Un día necesitas
un objeto y te das cuenta de que es difícil conseguirlo. Si además de ti, lo
necesitasen otras 1000 personas u otro millón de personas, habría alguna
industria que lo fabricaría. Pero no, solo lo necesitas tú y no lo encuentras
ni en una tienda ni online. Nos damos cuenta de que todo el concepto de
industria se ha basado en el pasado en la producción en masa, sobre la creencia
de que fabricando un alto número de objetos bajan radicalmente los precios
unitarios.
Ahí es donde
necesitas una impresora 3D. Sobre un diseño CAD, este dispositivo es capaz de
crear cualquier objeto que necesites en plástico o metal. Aquí lo precios no
bajan radicalmente con la replicación, salvo por el hecho de que el tiempo de
diseño no hay que duplicarlo.
Esto también
ocurre con las especificaciones de calidad. Si necesitas el mismo objeto pero
en otras especificaciones de calidad, las impresoras 3D son también tu
solución.
El futuro de la
empresa tiene que ver con la producción bajo demanda (“on-demand”), minimizando
y optimizando el inventario en los almacenes o en trabajo-en-progreso
(“work-in-progress”), y proporcionando satisfacción en la demanda de forma casi
inmediata.
Este futuro abre
enormes retos relativos a la especificación de los requisitos del cliente, la
traducción de éstos en diseño, la gestión de los derechos de propiedad
intelectual, calidad, retos de manufacturabilidad, de operaciones de
postprocesado, y en general de viabilidad.
La pregunta es,
¿cómo sería un mundo simplificado a “just-press-print”? ¿Cómo se diseña esta
empresa de producción? ¿Cómo se gestionan estas nuevas operaciones y cómo es la
nueva cadena de suministro (“supply chain”)?
Por ejemplo, en el
mercado de los audífonos para discapacitados, muchos seguirán produciéndose en
masa, pero algunos ya empiezan a diseñarse para cada caso físico y
psicológico.
El origen de la
impresión 3D, a partir de ahora, 3DP, es el prototipado rápido. Se utilizaba exclusivamente
para producir prototipos estéticos y funcionales. No contemplaban la
implementación de la producción masiva. Poco a poco vemos una disrupción
importante en la aparición de nuevos modelos de negocio facilitados por esta
nueva tecnología.
La revolución
“RepRap” ocurrió en 2005 tras la desaparición de algunas patentes, y consistió
en la disponibilidad de pequeñas impresoras 3D en el entorno de los 1000 euros.
Es el mundo prosumer, según Toffler. Permite las operaciones sin especialistas
ni demasiados equipos necesarios. La mayoría de estas impresoras caseras
funcionan en FDM (Fused Deposition Modelling), que construyen los modelos con
filamentos plásticos, en lugar de polvo o resinas, permitiendo almacenamiento
seguro en el hogar. Asimismo hay otras sobre la tecnología de estereolitografía,
más útil y fácil. Aunque todas estas impresoras tienen constricciones de
tamaño, calidad y velocidad, los costes son bastante bajos.
Tiendas de
impresión 3D están empezando a aparecer. Operan de forma similar a la impresión
2D basada en papel, lo cual tiene la ventaja de poder interactuar con el productor para negociar su orden. Esto incrementa las
posibilidades de conseguir el producto deseado.
A nivel
industrial, nos movemos hacia el modelo “make-to-order”, integrando la
customización en el proceso de compra. Esto abre la oportunidad al diseño
modular, que mezcla la producción en masa tradicional para la mayoría de los
productos con partes customizadas.
En Internet,
están apareciendo tiendas online que ofrecen este servicio. Algunas son incluso
gestionadas por los propios fabricantes de la máquina (por ejemplo www.materialise.com o www.shapeways.com) Otras forman comunidades online que
aúnan proveedores con clientes. El cliente puede enviar su diseño propio o
seleccionar alguno de los diseños ya puestos a disposición por otros clientes.
En la década del
2020 se habla de producción móvil (“Mobile manufacturing”) cuando desaparece la
necesidad de una ubicación permanente. Los sectores que más valor encuentran en
3DP son construcción, automoción, electrónica, aeroespacial y otros como los
juguetes, juegos y modelismo.
Un escenario es
el sector construcción; la impresora se transporta al punto de uso, normalmente
máquinas enormes de gran peso que pueden imprimir un elemento arquitectónico de
una casa o un puente de una sola pieza.
En el caso de
viajes espaciales, esta modalidad podría usarse para crear hábitats en los
viajes espaciales, usando materiales locales.
La forma más pura
de impresión móvil incorpora el uso de la máquina durante su transporte.
Tradicionalmente, el tiempo de transporte es un tiempo perdido que añade nada
de valor al producto.
El reto es desarrollar tecnología que sea capaz de
producir con precisión mientras está en movimiento; Amazon tiene varias
patentes.
También empezamos
a ver 3DP en la producción de masa de los entornos industriales. Así es posible
introducir una variable de customización en el producto final. Las máquinas
tradicionales presentan un coste muy alto de cambio de producto, pero en una
impresora 3D es solamente cuestión de cambiar el software. Además, estas
impresoras pueden producir elementos muy difíciles con máquinas tradiciones.
Finalmente, se usan
estas impresoras cuando el entorno es hostil. Por ejemplo, en la producción de
repuestos, hay circunstancias que no permiten la espera a la llegada de una
pieza o no se puede prescindir de la máquina. Esto sucede en el mar o en
programas humanitarios, incluso en aplicaciones espaciales. Es probable que la
calidad de los repuestos no sea la misma, pero permite continuar la misión.
En general, esta
tecnología permite disociar el diseño y la manufactura, llevando cada una de
éstas donde esté el conocimiento y la capacidad (el “expertise”), asumiendo que
los datos pueden ser enviados remotamente.
Igualmente, la
industria del automóvil está viviendo un periodo de transición actualmente. Las marcas líderes se ven presionadas a incorporar estas tecnologías en sus cadenas
de suministro para ofrecer mejor respuesta a los requisitos del cliente en un
mercado de fuerte competitividad. Los cambios en la demanda llevan a ciclos de
producto cada vez más cortos e impredecibles.
La impresión 3D en
automoción comenzó a usarse para el desarrollo de prototipos únicos, ahora se
usa más para la producción de elementos funcionales finales en masa, y para la
producción de repuestos. La clasificación ISO 52900 de 2015 define ocho tipos
de 3DP.
Las limitaciones
más importantes de esta tecnología son:
(1) el rango
limitado de materiales para imprimir,
(2) hay
tolerancias que son imposibles,
(3) el tamaño de
la cámara de producción.
Aunque la
aplicación comercial en este sector es una realidad, hay barreras importantes
para la adopción: falta de comprensión de los procesos por parte de los
empleados, baja productividad de las máquinas, costes altos de capital y baja
eficiencia energética.
A esto hay que
añadir el tiempo de producción, la baja consistencia, y la limitada oferta de herramientas
de software y diseño. Todavía no hay estándares globales.
Otra preocupación
importante es la relativa a derechos de propiedad intelectual, es decir, el
establecimiento de reglas transparentes y universales, marcos legales y métodos
para gobernar la propiedad y la compartición entre los socios de una misma
cadena de valor y proveedores terceros. También es crucial un modelo de
transferencia de riesgos o un acuerdo de compartición de riesgo en caso de
fallo. Estos elementos son necesarios para generar la confianza y disminuir el
riesgo de copias falsas no oficiales en el mercado.
En términos de
calidad, precisión y tolerancias, por ejemplo relacionado con robustez o
conductividad eléctrica o térmica, el producto no está a la altura. Es posible
que los productos de metal tengan mayor calidad que los polímeros o de plástico,
pero todos deben continuar otros tratamientos en el proceso hasta la calidad
esperada.
La producción de repuestos
supone dos retos diferentes. Uno, la demanda de repuestos sigue una
distribución estocástica, y la tecnología va madurando para poder predecir el
fallo y diseñar el mantenimiento predictivo. Aunque algunos fallos son
predecibles por el análisis de series históricas, no siempre es así y hay que
gestionar las situaciones estocásticas. Tradicionalmente, el modelo más simple
es crear inventario de los repuestos más habituales cerca de la máquina, es el modelo
más simple pero más caro.
Dos, relacionado
con el ciclo de vida, es la provisión de servicios de mantenimiento a
generaciones anteriores de un producto. Por ejemplo, una marca de autobuses
puede empezar a producir motores eléctricos, pero las próximas décadas tiene
que seguir ofreciendo piezas para los motores antiguos.
Son pioneros BMW,
Volkswagen, Daimler AG y Deutsche Bahn. Con la producción digital, los diseños
pueden estar en la nube, el software puede incluir técnicas más sofisticadas de
predicción como inteligencia artificial o big data, y las impresoras pueden
estar cerca de donde se usan las máquinas.
El mercado de los
juguetes y los juegos está también en disrupción, sobre todo miniaturas,
objetos artísticos como hobbies. Un ejemplo son los trenes a escala de
colección, réplicas de modelos existentes.
En resumen, 3DP
trae la domesticación de las cadenas de suministro en el futuro. Es posible
ofrecer productos muy customizados a costes razonables, poco a poco es el
cliente quien dicta. Se llama producción aditiva, porque supone construir materiales
capa a capa en lugar de sustraer material a un bloque. Esto trae eficiencias y
flexibilidad para la Industria 4.0 inteligente.
Además del
movimiento al cliente-centrismo, la tecnología 3DP lleva a la economía
circular. Es posible reciclar el desperdicio de las empresas de manufactura a
materias primas para la impresión 3D. Por otro lado, la mayoría de los metales
y plásticos que usan estas impresoras pueden ser reciclados. Además, la
provisión de repuestos para reparación de bienes de consumo disminuye la
necesidad de tirar productos defectuosos y comprar nuevos sustitutivos.

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