martes, 10 de agosto de 2021

Carta a mi madre

 

Eres milagro, prodigio, grandeza y maravilla

 

Miro a mi madre y veo un milagro que me pertenece a mí,

permíteme no sentir resentimiento contra tí, mamá,

sino ofrecerte el milagro que a ti ya te pertenece,

aunque visto en verdad, esto no hace sino ofrecerme a mí el milagro.

Este resentimiento no es independiente de mi salvación,

sustituyamos nuestros resentimientos por milagros, mamá,

éste es el milagro que sustituye todos mis resentimientos.

Te perdono.

 

Mamá, hoy te has convertido en mi salvadora. Desde hace muchos años debo reconocer que albergo un resentimiento contigo. Ese resentimiento que yo tengo me nubla y no me deja ver el milagro que significa tener una madre preciosa como lo eres tú.

Ya es hora de deshacer esos nubarrones y permitir que permee la luz que hay detrás. Esta es una relación santa, cada vez que en un momento del día hay conexión contigo a nivel divino probamos que tú y yo somos uno y que nada hay que nos pueda separar.

Lo que yo veo en ti no es más que una parte de mí. Lo que yo veo en ti no es sino lo que yo soy. Y si yo te viera como una persona con carencias, no estaría sino reafirmando que yo mismo sería un ser con carencias.

Pero no, tú eres un milagro, tú eres luz, eres un ser infinito que se extiende allá donde va y donde no va. Tú tienes derecho a ser un milagro porque eres hija del Universo y ser hija te concede la participación en el Todo.

Yo te perdono. Te perdono porque en realidad no hay nada que perdonar. Te perdono porque todo fue una equivocación, y porque tú solo diste amor malentendido. Acepto que tú no quisiste tener hijos, que fuiste obligada y que por tanto no te salió el cariño que tus hijos necesitaban. Tus hijos sufrieron la sensación de abandono, pero la Verdad con mayúsculas me dicta que eso no es así, porque eso solo supone aceptar mi propia limitación y mi propia escasez en el terreno del cariño, del amor y del cuidado.

Me he sentido a veces abandonado y rechazado, sin poder confiar en nada ni nadie, implorando más cariño y sensación de conexión con cualquiera que se acercaba a mí.

Siento escasez de amor, y también miedo a perderlo. Por eso, he sido incluso capaz de desamarme a mí mismo, de ningunearme y de aniquilarme con tal de mantener las migajas de amor que cualquiera pueda echar a mis pies. Necesito esas escasas migajas de pan que los demás dejan caer a mis pies.

Yo me siento escaso y te siento escasa a ti. Me da miedo perderte y mucha intranquilidad, desasosiego y mucha tristeza que no quieras verme o hablarme libremente. Pero te entiendo, hoy estoy trabajando la idea de que tú no eres un ser escaso, sino un ser luminoso y perfecto, en perfecta conexión con lo divino. Eres santa. Mi madre es santa.

Los milagros se ven enturbiados por mis resentimientos. El resentimiento hacia ti es el símbolo del resentimiento hacia la mujer en general. Yo no he disfrutado plenamente del amor femenino, lo he a veces utilizado, y solo he sabido disfrutar de ver chispazos de reflejos de él. Turbio, ha sido todo turbio, porque estaba rodeado de nubarrones oscuros dramáticos de resentimiento y rencor, que no me permitían ver nítido.

No siempre me hacías caso, a menudo estabas preparando comidas en la cocina, limpiando la casa o tomando café con tus amigas. Así lo veía tu bebé inexperto con la mente sin construir. Así lo construyó en su cerebro ese niño herido que imploraba una mirada agarrado a tus piernas. Ese niño herido rogaba humildemente por un abrazo amoroso que poco se le fue concedido.

Ese niño se tuvo que construir fantasmas y objetivos alternativos que le sacaran del profundo sufrimiento de no tener una abrazo maternal. Poco se le dio un feedback positivo de algo que hubiera hecho. Cuando cocinaba era un desastre porque te ocasionaba el dolor de tener que limpiar su suciedad detrás de él. Cuando hacía algo, era el sucio hombre incapaz y vago que viviría en la oscuridad.

Ese niño rogaba por un comentario positivo en algún aspecto. Como no lo había en el terreno emocional, lo buscó estudiando mucho y ejecutando los valores de viajar, aprender, hablar idiomas… pero tampoco ahí hubo nunca un aliento de apoyo. Nunca se le dijo que no iba por ahí la vida. Nunca se le dijo claro que siendo así jamás iría a conseguir alabanza sincera. Consiguió muchas pero sin satisfacción plena. Ahí no estaba en puridad su salvación.

A ese niño, mamá, lo educaste en la asunción de que no era querido. De que fue un error de la naturaleza. Le hiciste sentir culpable de existir. El se sintió culpable de existir. El se construyó un mundo falso en el que él era culpable de existir. El desarrolló una realidad percibida demente en la que mucho era hostil y un ataque, porque necesitaba ser suficiente, ser útil, ser digno. Necesitaba demostrar algo.

Ese niño era luz, ese niño era digno por el solo hecho de ser hijo del Universo y por haber sido creado. Ese niño vino al mundo hijo del Universo y solo a través coyunturalmente de tu vientre. No se tenía que ganar su dignidad a base de méritos. Ese niño era santo por haber nacido, solo por haber nacido vivo, y no por estudiar más que los demás, ser más deportista que los demás, hacer su cama o ayudar a poner la mesa.

Qué poco le exigiste a ese niño! simplemente que colocase los tenedores y remetiera las sábanas de su cama.

Tú venías todas las noches a darme un beso antes de dormir. De hecho, no era capaz de conciliar el sueño sin tu beso. Nunca me preguntabas cómo estaba, qué me preocupaba, qué era lo que me causaba desasosiego, de qué tenía miedo, cómo había dormido, qué había soñado. No tenías tiempo, no te importaba demasiado lo que pasase por mi ser humano vivo, más allá de que estuviera bien alimentado y bien planchado.

Ese niño percibía su realidad como traición, hostilidad y ataque constante. Ese niño aprendió a necesitar defenderse cada minuto de su existencia ante todos los leones que constantemente le agredían. Desconfiaba de todo y de todos, todo el tiempo.

Le podrías haber mirado a los ojos en algún momento y haberle dicho: Tú puedes. Tú eres. Tú eres suficiente. Tú eres digno de tu propia existencia. Le podías haber mirado a los ojos.

Tú vivías en un mundo de obligaciones y percibías tu propio mundo como limitante y agobiante. Pero no voy ahora a pensar así, tú elegiste tu propia vida, a tu familia y jugaste tu juego. Y la vida te dio todas las oportunidades de aprendizaje que tú necesitabas.

Y yo tengo la madre que tengo para guiarme a sanar lo que necesito sanar. Tú eres un regalo que la vida que me ha puesto ahí, quizás para que tropiece, pero sobre todo para que avance como consecuencia de tropezar e intentar no caer. Tú me puedes ayudar, aún sin ser consciente, a limpiar mis nubarrones de resentimiento, de forma que se desvele el milagro que esconden.

Que los milagros reemplacen mi resentimiento. No voy ya a elegir el resentimiento sino el milagro. Hay luz detrás de la nube y ahora lo veo claramente. Creo en mi intuición que me guía en el camino. Ya voy viendo la luz. Tengo la visión de lo que es mi vida y se van difuminando mis miedos. Ya no me voy a hacer el ciego. Ahora veo claro y nítido, con absoluta certeza. Tengo alguien en mis espaldas que me ilumina y me guía el camino.

Te temía, te odiaba, te amaba y me hiciste enfadar. Exigente e irritante como eras, yo no era capaz de complacerte.  Ahora te descubro como hija del Universo. Ya no eres mi enemiga, sino mi salvadora. Tienes una función en el plan del Universo y vas a ayudarme en mi camino de la expiación.

En mi percepción, has cometido muchas faltas y me has causado mucho dolor. Ha habido muchos disgustos grandes y pequeños. Pero tu cuerpo es bello, por mucho que lo opaques fumando. Hueles bien. Eres bella y elegante, con esa piel resplandeciente y clara.

Hoy te contemplo como mi salvadora para que me guíes hasta la luz que tú tienes, quiero unirme a ti. En mi mente ahora se muestra la luz que veo en ti. Tú has esperado largo tiempo esto, porque necesitas liberarte y sentirte una conmigo. Esto te va a liberar, aunque no me veas y escuches.

Eres hija del Universo y puedes salvarme. Dejo a un lado mis imágenes oscuras para ver el milagro de amor que eres. Estoy agradecido. De la mano vamos juntos. Voy hacia la luz que tú eres. Eres mi salvación. Mis nubarrones se caen y apareces detrás de ellos como la luz de mi salvación. El milagro reemplaza todos mis resentimientos.

Eres mi luz, mi salvación, voy hacia ti, espérame que voy, te necesito, eres mi expiación, en ti está mi salvación, en ti en tu dignidad de ser humano, de madre que me amamantaste. Voy, aguanta, ten paciencia, que estoy llegando.



No hay comentarios:

Publicar un comentario