Self Love and Negative Programming

https://www.youtube.com/watch?v=8779P4rim80

Heal Your Inner Child

https://www.youtube.com/watch?v=3kgjLAGAtjg

Hypnosis for Meeting Your Inner Child

https://www.youtube.com/watch?v=7_bAQi0Yr68

 

En mi día a día experimento ciertas situaciones donde se reflejan asuntos no resueltos de mi niñez, cuyo impacto psíquico y emocional paralizan y limitan ciertos espacios de mi vida.

Estas a su vez y siguiendo un patrón de conducta y creencias adoptados en la infancia,  que en su momento servían como escudo protector, me llevan  a pensamientos y conductas determinadas no deseadas, pero que inevitablemente suceden.

Estas emociones son de diferente índole, dolor, enfado, miedo, desconfianza, etc... Por eso, mi motivación máxima es reestructurar estas creencias y pensamientos, y por consiguiente las emociones, con la finalidad de disminuir la cantidad de momentos desagradables.

Por ejemplo, reconozco que tengo pensamientos en los que otros me atacan. También me siento abandonado cuando no logro el nivel de atención de los demás que necesito. A veces duermo mal porque mis pensamientos y angustias tienen demasiada presencia, y crea desasosiego.

Mi impresión es que esto sucede cuando a lo largo de mi vida he construido frases, unas las he oído y otras son resultado de miss acciones y experiencias. Se han ido asentando hasta el punto de que soy inconsciente de la existencia de muchas de ellas o están tan automatizadas como si fuera una máquina previamente programada.

Para mí, son la base de mis decisiones, mis acciones, mis frustraciones y mis miedos.

En este trabajo, voy a revisar el rol que juegan mis creencias, su impacto y su relación con la percepción, esa capa intermedia entre la realidad y nosotros.

Esas creencias disfuncionales las creé yo, sobre todo en mi infancia, desde mi nacimiento hasta la adolescencia. Por tal motivo enfoco el trabajo en la relevancia del Niño Interior y su impacto en mi vida presente y futura.

Finalmente voy a describir unas líneas terapéuticas para poder ayudar a otras personas a ser conscientes y a sanar temas parecidos a los que yo he experimentado.

La aproximación terapéutica que yo considero eficaz es cuadruple:

  • 1.       Primero el desarrollo del elemento niño interior;
  • 2.       Por otro lado la práctica de PNL, Programación Neurolingüística;
  • 3.       El trabajo en psicología transpersonal de Grof; y
  • 4.       También la práctica de la meditación guiada.

La programación neurolingüística es un modelo dinámico que trata de explicar cómo funciona el cerebro humano y cómo procesamos la información que nos llega al mundo que nos rodea. Sus creadores, Richard Bandler, John Grinder y Frank Pucelik sostienen que existe una estrecha conexión entre los procesos neurológicos, el lenguaje y los patrones de comportamiento aprendidos a través de la experiencia, afirmando que éstos se pueden cambiar, con la finalidad de mejorar la calidad y efectividad de la vida.

2.    El niño interior

El desarrollo de este apartado sobre el niño interior se basa en el trabajo de Stefanie Stahl. Stef es psicóloga titulada en Alemania y trabaja en la práctica privada en Trier. Sus áreas de especialización incluyen el miedo al apego, el fortalecimiento de la autoestima y el trabajo con el niño interior. Ha escrito numerosos libros de éxito como "¡Sí y no!" o "¡La vida también puede ser sencilla!".

Todo el mundo necesitamos un lugar donde sentirnos seguros, protegidos y bienvenidos. Todos anhelamos un lugar donde poder relajarnos y donde poder ser nosotros mismos. Idealmente, mi propio hogar paterno-materno era un lugar así. Cuando nos hemos sentido aceptados y amados por nuestros padres, hemos tenido un hogar cálido.

Mi hogar era exactamente el hogar que todos anhelamos: un hogar reconfortante. Interiorizamos este sentimiento desde la infancia, de ser aceptados y acogidos, como una actitud fundamentalmente positiva ante la vida que también nos acompaña como adultos. Nos sentimos seguros en el mundo y en nuestra vida, tenemos confianza en nosotros mismos y también podemos confiar en otras personas.

Se habla de la confianza básica. Esta confianza básica es como un hogar en nosotros mismos, porque nos brinda apoyo y protección internos.

Algunas personas asocian la mayoría de los recuerdos desagradables con su infancia, algunos incluso traumáticos. Otras personas tuvieron una infancia infeliz, pero dejaron de lado esas experiencias. Apenas pueden recordarla.

Otros piensan que su infancia fue "normal" o incluso "feliz", lo que, sin embargo, al examinarlo más de cerca, resulta ser un autoengaño. Pero incluso si has reprimido las experiencias de incertidumbre o rechazo en la infancia, la vida cotidiana muestra que la confianza básica de estas personas no es muy pronunciada.

Tienen problemas con su autoestima, dudan repetidamente si a la otra persona, a su pareja, al jefe o al nuevo conocido les agradan de verdad y si son bienvenidos. No se quieren demasiado a sí mismos, sienten muchas inseguridades y, a menudo, tienen dificultades en las relaciones. No pudieron desarrollar la confianza básica y, por lo tanto, sienten poco apoyo interno.

En cambio, quieren que los demás les den una sensación de seguridad, protección y hogar. Buscan un hogar con su pareja, sus compañeros, en el campo de fútbol o en los mall los domingos. Y siempre se sienten decepcionados cuando otras personas, en el mejor de los casos, pueden transmitirles esporádicamente una sensación de hogar. No se dan cuenta de que están atrapados: si no tienes un hogar dentro, tampoco la encontrarás afuera.

Cuando hablamos de nuestras huellas de la infancia, que, además de nuestra estructura genética, determinan fuertemente nuestra naturaleza y nuestra autoestima, hablamos de un componente de la personalidad al que en psicología se hace referencia como "el niño interior".

El niño interior es, la suma de nuestras huellas infantiles, buenas y malas, que hemos experimentado a través de nuestros padres y otros cuidadores. La gran mayoría de estas experiencias no se recuerdan a nivel consciente.

Están escritos en el inconsciente. Por tanto, se puede decir: el niño interior es una parte esencial de nuestro inconsciente. Son los miedos, las preocupaciones y las penurias que hemos vivido desde la niñez. Y al mismo tiempo también están todas las influencias positivas de nuestra infancia.

Son principalmente las huellas negativas las que a menudo nos causan dificultades como adultos. Porque el niño que hay en nosotros se esfuerza a muerte en asegurarse de no tener que revivir las heridas que le fueron infligidas en su niñez.

Y al mismo tiempo, todavía se esfuerza en que se cumplan sus deseos de seguridad y reconocimiento, que fueron descuidados en su infancia. Los miedos y anhelos operan en el subsuelo de nuestra conciencia.

A nivel consciente, somos adultos independientes que damos forma a nuestras vidas. Pero nuestro niño interior tiene una influencia decisiva en nuestra percepción, sentimiento, pensamiento y actuación a nivel inconsciente. Mucho más fuerte que nuestras mentes, de hecho.

Ignorar al niño interior es motivo de muchos apuros en las relaciones de pareja. En muchos trances, si conocemos las conexiones, podemos ver que no son los adultos los que resuelven un conflicto con confianza en sí mismos, sino que son los niños internos que luchan entre sí.

Y también en el resto de las relaciones personales. Por ejemplo, si un empleado reacciona a las críticas del jefe, renunciando al trabajo. Ignorar al niño interior hace que muchas personas se sientan insatisfechas consigo mismas y con su vida, surgen conflictos entre las personas y, a menudo, pueden escalar su violencia de manera descontrolada.

Incluso aquellas personas cuya infancia fue predominantemente feliz y que han adquirido una confianza básica, por lo general no pasan por la vida completamente libres de preocupaciones y problemas. Su niño interior también ha experimentado ciertas heridas.

Porque no hay padres perfectos ni infancias perfectas. Además de nuestras huellas agradables, también hemos heredado partes difíciles de nuestros padres, lo que nos causa problemas más adelante en la vida. Puede que nos resulte difícil confiar en personas ajenas a nuestra familia.

O no nos gusta tomar grandes decisiones. O preferimos quedarnos por debajo de nuestras posibilidades a colgarnos demasiado lejos de la ventana. Pero en cualquier caso, las huellas negativas de la infancia nos limitan, entorpecen nuestro desarrollo y también nuestras relaciones.

En última instancia, lo siguiente se aplica a casi todo el mundo: sólo cuando conozcamos y hagamos amistad con nuestro niño interior, experimentaremos los profundos anhelos y heridas que llevamos dentro. Y podemos aceptar esta parte herida de nuestra alma e incluso curarla hasta cierto punto.

Nuestra autoestima puede crecer como resultado, y el niño dentro de nosotros finalmente encontrará su hogar. Este es el requisito previo para que nuestras relaciones con otras personas sean más pacíficas, amistosas y felices. Y también es un requisito previo para poder romper con relaciones tóxicas para nosotros o que incluso nos enferman.

Necesitamos conocer nuestro niño interior y hacer amistad con él. Necesitamos deshacernos de los viejos patrones que nos llevan constantemente a callejones sin salida y a la infelicidad. Necesitamos encontrar actitudes y comportamientos nuevos y útiles que hacen nuestra vida y nuestras relaciones más felices.

Veremos que PNL es una herramienta muy potente para reprogramar la mente, es decir, sustituir algoritmos establecidos anteriormente por esquemas más adaptados a nuestras situaciones actuales.

3.  El niño sol y el niño sombra

En la superficie de nuestra conciencia, nuestros problemas a menudo parecen confusos y difíciles de resolver. A veces también nos resulta difícil comprender las acciones y los sentimientos de otras personas. No tenemos la perspectiva correcta, ni con nosotros mismos ni con los demás.

La psique humana en realidad no es tan complicada. En realidad, hay partes de niño en nosotros y partes de adulto, y hay un nivel consciente e inconsciente de nuestra psique.

Si aprendemos esta estructura de nuestra personalidad, podemos trabajar con ella conscientemente y resolver muchos de nuestros problemas que antes parecían irresolubles.

El "niño interior" es una metáfora que describe las partes inconscientes de nuestra personalidad que se formaron en nuestra infancia. Nuestra vida emocional está asignada al niño interior: miedo, dolor, tristeza, ira, pero también alegría, felicidad y amor. Así que hay partes positivas y felices del niño interior, así como partes negativas y tristes.

También está el ego adulto, que opcionalmente también se conoce como el "adulto interior". Esta instancia psíquica comprende nuestra mente racional y razonable, es decir, nuestro pensamiento. En el modo del ego adulto podemos asumir la responsabilidad, planificar, actuar con previsión, reconocer y comprender las conexiones, sopesar los riesgos, pero también regular el ego del niño. El ego adulto actúa consciente y deliberadamente.

Sigmund Freud fue el primero en dividir la personalidad en diferentes instancias. Lo que se llama niño interior o yo infantil en la psicología moderna se llamaba el ello para él. Freud se refirió al ego adulto como el ego. Y luego también describió el llamado superyó. Ésta es una especie de autoridad moral en nosotros, que en la psicología moderna también se conoce como el ego de los padres o el "crítico interno".

Stef subdivide estas tres instancias principales de la niñez, el adulto y el yo progenitor en otras sub-instancias, el niño interior feliz (el niño sol), el niño interior herido (el niño sombra) y el “adulto interior.

El niño interior no es siempre un sentimiento inconsciente, tan pronto como trabajamos en él, se vuelve consciente. Su efecto es inmediato en casos de problemas en las relaciones, estados de ánimo depresivos, estrés, miedo al futuro, falta de entusiasmo por la vida, ataques de pánico, acciones compulsivas, etc, es decir, lo relacionado con nuestra autoestima.

Cómo nos sentimos y qué sentimientos podemos percibir en nosotros mismos, depende en gran medida de nuestro temperamento innato y de nuestras experiencias infantiles.

Nuestras creencias inconscientes tienen aquí una influencia importante. En psicología, una creencia se entiende como una afirmación profundamente anclada que expresa una actitud hacia nosotros mismos o nuestras relaciones interpersonales.

Muchas creencias surgen en los primeros años de vida a través de la interacción entre el niño y sus cuidadores. Una creencia interna puede ser, por ejemplo, "¡Estoy bien!" o "¡No estoy bien!".

Las creencias positivas como "Estoy bien" surgieron en situaciones en las que nos sentimos aceptados y amados por nuestros cuidadores. Nos fortalecen. Las creencias negativas como "no estoy bien", por otro lado, surgieron en situaciones en las que nos sentíamos mal y rechazados. Nos debilitan.

Yo a veces tengo reacciones ante comportamientos de personas queridas que están a mi alrededor. Esas reacciones van con tinte de enfado, desilusión o frustración.

Regular mis rabietas con éxito supone ser consciente de la conexión entre ofensas infantiles de mis padres y el comportamiento de la persona ante la que me siento ofendida. Esto significa más o menos que mi niño sombra tiene una herida permanente que siempre duele cuando el niño sombra piensa que sus deseos no se respetan lo suficiente.

Es necesario separar deliberadamente nuestro niño sombra de la parte adulta. Con esta pequeña corrección de su percepción, no surge el enojo. Controlar las rabietas supone enfocar la conciencia en el niño sombra y sus heridas. Esto permite cambiar conscientemente al modo del yo adulto benevolente y sensato, que puede reaccionar de manera apropiada y amorosa a los impulsos del niño sombra.

El niño sombra incluye nuestras creencias negativas y los sentimientos estresantes resultantes, como tristeza, miedo, impotencia o ira. Esto a su vez se traduce en las llamadas estrategias de autoprotección que hemos desarrollado para hacer frente a estos sentimientos o, lo mejor de todo, para no sentirlos en absoluto.

Las estrategias de protección típicas son, por ejemplo: retirarse, luchar por la armonía, luchar por la perfección, atacar o también luchar por el poder y el control.

El niño sol, por otro lado, representa nuestras impresiones positivas y buenos sentimientos. Representa todo lo que hace felices a los niños: espontaneidad, sed de aventura, curiosidad, olvido de sí mismo, vitalidad, sed de acción y alegría de vivir.

El niño sol es una metáfora de la parte intacta de nuestra autoestima. Incluso las personas que tienen una mochila muy pesada que cargar desde su infancia también tienen partes saludables en su personalidad.

También hay situaciones en sus vidas en las que no reaccionan de forma exagerada, y conocen momentos en los que son felices, curiosos y juguetones, en los que el niño sol entra en juego.

Es necesario alentar al niño sol y consolar al niño sombra, para que se sienta atendido, pueda calmarse y deje suficiente espacio para el niño sol.

Cuando yo miro mi comportamiento a través de los ojos de mi yo adulto, soy consciente de que a menudo reacciono de forma exagerada. Dominar el enfado es importante. A veces tengo éxito, a veces no.

4.  El desarrollo de nuestro niño interior

Los niños sol y sombra vienen en gran medida moldeados por los primeros seis años de vida. Los primeros años de vida en el desarrollo de una persona son muy importantes porque es durante este tiempo cuando se desarrolla la estructura de su cerebro con todas sus redes neuronales e interconexiones.

Ninguna relación entre padres e hijos fue del todo buena o mala. Incluso si tuvimos una buena infancia, hay una parte en cada uno de nosotros que ha resultado herida. Esto se debe a la situación del niño como tal: nacemos pequeños, desnudos y completamente indefensos.

Es vital para el bebé encontrar una persona que lo cuide, de lo contrario muere. Por eso después del nacimiento y durante mucho tiempo después, nos encontramos en una situación completamente inferior y dependiente. Es por eso que también hay un niño sombra en cada uno de nosotros que se siente inferior y pequeño, que cree que no está bien.

Además, incluso los padres más amorosos no pueden conceder a sus hijos todos los deseos. Sobre todo, el segundo año de vida, cuando el niño ya puede caminar, está determinado por muchas prohibiciones y restricciones por parte de los padres.

Al niño se le advierte constantemente que no rompa el juguete, que no toque el jarrón, que no juegue con la comida, que vaya al baño, que tenga cuidado, etc. El niño a menudo siente que está haciendo algo mal, de alguna manera no está bien.

Además de estos sentimientos inferiores, la gran mayoría de las personas también tienen estados internos en los que se perciben a sí mismos como "bien" y valiosos. En nuestra infancia no solo vivimos cosas malas, sino también buenas: cuidado, seguridad, juego, diversión y alegría. Es por eso que también tenemos una parte en nosotros que llamamos el niño sol.

La situación se vuelve difícil para el niño (real) cuando sus padres están fundamentalmente abrumados con su crianza y cuidado y les gritan, los golpean o los descuidan. Los niños pequeños no pueden juzgar si las acciones de sus padres son buenas o malas.

Desde la perspectiva de un niño, los padres son geniales e infalibles. Cuando el padre le grita al niño o incluso lo golpea, el niño no piensa: "¡Papá no puede lidiar con sus agresiones y necesita psicoterapia!", Sino que relaciona los golpes con su propia "maldad". Antes de que el niño haya adquirido el lenguaje, ni siquiera puede pensar que es malo, solo siente que está siendo castigado y que obviamente es malo o al menos equivocado.

En general, aprendemos a través de nuestros sentimientos en los primeros dos años de vida si somos bienvenidos o no. Todo el cuidado de bebés y niños pequeños es físico: alimentar, bañar, cambiar pañales. Y muy importante: caricias. Al acariciar, miradas amorosas y las voces de los cuidadores, el niño aprende si es bienvenido en este mundo o no.

5.  Lo que los padres debemos tener en cuenta

Nuestro niño interior está moldeado por las experiencias en las relaciones más cercanas de nuestra infancia. Aunque existe una amplia gama de guías educativas que muestran a los padres cómo acompañar bien a su hijo en todas las fases de la infancia, la pregunta es cómo resolver los conflictos típicos entre padres e hijos o cómo orientar el comportamiento indeseable en la dirección correcta.

Un niño tiene varias necesidades psicológicas básicas, la necesidad de apego o la necesidad de reconocimiento. Los padres que logran satisfacer estas necesidades psicológicas básicas en la medida adecuada se aseguran de que su hijo se convierta en una persona que tenga una confianza básica y, por tanto, pueda confiar en sí mismo y en los demás.

Según Klaus Grawe, estas necesidades psicológicas básicas son:

             la necesidad de apego,

             la necesidad de autonomía y control,

             la necesidad de satisfacer el placer o evitar la incomodidad,

             la necesidad de autoestima o reconocimiento.

Casi todos los problemas pueden atribuirse a una violación de una o más de estas necesidades básicas. Cuando me enfado, a veces me siento frustrada por mi necesidad de autoestima y reconocimiento. A veces por mi necesidad de placer y control. Siempre que experimento estrés, dolor, ira o miedo, mis necesidades básicas están en juego.

Por ejemplo, cuando sufro de enfermedad de amor, mi necesidad de vincularme se frustra, también mi necesidad de control (porque no puedo influir en el ser querido), mi necesidad de placer y me siento profundamente ofendida en mi autoestima debido al rechazo. Por eso el mal de amor puede atraparnos y hundirnos psicológicamente.

5.1.   La necesidad de apego

La necesidad de apego nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. Como se mencionó anteriormente, el bebé no puede sobrevivir sin apego. Los niños muy pequeños mueren si se les niega el contacto físico.

Incluso más allá del cuidado físico, el deseo de apego, pertenencia y comunidad es parte de nuestras necesidades psicológicas básicas. La necesidad de apego juega un papel en innumerables situaciones, no solo en el amor y las relaciones familiares. Por ejemplo, nuestra necesidad de vincularnos se puede satisfacer cuando nos reunimos con amigos, charlamos, pasamos nuestro descanso con colegas o escribimos una carta.

La necesidad de apego del niño puede frustrarse por parte de los padres por negligencia o rechazo. La gama de negligencia es, por supuesto, amplia. En casos leves, un niño se siente abandonado porque los padres que se aman a sí mismos están estresados y abrumados por circunstancias externas. Por ejemplo, porque uno de los padres tiene cuatro hijos o pocos recursos económicos. En casos severos, los niños son maltratados mental o físicamente por sus padres o cuidadores con trastornos mentales.

Cuando un niño se frustra en su necesidad de vincularse, esto puede tener diferentes efectos en su desarrollo psicológico. Por supuesto, la gravedad del abandono en la infancia juega un papel aquí.

5.2. La necesidad de autonomía y seguridad

Los niños, al igual que los adultos, también necesitamos autonomía. Para el niño pequeño, esto significa que no solo quiere que lo abracen y lo alimenten, sino que también quiere explorar y descubrir su entorno.

Tiene una necesidad innata de explorar. Los niños se esfuerzan por actuar de forma independiente tan pronto como sus habilidades se lo permitan. Se enorgullecen de poder hacer algo sin la ayuda de sus padres. Todo nuestro desarrollo está diseñado para que seamos independientes del cuidado de nuestros padres.

Autonomía significa control y control significa seguridad. Cuando se habla de un "maniático del control", se describe el comportamiento de una persona que está muy preocupada por su seguridad, porque en el fondo se siente inseguro (debido al carácter del niño sombra).

Además del deseo de seguridad, la necesidad de autonomía también incluye el deseo de poder. Desde el nacimiento nos esforzamos por ejercer alguna influencia en nuestro entorno y por evitar la impotencia. Los medios por los que podemos influir cambian a medida que nos desarrollamos. Al principio solo podemos llamar la atención gritando o llorando. Más tarde a través de un lenguaje complejo y a través de hechos, incluso de la política pública.

Los padres pueden obstaculizar y frustrar la necesidad de los niños de desarrollarse de forma autónoma. Los padres sobreprotectores, muy controladores, que imponen demasiadas reglas al niño y establecen límites demasiado estrechos, perjudican el desarrollo de la autonomía del niño. El niño interioriza este temor y control excesivo de los padres en su desarrollo. Quizás esta persona se limita una y otra vez en su vida futura porque duda tanto de sus habilidades.

Asimismo, los padres que eliminan demasiados obstáculos del camino del niño con buenas intenciones tienden a tener una influencia desfavorable. Incluso de adultos, estos niños se sienten dependientes de una persona que se hace responsable de ellos.

5.3.        El conflicto autonomía-dependencia

Encontrar el equilibrio interior entre nuestras necesidades de vinculación por un lado y la autonomía e independencia por el otro es un desafío que cada persona tiene que resolver por sí misma. La palabra dependencia puede entenderse aquí como sinónimo de apego.

Este cuidado solo se puede brindar si al menos una persona crea un vínculo con el niño. En la mayoría de los casos, será uno o ambos padres. Si los padres satisfacen con sensibilidad y amor las necesidades físicas y mentales del niño, entonces se forman conexiones en el cerebro del niño que no solo asocian algo negativo con "dependencia", sino también un estado de seguridad. El apego se almacena en el cerebro de este niño como algo "seguro y digno de confianza". El niño ha desarrollado un vínculo seguro con su cuidador.

Lo contrario es un vínculo inseguro que surge cuando el niño ha experimentado que los cuidadores no son confiables. El niño sombra de las personas con un apego inseguro muestra un profundo daño a la confianza, mientras que es mucho más fácil para el niño sol.

Idealmente, los padres satisfacen las necesidades del niño de apego y dependencia, así como de libre desarrollo e independencia. Los niños que crecen de esta manera adquieren una confianza básica, es decir, un profundo sentimiento de seguridad que se relaciona tanto con ellos mismos como con la fiabilidad de las relaciones interpersonales.

5.4. La necesidad de la satisfacción de placer.

El placer se puede sentir en canales de percepción muy diferentes, por ejemplo, mientras se come, se hace deporte o se ve una buena película. El placer y el disgusto están estrechamente relacionados con nuestras emociones y son una parte esencial de nuestro sistema de motivación. En pocas palabras, nos esforzamos constantemente por obtener placer y evitar el disgusto.

Es fundamental para la supervivencia aprender a regular nuestros sentimientos de placer e incomodidad. Esto significa adquirir las habilidades para tolerar la frustración, retrasar las recompensas y renunciar a los instintos. La crianza consiste en gran parte en enseñar al niño cómo manejar adecuadamente los sentimientos de placer e incomodidad.

Algunos padres limitan demasiado rígidamente la sensación de placer del niño, otros lo miman demasiado. En la infancia y la edad del niño pequeño, existe una estrecha conexión entre la satisfacción del deseo del niño y la necesidad de apego del niño. Las sensaciones del bebé se dividen exclusivamente en sensaciones de placer o malestar: hambre, sed, calor, frío, dolor.

El trabajo del cuidador es eliminar los sentimientos de incomodidad al satisfacer sus necesidades, lo que crea sentimientos de placer. Si el cuidador hace esto solo de manera inadecuada, la necesidad de apego del niño también se frustra.

En el desarrollo posterior también existe una estrecha conexión entre las necesidades autónomas y el placer de un niño. Si la madre le prohíbe chupar la piruleta antes de comer, entonces en ese momento no solo se siente frustrado en su sentido del placer, sino también en su necesidad de autonomía.

Si el niño está demasiado regulado en su necesidad de placer y, por lo tanto, también en su necesidad de autonomía, esto puede llevar a que el adulto o su niño sombra, adaptado al estilo de crianza de los padres, desarrolle normas y comportamientos compulsivos que son hostiles al placer. O, en contraste con los padres, indisciplinado e inconmensurablemente complaciente con sus sentimientos de placer.

Si, por otro lado, un niño es demasiado mimado, esta persona también tendrá dificultades para controlar sus antojos como adulto.

Encontrar un buen equilibrio entre la satisfacción del placer y la renuncia a los instintos es un desafío diario para la mayoría de las personas, independientemente de las huellas del niño interior.

Además, nuestra fuerza de voluntad no solo se ve afectada por la renuncia al placer, sino también por la superación del disgusto. Tenemos que hacer muchas cosas todos los días que realmente no tenemos ganas de hacer. Para la mayoría de las personas, comienza al levantarse y termina cuando se cepilla los dientes por la noche. Constantemente tenemos que reprimir cualquier impulso que quiera llevarnos al frigorífico, Internet o al bar.

La disciplina es uno de los requisitos más importantes para una vida exitosa y es extremadamente tensa en nuestros tiempos de opciones y abundancia casi infinitas.

5.5. La necesidad de autoestima y reconocimiento.

Tenemos una necesidad innata de reconocimiento. Esta necesidad también está estrechamente entrelazada con nuestra necesidad de apego, porque sin que alguien nos reconozca, no puede surgir ningún apego.

El hecho de que luchemos por el reconocimiento también está relacionado con otra circunstancia: en la infancia aprendemos del comportamiento de nuestros padres si somos amados y bienvenidos o no.

Según David Schnarch, es una autoestima reflejada. Esto significa que los cuidadores del niño reflejan si está "bien" o no. Por ejemplo, cuando la madre le sonríe al niño, es para el niño como sostenerle un espejo para mostrarle que su madre está feliz por su existencia. El niño desarrolla un sentido de autoestima a través de las acciones de sus cuidadores.

Incluso como adultos, todavía necesitamos ser reconocidos por otras personas porque estamos condicionados a experimentar nuestra autoestima a través del espejo de los demás.

Las personas con autoestima inestable, que a menudo se identifican con su niño sombra, suelen depender más del reconocimiento externo que las personas seguras de sí mismas cuyo niño sol está bien desarrollado.

Son nuestras huellas infantiles las que conducen a nuestras creencias y las estrategias de protección que desarrollamos.

6.  Las creencias

Yo quiero resolver mis problemas en mi vida hoy. Es importante que el niño sombra que hay en mí pueda opinar para reconocer dónde están los puntos débiles, los llamados factores desencadenantes. Mucha gente no quiere entrar en contacto con esta parte de su personalidad. No quieren sentir sus heridas y miedos internos.

Este es un mecanismo de protección completamente natural y un deseo muy comprensible. ¿A quién le gusta sentirse triste, ansioso, inferior o incluso desesperado? Todos tenemos un gran interés en evitar en la medida de lo posible estos sentimientos y solo llevarnos los buenos, como la felicidad, la alegría y el amor.

Muchas personas suprimen sus lesiones internas. En otras palabras, haces a un lado a tu niño sombra cuando quiere hablar. Si un niño recibe atención por sus preocupaciones, entonces puede retirarse contento y volver a jugar por sí mismo por un tiempo.

Es muy similar con nuestro niño sombra: si nunca se permite que su miedo, vergüenza o enojo expresen su opinión, continúan teniendo un efecto en el subsuelo de nuestra conciencia. Allí causan estragos sin que el adulto se dé cuenta. El niño sombra desagradable y reprimido se abre paso de vez en cuando con todas sus fuerzas y descarga su ira.

El niño interior está formado por creencias internas, que a menudo son las precursoras de los sentimientos en primer lugar. Se entiende por creencia un profundo anclaje sobre nuestra autoestima y nuestras relaciones con otras personas. Por ejemplo, cuando un niño se siente amado y aceptado por sus padres, desarrolla creencias como "Soy bienvenido", "Soy amado", "Soy importante", que fortalecen al niño sol.

Si, por otro lado, los padres son fríos y rechazan, entonces creencias como "No soy bienvenido", "Soy una carga", "Me quedo corto" pueden desarrollarse, lo que da forma a su niño sombra.

Creencias como "Me estoy quedando corto" y "No soy importante" pueden moldear inconscientemente la percepción en la actualidad.

Nuestras creencias son, por así decirlo, nuestro sistema operativo psicológico. Tan simples como pueden ser, ejercen un poder tremendo sobre nosotros, para bien o para mal, es decir, en el sol y en la sombra del niño. Las creencias son los lentes a través de los cuales vemos la realidad.

El niño sombra mimado: Las creencias negativas no solo se deben a la privación, el abandono o la sobreprotección. Los padres que permiten demasiado a su hijo y lo miman demasiado pueden dejar a sus hijos con la convicción de que todo tiene que salir según su voluntad y que apenas necesitan esforzarse.

Puede desarrollar creencias que no contengan una subestimación de su propio significado e importancia, sino más bien una sobreestimación. Entonces dan por sentado que obtienen lo que quieren y reaccionan extremadamente dolidos y enojados cuando ése no sea el caso. Los niños que han sido mimados desarrollan una baja tolerancia a la frustración.

Si bien la disposición a adaptarse de los niños que crecieron con ciertas privaciones suele ser bastante alta, la de los niños mimados es bastante baja. No han aprendido lo suficiente para encajar y adaptarte a una comunidad; después de todo, eran el jefe o la princesa con mamá y papá. Tus creencias pueden ser, por ejemplo: ¡Soy muy importante!, ¡Siempre soy bienvenido!, ¡Consigo todo lo que quiero!, ¡Todo depende de mí!, ¡Soy más fuerte que los demás! o ¡Soy el mejor!.

Esto puede hacer que tengan dificultades para adaptarse en el jardín de infancia, la escuela o más tarde en la vida adulta. Primero tienen que aprender que no todo es gratis en la vida y que también tienen que esforzarse.

Un rechazo en materia amorosa puede llevarlos a una gran desesperación, por ejemplo, simplemente porque no están acostumbrados a no conseguir algo que quieren absolutamente.

7.  La percepción

Nuestras creencias profundas e inconscientes son un filtro para nuestra percepción. La percepción de una situación influye en nuestros sentimientos, pensamientos y acciones. A la inversa, nuestros pensamientos y sentimientos también influyen en nuestra percepción.

Entonces, puede ser que una persona que percibo como superior provoque sentimientos de inferioridad en mí. Y cuando tengo un buen día en el que me siento fuerte y exitoso, es posible que me encuentre percibiendo a las mismas personas como iguales o incluso inferiores.

Cuanto más conscientes somos de todos estos procesos y conexiones, más fácil es para nosotros cambiar nuestra visión de las cosas, nuestros sentimientos y, en última instancia, nuestro comportamiento.

Creencias negativas

Creencias negativas sobre mi relación con mis cuidadores

Creencias negativas que brindan la solución (estrategia protectora)

Creencias negativas en general

 

¡No valgo nada!

¡No soy querido!

¡No soy bienvenido!

¡No soy adorable!

¡Soy malo!

¡Estoy gordo!

¡No soy suficiente!

¡Soy culpable!

¡Soy pequeño!

¡Soy estúpido!

¡No soy importante!

¡No puedo nada!

¡No se me permite sentir!

¡Me estoy quedando corto!

¡Yo soy el pequeño!

¡Soy un perdedor!

¡Estoy equivocado!

¡Soy una carga!

¡Soy responsable de tu estado de ánimo!

¡No puedo confiar en ti!

¡Siempre tengo que estar en guardia!

¡Tengo que ser considerado con tus sentimientos!

¡Soy inferior!

¡Tengo que cuidarte!

¡Soy más fuerte que tú!

¡Estoy indefenso!

¡Estoy a tu merced!

¡Tú no me quieres!

¡Me odias!

¡Te decepciono!

¡Soy indeseado!

¡Tengo que ser amable y bueno!

¡No puedo defenderme!

¡Tengo que hacer todo bien!

¡No se me permite tener voluntad propia!

¡Tengo que adaptarme!

¡Tengo que hacerlo solo!

¡Tengo que ser fuerte!

¡No debo mostrar ninguna debilidad!

¡Tengo que ser el mejor!

¡Tengo que llegar a casa con buenas notas!

¡Tengo que quedarme contigo siempre!

¡Tengo que cumplir con tus expectativas!

¡No se me permite escapar!

¡Las mujeres son débiles!

¡Los hombres son malos!

¡El mundo es malo / peligroso!

¡No se te da nada en la vida!

¡Eso va mal de todos modos!

¡Hablar es inútil!

¡La confianza es buena, el control es mejor!

 

 

Tabla 1. Ejemplos de creencias y percepciones

La tabla 1 resume algunas de las creencias esenciales. Son las situaciones donde uno se asusta rápidamente, se siente ofendido o se siente muy avergonzado.

8.  El enfoque transpersonal

Abraham Maslow y Anthony Sutich suponen el nacimiento de la psicología transpersonal. En la década de 1960, las observaciones de la investigación de estados de conciencia no ordinarios, el análisis de experiencias de sesiones psicodélicas y el estudio de Maslow de experiencias místicas espontáneas ("experiencias máximas"), revolucionaron la imagen de la psique humana e inspiró una orientación radicalmente nueva en psicología.

A pesar de la popularidad de la psicología humanista, sus fundadores Abraham Maslow y Anthony Sutich estaban insatisfechos con la disciplina que ellos mismos habían engendrado. Se volvieron cada vez más conscientes de que habían omitido un elemento extremadamente importante: la dimensión espiritual de la psique humana (Sutich 1976).

La propia investigación de Maslow sobre las "experiencias cumbre", el uso terapéutico de psicodélicos, la experimentación psicodélica generalizada de la generación joven durante la tormentosa década de 1960 y el renacimiento del interés en las filosofías espirituales orientales, las diversas tradiciones místicas, la meditación y la sabiduría antigua y aborigen, construyeron el marco conceptual actual en psicología.

Quedó claro que una psicología integral y con validez transversal a las culturas necesitaba incluir observaciones de áreas tales como los estados místicos; conciencia cósmica; experiencias psicodélicas; fenómenos de trance; creatividad; e inspiración religiosa, artística y científica.

En 1967, un pequeño grupo de trabajo, que incluía a Abraham Maslow, Anthony Sutich, Stanislav Grof, James Fadiman, Miles Vich y Sonya Margulies, se reunieron en Menlo Park, California, con el propósito de crear una nueva psicología que honrara a todo el espectro de la experiencia humana, incluidos los estados de conciencia no ordinarios.

Maslow y Sutich aceptaron la sugerencia de Grof y llamaron a la nueva disciplina "psicología transpersonal". Este término reemplazó su propio nombre original, "transhumanista" o "más allá de las preocupaciones humanistas".

9.  La respiración holotrópica

Stanislav Grof habla de la respiración holotrópica. Reúne e integra elementos de varias aproximaciones de la psicología profunda, la teoría y la práctica de las escuelas freudiana, reichiana, rankiana y junguiana, agregando conocimientos de la investigación de la conciencia moderna, la antropología, las prácticas espirituales orientales y las tradiciones místicas del mundo.

Es un poderoso método de autoexploración y terapia que utiliza una combinación de medios aparentemente simples: respiración acelerada, música evocadora y un tipo de trabajo corporal que ayuda a liberar bloqueos bioenergéticos y emocionales residuales.

Las sesiones generalmente se llevan a cabo en grupos; los participantes trabajan en parejas y se alternan en los roles de respiradores y "asistentes". El proceso es supervisado por facilitadores capacitados, que ayudan a los participantes siempre que sea necesaria una intervención especial.

Después de las sesiones de respiración, los participantes expresan sus experiencias pintando mandalas y comparten relatos de sus viajes internos en pequeños grupos. Se utilizan entrevistas de seguimiento y varios métodos complementarios, si es necesario, para facilitar la finalización e integración de la experiencia de respiración.

Se diferencia significativamente de las formas tradicionales de psicoterapia, que utilizan principalmente medios verbales, como el psicoanálisis y varias otras escuelas de psicología profunda derivadas de él.

Comparte ciertas características comunes con las terapias experienciales de la psicología humanista, como la práctica de la Gestalt y los enfoques neorreichianos, enfatizando expresión emocional y trabajo con el cuerpo. Sin embargo, la característica única de la respiración holotrópica es que utiliza el potencial curativo intrínseco de los estados de conciencia no ordinarios.

El notable poder curativo de los estados de conciencia no ordinarios, que fue conocido y utilizado en las civilizaciones antiguas y culturas nativas desde tiempos inmemoriales, fue confirmado por la investigación moderna de la conciencia y la experimentación terapéutica llevada a cabo en la segunda mitad del siglo XX.

Esta investigación también ha demostrado que los fenómenos que ocurren durante estados no ordinarios y asociados con ellos no pueden ser explicados por los marcos conceptuales utilizados actualmente por la psiquiatría y la psicología académicas.

La conciencia puede cambiar profundamente por una variedad de procesos patológicos - por traumatismos cerebrales, por intoxicación con sustancias químicas nocivas, por infecciones o por procesos degenerativos y circulatorios en el cerebro.

Ciertamente, tales condiciones pueden resultar en cambios psicológicos profundos que se incluirían en la categoría de estados de conciencia no ordinarios. Sin embargo, provocan lo que se puede llamar "delirios triviales" o "psicosis orgánicas".

Las personas que padecen estados delirantes suelen estar desorientadas; no saben quiénes son ni dónde están ni cuál es la fecha. Además, su funcionamiento mental se ve significativamente afectado.

Por lo general, muestran una alteración de las funciones intelectuales y tienen amnesia posterior por estas experiencias. Para estas condiciones, el término "miradas alteradas de la conciencia" es ciertamente apropiado.

Estos estados son muy importantes clínicamente, pero no son interesantes desde el punto de vista terapéutico y heurístico.

La importancia de los estados de conciencia no ordinarios para las culturas ancestrales y aborígenes se refleja en la cantidad de tiempo y energía que los miembros de estos grupos humanos dedicaron al desarrollo de tecnologías de lo sagrado, diversos procedimientos capaces de inducirlos para rituales y propósitos espirituales.

Estos métodos combinan de diversas formas la batería y otras formas de percusión, música, cánticos, danzas rítmicas, cambios de respiración y cultivo de formas especiales de conciencia. Aislamiento social y sensorial extendido, como una estadía en una cueva, desierto, hielo ártico o en alto.

La montaña también juega un papel importante como medio para inducir esta categoría de estados no ordinarios. Las intervenciones fisiológicas extremas utilizadas para este propósito incluyen el ayuno, la privación del sueño, la deshidratación, el uso de laxantes y purgantes potentes.

Los psiquiatras convencionales inicialmente descartaron e incluso ridiculizaron los eventos rituales nativos como productos de superstición primitiva basada en la ignorancia y el pensamiento mágico. Relegaron los estados de conciencia no ordinarios de cualquier tipo al dominio de la psicopatología.

Esta situación cambió gradualmente en el curso del siglo XX, particularmente en su segunda mitad, cuando los científicos occidentales realmente hicieron algunas contribuciones importantes al arsenal de las tecnologías de lo sagrado.

También fueron testigos del efecto de los estados de conciencia no ordinarios en varias formas de técnicas terapéuticas experienciales que utilizan el trabajo de respiración y el trabajo corporal, como los enfoques neo-reichianos, el renacimiento y la respiración holotrópica. Aquellos con la mente abierta para asumir el desafío de estas herramientas revolucionarias tuvieron la oportunidad de descubrir su poder y su gran potencial terapéutico.

Según Grof, 1992, merecen ser distinguidos de los estados alterados de conciencia y no ser vistos como manifestaciones de enfermedades mentales graves, comenzamos a referirnos a ellos como holotrópicos. Esta palabra compuesta significa literalmente “orientado hacia la plenitud” o “moviéndose hacia la plenitud” (del griego holos = total y trepein = moverse hacia o en la dirección de algo).

El nombre holotrópico sugiere algo que podría sorprender a un occidental promedio: que en nuestro estado cotidiano de conciencia nos identificamos con solo una pequeña fracción de lo que realmente somos y no experimentamos la extensión completa de nuestro ser.

Los estados holotrópicos de conciencia tienen el potencial de ayudarnos a reconocer que no somos “egos encapsulados en la piel” —como lo llamó el filósofo y escritor británico Alan Watts— y que, en última instancia, estamos a la altura del principio creativo cósmico mismo.

O que —utilizando la afirmación de Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo y filósofo francés— “no somos seres humanos teniendo experiencias espirituales, somos seres espirituales teniendo experiencias humanas” (Teilhard de Chardin 1975).

Esta asombrosa idea no es nueva. En los antiguos Upanishads indios, la respuesta a la pregunta "¿Quién soy yo?" Es "Tat tvam asi". Esta sucinta oración en sánscrito significa literalmente: "Tú eres Eso" o "Tú eres Dios". Sugiere que no somos namarupa, nombre y forma (cuerpo / ego), sino que nuestra identidad más profunda es con una chispa divina en nuestro ser más íntimo (Arman) que es, en última instancia, idéntica al principio universal supremo (Brahman).

Y el hinduismo no es la única religión que ha hecho este descubrimiento. La revelación sobre la identidad del individuo con lo divino es el secreto último que se encuentra en el núcleo místico de todas las grandes tradiciones espirituales.

El nombre de este principio podría ser Tao, Buda, Cristo Cósmico, Alá, Gran Espíritu, Sila y muchos otros. Las experiencias holotrópicas tienen el potencial de ayudarnos a descubrir nuestra verdadera identidad y nuestro estado cósmico (Grof 1998).

La investigación psicodélica y el desarrollo de técnicas experimentales intensivas de psicoterapia trasladaron los estados holotrópicos del mundo de los curanderos de culturas prealfabetizadas a la psiquiatría y la psicoterapia modernas.

Los terapeutas que estaban abiertos a estos enfoques y los utilizaron en su práctica pudieron confirmar el extraordinario potencial curativo de los estados holotrópicos y descubrieron su valor como minas de oro de nueva información revolucionaria sobre la conciencia, la psique humana y la naturaleza de la realidad.

10.                  Conclusión

Una creencia que se gestó hace décadas, y que seguramente fue útil en aquel momento, tiene muchas probabilidades de ser ineficaz y disfuncional en el presente. Sin embargo, no es sencillo hacerme consciente de que sigue presente y marcando cada una de mis decisiones.

Llamamos percepción a esa capa intermedia entre la realidad y nosotros. Cuando veo o escucho a otra persona, no es en realidad a ella a quien veo o escucho, sino a mi capacidad de percepción, que integra la información recibida de mis sentidos con la enorme mochila de significados que he ido asignando en el pasado.

Todo esto genera un error, veo y oigo lo que verdaderamente no está ahí, comprendo lo que no existe, desarrollo un mundo de ilusiones y creo juicios sin fundamento. Así me frustro, no soy capaz de cumplir mis expectativas y en definitiva sufro.

Es dolor, un dolor que va creciendo. Por mucho umbral de dolor que tenga, llega un momento en el que es tan fuerte que no puedo dejar de pensar que debe haber mejores caminos en la vida.

Mi juego es construir creencias, sentir que me dan miedo y, en consecuencia, sufrir por el miedo emitido por algo que es pura ilusión. Como decía Calderón, una sombra, una ficción...porque los sueños, sueños son.

A veces creo que el mundo es un lugar hostil, en el que estoy abandonada a mi suerte. Es un mundo de nacimientos y muertes basado en mi creencia de escasez y de pérdida. Creo que como todos, estoy, en más o menos grado, disgustada con el mundo por mis creencias, de que es el exterior o los demás quienes me hacen sentir desdichada.

Creo que no podemos ver más que con los ojos del cuerpo, y si no, no existe; esta creencia me lleva a negar la visión espiritual. En última instancia, incluso espacio y tiempo son meramente creencias. Aquello de lo que das fé, demuestra tus creencias y así las refuerzas. Es como ir engordando una bola de nieve, cuando uno piensa que está en proceso de deshacerse de ella. Las creencias están en vilo. En la medida en que estés dispuesta o dispuesto a someter a duda a tus creencias, en esta misma medida quedarán corregidas tus percepciones.

Por eso, las aproximaciones terapéuticas tradicionales basadas en la racionalidad y la palabra no son capaces de crear una verdadera diferencia.

Así, solo es posible la sanación a través de una linea terapéutica en la que se induce un estado alternativo de percepción y se posibilita ver lo que habitualmente no es posible ver. Grof y otros describen estas terapias.

Al principio, hablaba de meditación guiada como el método experimentado. A través de estas meditaciones he experimentado varios viajes al pasado, he podido ponerme en los pies de esa niño que vivía lo que yo ahora no recuerdo, y he podido comprender y sanar muchos de mis problemas que actualmente sufro.

El perdón - dejar ir


Aprendo a perdonar, dejo ir. Hoy quiero compartir mi experiencia brillante frente al perdón y a su uso como mantra. Lo he estado utilizando para sanar situaciones que yo tenía categorizadas como heridas, pero lo fascinante es que me ha abierto otras situaciones de mi pasado que tenía como sanadas y me sentía orgulloso de ellas.

En concreto, mi corazón me ha conducido a mis padres, a antiguos jefes e incluso viejos amigos. A todos los que mi recuerdo ha traído les he aplicado la pildorita del amor con hermosos resultados.


Ya a este punto asumo sin dudas que el secreto está en sacar la pólvora emocional que tengo dentro y lo que la crea constantemente; y que detona ante cualquier chispita.

Durante tiempo yo he creído que perdonaba. Era capaz de decir “perdóname” cuando algo no había ido de la forma más fluida. Perdonar era para mí la intención de que algo torcido dejase de estarlo, una intención de asegurar que los malos momentos quedaban en una cajita para no ser reabiertos jamás.

Ese procedimiento había acumulado dosis de pólvora en mi inconsciente que me hacía reaccionar emocionalmente antes pequeños detalles sin aparente importancia. Sé que no era fácil a veces estar a mi lado, porque ni siquiera yo entendía esos exabruptos, que por cierto la mayoría de las veces se ofrecían en forma de tristeza o de simple molestia hacia mi entorno. Alguna vez anómala también en forma de ira.

Un día, en un viaje, tuve que parar en un bosque a darme un paseo solo, y dejar que el malestar se fuera pasando antes de volver al coche y seguir camino. Me sentía fatal por la persona que compartía viaje conmigo, pero puede que ese día, en algún momento, me diera cuenta de que algo debía ser diferente.

Me di cuenta de que el perdón no está en los demás, no podía depender de que los demás me perdonasen. El verdadero perdón estaba en mí: había que cambiar el “perdóname” por el “te perdono”.

El auténtico perdón no puede consistir en cerrar al vacío los problemas como si de tarros de mermelada se tratase, pues con el tiempo la mermelada se convierte en pólvora y va aumentando el riesgo de explosión.

El perdón genuino, en mi caso, debe incorporar la visión, la idea clara indudable, de que la ofensa no existió. ¿Por qué no existió? Porque nadie tuvo la culpa. No es que los demás, la otredad como la llamaba Ricardo Rorty, no exista. Es evidente que otras personas, otras instituciones y hasta el clima nos ataca constantemente, nos obligan a una realidad que es diferente de lo que nosotros creemos que debe ser.

No trato de dejar de ver el ataque real, pero sí me pregunto si de verdad la persona, la institución o el clima tienen la culpa. Incluso si tienen la intención explícita de ofender y molestar, ¿tienen la culpa?

¿Son ellos libres y deciden realmente comportarse como se comportan? ¿O por el contrario son consecuencias de las heridas de su niño interior, de su inconsciente freudiano, de su genética darwinista? ¿En el caso de las instituciones, no serán una conclusión del diseño de procesos humanos? ¿En el caso del clima, hay una intención en llover para molestar?

Si no hubiera culpa, no habría ofensa, y por tanto el perdón se caería por su propio peso. El perdón genuino es entender conscientemente que no hay ofensa, que no hay culpa.

Ahora utilizo el mantra “Te perdono” para amigos, compañeros, conocidos, relaciones, aliados, padres, hijos, familia y para quien me cruzo por la calle. Es la sensación de que desaparecen las nubes negras sobre mí y puedo ver que hay sol detrás. Es la impresión de que ha llegado la luz. Es la emoción de que hay paz y tranquilidad.

Llego a la conclusión poco a poco de que el perdón es una componente importante de la felicidad, y que el perdón es un gesto vacío a menos que conlleve cambio de creencias. Sin corrección de creencias, lo que hace básicamente es juzgar, y juzgar nos pone siempre en una posición de frustración y sufrimiento

El perdón no posee elementos de juicio en absoluto. La frase que se utiliza en psicología “perdónalos porque no saben lo que hacen” no evalúa en modo alguno lo que las personas en cuestión lo que las personas en cuestión estén haciendo. Es como mucho, una dosis de empatía en la que relativizo la percepción de que el otro es algo separado, y tal vez las otras personas no son tan entidades separadas como parecen. Somos todos uno, como decían los Beatles.

El plan ha dejado de ser ver el error analíticamente para luego pasarlo por alto. Ahora veo que no es posible pasar por alto algo que yo he hecho realidad, que creo firmemente que existió, existe y existirá. Al verlo claramente, lo doto de realidad y no lo puedo pasar por alto.

¿Es posible aceptar que somos víctimas de un ataque real, que existe sí o sí, podemos aceptarlo y perdonar? Esta pregunta tiene una respuesta complicada, pero algunas veces yo puedo perdonar porque los pensamientos de ataque habían sido solo ilusiones irreales.

El sueño del olvido no es más que nuestra renuencia a recordar, pero el perdón amoroso es perfecto. Si fuera el caso de que cuando me altero y pierdo mi paz es porque el otro está tratando de resolver sus problemas valiéndose de fantasías, entonces solo el perdón puede restituir la verdad que ambos habíamos estado negando.

A mí me ha pasado que he creado una fantasía y me he convertido en prisionero de ella. Puedo recordar muchos casos. Solo a veces es posible ver con mayúsculas, y ese es el mundo real de la belleza. El pasado deja de estar en contra del presente.

Helen Schucman va más lejos, llega a un pensamiento más radical, al decir que los demás están ahí porque tienen que estar, y porque vienen a traer oportunidades de sanarnos. Tanto si nos insultan como si nos alaban, llegan a nuestras vidas para sacarnos de nuestra zona de comfort y permitir enfrentarnos a nuestras heridas desde perspectivas distintas.

Ahí nunca de forma natural hubiéramos buscado. La otra persona aparece en mi plano para que yo pueda lavar una herida, para que yo pueda ver. Su ataque me hace buscar la felicidad donde yo no la veo. No le puedo juzgar negativamente, porque en realidad le tengo que agradecer, es mi salvador.

A mí me gusta mucho la idea de que el perdón solo hace deshacer lo que no es verdad, y así despeja las sombras del mundo y lo conduce sano y salvo dentro de su dulzura al mundo luminoso de la percepción diáfana.

El perdón positivo me libera, me permite crear sin limitaciones, sentir mi abundancia sin miedo.

martes, 22 de junio de 2021

Suspender el juicio

 


Juzgar a los demás significa dar un significado a sus acciones, sus valores o sus emociones. Eso quiere decir que vemos una dualidad, lo que realmente es y lo que a nosotros nos gustaría que fuese, o lo que creemos que debería ser. Y esos dos niveles no concuerdan.

Es terriblemente agotador juzgar constantemente a los demás, porque no tiene ningún efecto positivo en los demás, pero sí un efecto drenador de energía en nosotros. Para ser una actividad tan negativa es curioso que sea tan popular. ¿Por qué lo hacemos?

Cuando juzgamos a alguien, tendemos a sustituir a la persona por el juicio generado. Un juicio negativo una vez conlleva que posteriormente bloqueamos los sentidos y dejamos de percibir la realidad, la sustituimos por nuestra mente y el juicio allí almacenado en el pasado.

Según Vipassana, y la teoría del conocimiento, hay seis fuentes del conocimiento, los cinco sentidos por un lado y la memoria por el otro lado. La meditación y las técnicas de mindfulness y concentración plena nos enseñan a utilizar los sentidos y poner en duda lo que nos llega a través de la mente y los pensamientos. Nos enseña a licuarnos y deshacer esa esencia que creemos que somos y que no nos hace ningún bien.

Incluso el papá Francisco pide a los cristianos que suspendan el juicio. “No juzguen y no serán juzgados”, según se lee en el Evangelio (Lc 6, 36-38). Dice Francisco: “¡Cuántas veces el tema de nuestras conversaciones es juzgar a los demás!”. “Pero, a ti, ¿quién te ha hecho juez?”, “el único juez es el Señor”. Lo contrario es la misericordia y la humildad.

Según Helen Schucman, el hombre no se crea a sí mismo, pero tiende a olvidarse de ello cuando se vuelve egocéntrico. Pero siente el miedo a través del Juicio Final, creyendo que juzgar es un atributo de Dios

Sin embargo, el Juicio Final no se trata de que vayamos a ser juzgados, sino que es un recurso de aprendizaje que los humanos tenemos en nuestro camino de expiación a través de nuestra vida en nuestro mundo. El Juicio Final es la última curación, en vez de un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos.

Schucman ve siete fuentes de conocimiento. La séptima es la mente en su capacidad por reconocer la Verdad, ese uno de Plotino o Demiurgo que es sí o sí y siempre. La mente puede conocer a Dios cuando no se ve bloqueada por el Ego y la percepción errada de la mente.

El demiurgo (en griego: Δημιουργός, Dēmiurgós), en la filosofía gnóstica, es la entidad que, sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo. En la filosofía idealista de Platón y en la mística de los neoplatónicos es considerado un dios creador del mundo y autor del universo.

Cuando la Biblia dice “No juzguéis y no seréis juzgados” quiere decir que si juzgas la realidad de otros no podrás evitar juzgar la tuya propia. La decisión de juzgar en lugar de conocer, en el sentido pleno de la Verdad, es lo que nos hace perder la paz. Los juicios siempre entrañan rechazo, nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto permanece en tu mente.

Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Pero sí, estás dotando de significado a lo que no lo tiene. Estás generando energía y poder donde no la hay. Podemos decir que no existe tal cosa como el pensamiento privado, que todos somos uno como hijos de Dios, y que cualquiera de mis pensamientos tiene un impacto contundente en las personas a mi alrededor.

Juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca.

Pero es un tremendo alivio y una profunda paz estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Reconoces lo que eres y lo que tus hermanos son, y juzgar deja de tener sentido.

No abrigues ningún juicio, ni seas consciente de ningún pensamiento, bueno o malo, que jamás haya cruzao tu mente con respecto a nadie. Ahora no lo conoces, pero eres libre de conocerlo, de conocerlo bajo una nueva luz. Ahora él renace para ti, y tú para él, sin el pasado que lo condenó a morir, y a ti junto con el. Ahora él es tan libre para vivir como lo eres tú porque una viaj alección que se había aprendido ha desaparecido, dejando un sitio donde la verdad puede renacer.

Hay una creencia tóxica de que es imprescindible juzgar. No tienes que juzgar para organizar tu vida y no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. Cuando te sientes cansado es porque te has juzgado a ti mismo como capaz de estar cansado. Cuando te ríes de alguien es porque has juzgado a esa persona como alguien que no vale nada. Cuando te ríes de ti mismo te ríes de los demás, no puedes tolerar la idea de ser menos que ellos. Todo esto hace que te sientas cansado.

La tentación es muy grande de juzgar cualquier situación y de determinar tu reacción basándote en los juicios que has hecho de la misma. Sin embargo, los juicios siempre aprisionan, porque fragmentan la realidad con las inestables balanzas del deseo, y los deseos no son hechos, sino el ejercer la voluntad. Los juicios se basan siempre en el pasado, pues tus experiencias pasadas constituyen su base. Es imposible juzgar sin el pasado pues sin él no entiendes nada. No intentarías juzgar porque te resultaría obvio que no entiendes el significado de nada. Esto te da miedo porque todo sería caótico.

No solo es que los juicios estén vinculados al pasado, sino que tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. Ahora el único dictamen que puede hacerse es si al ego le gusta lo que pasó o no, si es aceptable para él o si clama por venganza. La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final, hace que sea dudoso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

Los valores son juicios mentales, y por eso relativos. Son ilusiones, que perduran mientras les sigas atribuyendo valor. La única manera de desvanecer las ilusiones es retirando de ellas todo el valor que les has otorgado.  Al hacer eso dejan de tener vida para ti porque las has expulsado de tu mente.  Mientras sigas incluyéndolas en tu mente estarás infundiéndoles vida.

Tienes miedo de aquello que has percibido y te has negado a aceptar. Y lo ves en pesadillas o disfrazado bajo apariencias agradables en lo que parecen ser tus sueños más felices. Nada que te hayas negado a aceptar puede ser llevado a la conciencia. De por sí, no es peligroso pero tú has hecho que a ti te parezca que lo es.

¿Te has cuestionado alguna vez cómo es realmente el mundo y qué aspecto tendría se contemplase con ojos felices? El mundo que ves no es sino un juicio con respecto a ti mismo. Tus juicios te imponen una sentencia, la justifican y hacen que sea real. Ese es el mundo que ves: un juicio contra ti mismo, que tú mismo has emitido. Tú te ves obligado a adaptarte a ese mundo mientras sigas creyendo que esa imagen es algo externo a ti y que te tiene a su merced. Ese mundo es despiadado, y si se encontrase fuera de ti, tendrías ciertamente motivos para estar atemorizado. Pero fuiste tú quien hizo que fuese inclemente, y si ahora esa inclemencia parece volverse contra ti, puede ser corregida.

La reprogramación de estos pensamientos puede llevar a un nuevo comienzo, en el que los sueños de juicios den paso a los de perdón, liberándote así del dolor y del miedo. El amargo sueño de juicios puede ser des-hecho para siempre. El juicio que habías emitido sobre el mundo queda anulado mediante tu decisión de tener un día feliz.

Es curioso que una habilidad tan debilitante goce de tanta popularidad.