sábado, 7 de agosto de 2021

¿Qué dice la Filosofía sobre la Sanación?

Creo que muchos seres humanos, incluido yo, necesitamos sanar. Hay una especie de mar de fondo en el ser humano que crea desconcierto y sufrimiento. Y una necesidad de salir de ahí, de cambiar y de transformarse hacia el modelo diferente de la paz interior. Yo lo siento así.

¿De dónde viene ese sufrimiento? En cierto modo del niño interior herido. Desde pequeñitos, acumulamos frustraciones, desasosiegos y pérdidas debido a que el mundo que nos encontramos al nacer nunca fue lo que esperábamos. Pero es cierto que esas expectativas fueron creadas por un cerebro todavía en proceso de crecimiento, ¿qué podíamos esperar cuando teníamos meses o pocos años? Un poco absurdo, sufrimos porque con cinco días de vida nos frustramos por unas expectativas absurdas, y mantenemos esa lucha el resto de nuestras vidas, sin revisar racionalmente.

Esto se me conforma en forma de molestia interna, sutil pero constante, algo que enturbia la armonía y me aleja de la ansiada paz interior.

Quizás podemos hablar de una necesidad de salvación común a todos los mortales, pero cada ser humano se construye sus propios objetivos para salir de ello. Cada uno entiende la salvación en la consecución de un mérito o un reto, de manera diferente. Para algunos, la felicidad llegará cuando tengan el último modelo de BMW, para otros, la felicidad llegará cuando tengan la casa más bonita. Para otros, la felicidad llegará cuando por fin estén con su media naranja, su familia, o su añorada descendencia. O cuando curen su enfermedad.

Necesito una guía para la salvación. Para otros, llegará cuando consigan construir el puente más largo o visitar la luna. También buscarán la sanación en el Dios de las pequeñas cosas: comer una lata de caviar, beber un buen vino, visitar un museo o tener buen sexo. La experiencia me dice que todos ellos fracasarán en sus objetivos como yo he fracasado, y que los que lleguen a conseguirlos, sentirán desasosiego. Deberán marcarse retos más lejanos para seguir luchando por ellos.

Esas promesas no se suelen cumplir, es más, a veces acaban con desposesión de todo. Se parece más a una esclavitud que a la libertad.

Sanación, curación, salvación y liberación, son cuatro formas de entender el mismo sentimiento, que se convierte en dos preguntas: ¿Qué es lo que hay que salvar? ¿Cómo se puede salvar?

Hay formas más radicales de buscar la paz interior, y más simples a la vez que poderosas, pero requieren intuición, esa intuición última que nos permite percibirnos no como separados del mundo sino como unidos en lo íntimo a la naturaleza y a los demás.

La salvación es una empresa de colaboración, no es fácil emprenderla en solitario, sino a través del resto de personas con las que compartimos esa necesidad. Cada una de ellas, desde este punto de vista, se nos muestra como una oportunidad que nos dona la vida para poder resolver ciertos conflictos y resentimientos. Eso supone reconocer a los demás como hermanos e identificar aquello que nos une en lugar de aquello que nos separa.

Siguiendo a Aristóteles, todos participamos de una misma entidad. Somos parte, aunque partes diferentes, pero en tanto que partes, compartimos ciertas características y necesidades. Eliminando la separación, eliminamos el rechazo.

Esta cierta Verdad ayuda a hacernos libres. Y hacernos libres, según muchas corrientes, significa deshacernos de resentimientos y rencores, proceso que consensuadamente llamamos perdón.

Por lo tanto, la salvación es más fácil y posible cuando no la busco en parajes remotos, sino en mi mundo interior.

¿Cómo se puede salvar? Esta es la pregunta más crítica, porque tengo de alguna manera asociada la salvación al sacrificio. El sacrificio es un elemento tan esencial en mi sistema de pensamiento, que la idea de salvación sin tener que hacer ningún sacrificio no significa nada para mí. Sin embargo, el sacrificio es una forma de ataque y está asociado a la culpabilidad. Si hay sacrificio, alguien tiene que pagar para que alguien gane, y la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué. El sacrificio es una manera de descargar la culpabilidad y de esta manera comprar paz. Y no parezco ser yo el que paga. El amor exige sacrificio. El amor da miedo. La culpabilidad es el coste del amor y el amor se paga con miedo. Por tanto, amar totalmente exigiría un sacrificio total.

Creo que todo el mundo exige algún sacrificio de mi, pero no me doy cuenta de que soy yo el único que exige sacrificios, y únicamente de mí mismo. Exigir sacrificios es algo tan brutal y tan temible que no puedo aceptar dónde se encuentra dicha exigencia. Y todavía miro hacia atrás con nostalgia cuando recuerdo mi sacrificio.

Mi intuición me dice que la salvación debe estar en algo más incondicional y que tenga menos que ver con mis méritos y mis logros, más con estar vivo independientemente de mis acciones o inacciones, mis actitudes o mis deseos.

Debería ser que la salvación no me pidiera nada que no pudiese dar ahora mismo. Intuyo que la salvación no es algo que se me pueda negar. Yo deseo la salvación, no el dolor de la culpabilidad.

A lo mejor, solo está en mis manos. No puede ser que la salvación sea imposible. Tal vez es tan simple como chasquear los dedos y ya. Tal vez la salvación es inmediata y el camino se alumbra. Tal vez no existen las limitaciones o son solo una ilusión producto de mi imaginación. Tal vez un click, y el tiempo cesa, y en el click solo queda el presente, el instante y la paz.


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